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Columnas de opinión | Massa | Milei | Argentina

Reconfiguración

Massa-Milei: Argentina ante un balotaje histórico

Tras la sorpresiva victoria de Massa en primera vuelta con casi 7 puntos de diferencia sobre Milei, comenzó la campaña para el 19 de noviembre.

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La victoria de Massa en la primera vuelta desconcertó a las filas opositoras, tanto a Milei como a Bullrich. El libertario busca ahora sumar alianzas mientras la coalición Juntos por el Cambio se divide en torno a quién apoyar.

La sorpresa el 22 de octubre en la noche fue visible en todos los campos políticos. Los canales de televisión opositores dieron, con signos de incomprensión, el resultado de Sergio Massa a la cabeza de la primera vuelta presidencial con 36.7 % de los votos, seguido de Javier Milei con 30 % y Patricia Bullrich con 23.8 %. La contracara fue en ese mismo momento el festejo en el búnker de campaña de Unión por la Patria (UP) con el habitual despliegue de bombos y banderas.

El desconcierto no vino porque Massa y Milei llegaran a segunda vuelta, algo que anticipaban numerosas encuestadoras, sino por el orden y la distancia entre ambos: casi 7 puntos. Un resultado al que se agregó el descenso de Juntos por el Cambio (JxC), con Bullrich a la cabeza, respecto a las primarias, en lo que fue el desenlace de una errada campaña antikirchnerista con ribetes bukelistas.

Comenzaron desde esa misma noche, y como era predecible, los discursos de reposicionamiento político de cara a la segunda vuelta del 19 de noviembre. JxC con evidente rostro de derrota -con Mauricio Macri desde el escenario- inició lo que es su proceso de crisis interna respecto a cómo posicionarse respecto al balotaje, tironeado por los mensajes de Milei y Massa respectivamente.

Quedan ahora menos de cuatro semanas para una elección en la cual estarán cara a cara dos propuestas con consecuencias radicalmente diferentes para Argentina.

El peronismo que nunca muere

Era habitual antes de las urnas referirse a los evidentes problemas económicos del país, con su respectivo correlato en la competitividad electoral de Massa. Más de 25 % de inflación desde agosto hasta las elecciones, el dólar paralelo tocando la barrera simbólica de los mil pesos, 40 % de pobreza, elementos que afectaban negativamente al candidato y ministro de esa economía.

Sin embargo, durante las semanas entre las primarias y la primera vuelta ocurrieron algunos elementos que inclinaron la balanza a favor del candidato de UP. Uno de ellos fue lo que podría calificarse como reacción del peronismo ante la amenaza de una victoria de Milei y, en menor medida, de Bullrich, lo que llevó a todo el despliegue de su potencia territorial con gobernadores, intendentes, movimientos, sindicatos o unidades básicas.

Otro elemento fue una efectiva campaña de miedo, alimentada en primer lugar por el propio Milei, que llevó a una ampliación de voces alertando sobre un peligro de su mandato: feminismos, ambientalistas, militancia silvestre y hasta el Papa Francisco, que lo calificó como “payaso de mesianismo” días antes de las urnas.

También tuvieron efecto las medidas económicas tomadas por Massa antes de la primera vuelta, así como el resultado del gobernador Axel Kicillof en la determinante Provincia de Buenos Aires, donde fue reelecto con el 44.9 % de los votos. Massa logró sumar casi tres millones de votos nuevos, atrayendo a la mayoría del 8 % más de votantes que se sumaron a la primera vuelta respecto de las primarias.

Almorzar la cena

La derecha dio por asegurada la derrota del peronismo durante meses. Ganarle parecía casi reducido a un trámite electoral, confiando en que los males económicos y políticos del gobierno terminarían inevitablemente por llevarlo a su derrota. Ese exceso de confianza comenzó a resquebrajarse cuando quedaron expuestas las limitaciones de Bullrich: dificultad de oratoria, de manejo de economía, a la vez que una campaña cada vez más a la derecha en tensión con Milei.

El resultado de la candidata halcón de JxC en las urnas fue un retroceso respecto a las primarias: Bullrich logró menos votos que los que había alcanzado sumando los suyos y los de Horacio Rodríguez Larreta, quien le disputaba entonces el lugar de candidato. Una derrota mayor.

Milei, por su parte, quien era dado por muchos como casi inevitable ganador de la primera vuelta contra Massa, se encontró ante un techo de crecimiento. El candidato de La Libertad Avanza (LLA), quien había realizado un masivo acto de cierre de campaña días antes de las elecciones, creció únicamente en medio millón de votos: su potencia comunicacional no tuvo el correlato en las urnas.

El resultado para Milei fue la constatación del límite de la estrategia que lo llevó a la continua radicalización en sus propuestas durante su campaña. El candidato cometió a su vez otro error durante esas semanas que ahora busca remediar: atacar frontalmente, hasta los insultos, a quienes necesita sumar a su campaña de segunda vuelta contra Massa.

Las reconfiguraciones de los espacios políticos

JxC entró en una crisis a cielo abierto luego de su derrota electoral en vista del desacuerdo interno acerca de qué hacer. Mientras el sector cercano a Macri y Bullrich se inclina por apoyar a Milei, otra parte, en particular de la Unión Cívica Radical (UCR), parece acercarse a Massa, quien los convocó abiertamente la noche de la primera vuelta.

Es probable que termine por ocurrir una ruptura de la coalición de JxC, con lo que podría también influir en su bancada de 94 diputados y 24 senadores, llevando allí a otra división para beneficio del peronismo que obtuvo 107 legisladores y 35 senadores. LLA obtuvo, por su parte, 38 diputados y 8 senadores.

El peronismo, con Massa a la cabeza, también anuncia una reconfiguración. El candidato presidencial repite en cada entrevista que conformará un “gobierno de unidad nacional” en caso de ser electo presidente, es decir, sumando a actores que están hoy en otro campo político, como la UCR y tal vez peronistas que anidan en JxC y difícilmente voten por Milei.

El resultado del 19 de noviembre no está aún definido y, como enseñó JxC, almorzar la cena suele ser un error. Las semanas de campaña serán determinantes para la votación final que dirá quién será el nuevo presidente de Argentina a partir del 10 de diciembre, cuando se cumplan, a su vez, 40 años de democracia.

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