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Editorial

Autointerpelación para el enchastre

Por Leandro Grille.

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Caras y Caretas Diario

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El gobierno no tiene agenda de políticas públicas, no tiene obras para inaugurar ni programas propios en ningún ámbito del Estado, salvo la aplicación sistemática de la motosierra, y no tiene agenda parlamentaria original, porque se agotó con la Ley de Urgente Consideración y porque la agenda que le queda no se atreve a tratarla antes del referéndum,  como la reforma de la seguridad social que buscará extender la edad para jubilarse y diluir el monto de las jubilaciones con nuevos procedimientos de cálculo.  En este momento casi toda la actividad parlamentaria se concentra en la persecución, en una campaña política de denuesto de los gobiernos progresistas, mientras afuera se organizan para defender la Ley de Urgente Consideración sin ingresar en el análisis de las normas, apenas con consignas liberales y desprecio de los argumentos políticos de las 800.000 personas que firmaron la impugnación, a las que acusan genéricamente de querer poner palos en la rueda con base en mentiras.

Pero este miércoles se alcanzó algo insólito: la bancada de gobierno decidió interpelar a un ministro propio, para que tanto miembro interpelante como ministro exhiban todos sus acuerdos durante horas en un montaje para la prensa. Por lo que sé, no hay antecedentes. Había pasado sí que legisladores, más o menos díscolos, interpelaran a ministros de gobierno cuya bancada conformaban, como el caso del diputado Eduardo Lust en esta misma legislatura. Pero esta autointerpelación de Gandini al ministro de Industria por el tema Antel Arena es un hallazgo. Una jugarreta que sería digna de cierto reconocimiento por su ingeniosidad, sino entrañara una deshonestidad de base, porque es obvio que va a ser una puesta en escena en la que el interpelante fingirá tener interrogantes genuinas y el interpelado fingirá responderlas en tiempo real, cuando en realidad todo se ajusta a un guion para cargarle responsabilidades a un tercero que no estará siquiera presente, ni puede defenderse, y tanto interpelante como interpelados probablemente vayan a preparar juntos la interpelación.

Ahora bien, más allá de la manganeta, es ilustrativo el asunto que la motiva: hacer escombros políticos -ya les gustaría hacerlos físicos, si no se lo pueden malvender a los competidores- con el Antel Arena. Todo este gobierno, en lo que no tiene que ver con el ajuste, se ha tratado básicamente de debilitar al Estado para favorecer a los privados. Y cuando se cuestionan las inversiones intentadas o concretadas por las empresas públicas en períodos del Frente Amplio se persiguen tres objetivos simultáneamente: perjudicar a la empresa pública hoy, sembrar sospechas hacia atrás para perseguir adversarios políticos y, finalmente,  disciplinar hacia adelante: quieren que quede claro que a toda inversión pública que se haga en el futuro, sobre todo si fortalece las capacidades del Estado o democratiza ámbitos de la sociedad y la vida, van a atribuirle corrupción y la van a acusar de impertinente y mal hecha. Porque, en última instancia, no hay que olvidar que la derecha neoliberal, la que nos gobierna, expresa los intereses de una casta que mira al Estado como un enemigo que le impone reglas, que le cobra impuestos y que le compite. Ellos odian al Estado al que solo le reconocen una función legítima: proteger sus intereses. Porque eso es lo único que quieren de él:  protección, policial, judicial, la que sea. Pero para ellos, sus familias y sus cosas. El resto que reviente. Si es por ellos, no usan servicios públicos de ningún otro tipo y cualquier plata que el Estado invierta en política sociales es plata que consideran que les sacan a ellos para dárselas a los pobres, a los que, como se sabe, los sectores dominantes, en general, odian.

La jugada de Gandini es de poco nivel, aunque cuente con el beneficio del factor sorpresa. De hecho, es probable que la bancada del Frente Amplio no sepa muy bien cómo neutralizar una cosa así, tan por fuera de lo habitual, en donde cabe esperar que durante dos horas se pasen la palabra dos miembros del oficialismo que, en lugar de ser intepelante e interpelado, cumplan la función de hacer una interpelación a dos voces y retroactiva a una jerarca que no está ahí, de un gobierno que ya pasó. Y lo harán, por supuesto, con un reguero de cámaras que les garantice cobertura, amplificación, estado público, a la fantochada. Pero es de poca calidad, como es de poca calidad la comisión investigadora promovida por Germán Cardoso para diluir la investigación a sí mismo. Son jugarretas de personas sin escrúpulos, capaces de cualquier cosa, pero que a la mirada de la gente caen mal, porque la gente no les cree. La sociedad uruguaya no cree en la persecución y si siguen utilizando la persecución y la diatriba sospechosa que no prospera más allá de la tapa de los diarios y la pantalla de la televisión, al final a la gente la van a inmunizar con tanta denuncia y va a terminar no creyéndoles nada. El referéndum va a ser muy ilustrativo.

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