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coherencia | debate |

primavera en el norte

¿Aprenderá alguna vez el FMI? Una crítica a la brecha entre teoría y práctica

La discusión cobra especial relevancia en el marco de las recientes reuniones de primavera del organismo, donde confluyen críticas desde distintos frentes.

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En un contexto global marcado por la incertidumbre económica y el creciente cuestionamiento a los organismos multilaterales, el artículo “¿Aprenderá alguna vez el FMI?” del analista Timothy Kaldas publicado en Proyect Syndicate vuelve a poner en el centro del debate el rol del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la coherencia —o falta de ella— entre sus diagnósticos y sus políticas.

La discusión cobra especial relevancia en el marco de las recientes reuniones de primavera del organismo, donde confluyen críticas desde distintos frentes. Por un lado, sectores progresistas señalan que los programas del FMI continúan promoviendo políticas de austeridad que profundizan la desigualdad, afectan el crecimiento y dificultan la sostenibilidad de la deuda. Por otro, voces más conservadoras, como las asociadas al entorno del presidente estadounidense Donald Trump, cuestionan que el organismo se haya alejado de su mandato original, expandiendo su agenda más allá de la estabilidad macroeconómica.

Sin embargo, más allá de estas tensiones ideológicas, el punto central del artículo es otro: el propio FMI ha producido evidencia que contradice algunas de sus prácticas más persistentes, pero no ha logrado traducir ese conocimiento en cambios concretos en sus programas.

Uno de los ejemplos más claros es el debate sobre la austeridad. Ya en 2016, investigaciones internas del Fondo demostraron que los recortes del gasto público en contextos de crisis pueden agravar la desigualdad y debilitar el crecimiento económico. Este efecto se explica, en parte, por los llamados “multiplicadores fiscales”: cada dólar invertido en políticas sociales puede generar un impacto significativamente mayor en la actividad económica, mientras que los recortes tienen el efecto inverso.

A pesar de esta evidencia —reforzada también por estudios del Banco Mundial—, los programas del FMI siguen basándose en esquemas de ajuste fiscal. El resultado, según Kaldas, es predecible: el crecimiento económico suele ubicarse por debajo de las proyecciones del propio organismo, lo que termina comprometiendo la sostenibilidad de la deuda y obligando a nuevos ciclos de financiamiento.

El problema no es solo técnico, sino también político. Una amplia mayoría de los jefes de misión del FMI reconoce que los principales obstáculos para implementar sus recomendaciones son de naturaleza política. Sin embargo, la institución continúa privilegiando perfiles exclusivamente económicos, sin incorporar de forma suficiente el análisis político ni el conocimiento específico de cada país.

Frente a este escenario, el artículo plantea una necesidad urgente: que el FMI alinee sus programas con su propia evidencia. Esto implica diseñar estrategias adaptadas a cada contexto, priorizar el crecimiento inclusivo, fortalecer la inversión pública en protección social y avanzar hacia sistemas tributarios más progresivos.

La actual Revisión Decenal del Diseño y la Condicionalidad de los Programas del FMI aparece, en este sentido, como una oportunidad clave. Para Kaldas, el organismo tiene hoy la posibilidad de abandonar enfoques obsoletos y avanzar hacia políticas más efectivas, basadas en evidencia y con mayor sensibilidad política.

En un mundo cada vez más volátil, la pregunta que da título al artículo sigue abierta: ¿será capaz el FMI de aprender de sus propios diagnósticos y adaptar su accionar, o continuará repitiendo un modelo que la evidencia ya ha puesto en duda?