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desde la teja

Cuando una refinería vale oro: el nuevo escenario energético mundial vuelve a poner en valor papel de ANCAP

El mercado energético internacional atraviesa un fenómeno poco habitual: el precio del crudo se ha moderado, pero los combustibles refinados cotizan altos.

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Durante décadas, el precio internacional del petróleo fue el principal indicador utilizado para explicar la evolución del costo de los combustibles. Cuando el barril subía, se esperaba que la gasolina y el diésel también lo hicieran; cuando bajaba, el alivio debía llegar a los surtidores. Sin embargo, esa relación histórica comenzó a romperse.

Hoy el mercado energético internacional atraviesa un fenómeno poco habitual pero tampoco nuevo, ya ha pasado: el precio del petróleo crudo se ha moderado, pero los combustibles refinados continúan cotizando a niveles muy elevados. Detrás de esta aparente contradicción se encuentra un concepto poco conocido fuera del mundo energético, pero de enorme importancia económica: el margen de refinación, conocido internacionalmente como crack spread.

Y es precisamente este nuevo escenario el que vuelve a poner sobre la mesa un debate que Uruguay ha tenido durante décadas el valor estratégico tiene disponer de una refinería propia.

El petróleo ya no explica todo ya que el petróleo crudo es apenas la materia prima. Para transformarse en gasolina, gasoil, combustible de aviación o fuel oil debe atravesar un complejo proceso industrial que solo puede realizarse en una refinería. Tradicionalmente existía una fuerte correlación entre el precio del crudo y el valor de los combustibles refinados. Pero esa relación comenzó a modificarse.

Mientras el barril Brent y el WTI descendieron desde los máximos registrados durante los conflictos en Medio Oriente hasta niveles próximos a los 70-85 dólares por barril, los precios internacionales de la gasolina y del diésel permanecieron considerablemente más elevados. La Agencia Internacional de Energía y diversos analistas del mercado energético han señalado que los márgenes de refinación continúan ubicándose muy por encima de sus promedios históricos.

Importa entender el concepto de Crack spread. Para entender este fenómeno es necesario conocer cómo funciona una refinería. Uno de los indicadores más utilizados por la industria es el denominado crack spread 3-2-1. Su lógica es sencilla. A partir de tres barriles de petróleo crudo, una refinería obtiene aproximadamente dos barriles de gasolina y uno de diésel. La diferencia entre el valor de esos combustibles y el costo del petróleo constituye el margen bruto de refinación. Cuando ese margen aumenta, las refinerías incrementan significativamente su rentabilidad. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo. Hoy el problema no es la escasez de petróleo, sino la disponibilidad de combustibles refinados.

Si vamos a entender porque existen estas diferencias. Las causas son múltiples y tienen un fuerte componente geopolítico. Los ataques a infraestructura energética, las restricciones a las exportaciones de diésel desde Rusia, las tensiones en Oriente Medio y la incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz han reducido la disponibilidad internacional de combustibles ya procesados. A ello se suman inventarios históricamente bajos en Estados Unidos y Europa y una demanda que continúa creciendo, especialmente durante los meses de mayor movilidad. En consecuencia, aunque el petróleo haya bajado, refinarlo se ha vuelto mucho más valioso.

La importancia de tener una refinería es clara y para Uruguay, este escenario adquiere una dimensión estratégica. En un país que importa petróleo pero cuenta con capacidad propia de refinación, disponer de una instalación como la Refinería La Teja de ANCAP significa mucho más que producir combustibles. Significa contar con una herramienta de soberanía energética. Mientras numerosos países dependen exclusivamente de combustibles refinados importados y deben pagar los elevados márgenes internacionales, Uruguay conserva la posibilidad de importar petróleo, procesarlo localmente y administrar parte de esa cadena de valor.

En un contexto internacional estable esta diferencia puede pasar relativamente desapercibida. En momentos de crisis, adquiere una importancia enorme. No es la primera vez ya que la historia energética demuestra que las refinerías se transforman en activos estratégicos precisamente cuando aparecen las grandes disrupciones internacionales. Durante la pandemia, la guerra en Ucrania y ahora con las nuevas tensiones geopolíticas, quedó demostrado que el verdadero cuello de botella no siempre es la producción de petróleo. Muchas veces el problema reside en la capacidad de transformarlo en combustibles. Por eso numerosos países comenzaron nuevamente a discutir sus políticas de refinación y almacenamiento estratégico.

Un activo de soberanía total. Durante muchos años existieron propuestas orientadas a modificar profundamente el modelo de refinación uruguayo, reduciendo o incluso eliminando la actividad industrial de ANCAP para sustituirla por un esquema basado exclusivamente en la importación de combustibles terminados. El argumento principal era económico: si otros países refinaban a menor costo, Uruguay podría simplemente comprar el producto final. Sin embargo, la realidad internacional ha mostrado que el precio del combustible no depende únicamente del petróleo. También depende de la disponibilidad de capacidad de refinación. Cuando esa capacidad escasea, quienes poseen refinerías cuentan con una ventaja estratégica considerable.

Más que una discusión empresarial. El debate sobre la refinería no debería reducirse únicamente a la rentabilidad de una empresa pública. Está vinculado con cuestiones mucho más amplias como la Seguridad energética, la Capacidad industrial, la Continuidad del abastecimiento, la Resiliencia frente a crisis internacionales, y estabilidad de costos para sectores fundamentales como el transporte, la producción agropecuaria y la logística. En un mundo cada vez más expuesto a conflictos geopolíticos, disponer de infraestructura crítica deja de ser únicamente una cuestión empresarial para convertirse en un componente central de la política económica y de la seguridad nacional.

La nueva geopolítica de la energía ya que los conflictos recientes han vuelto a demostrar que la energía continúa siendo uno de los principales factores de poder internacional. Las rutas marítimas, los oleoductos, las terminales de exportación y las refinerías forman parte de una infraestructura estratégica cuya interrupción puede alterar rápidamente los precios mundiales. Por eso el mercado ya no observa únicamente el precio del barril. También sigue con atención los márgenes de refinación, los inventarios de combustibles y la capacidad instalada para procesar petróleo.

Una lección para Uruguay que debería quedar claro pero que existe un modelo político neoliberal que ha querido imponer como que el Estado y la refinería es un problema, cuando es todo lo contrario. Además, la discusión sobre el futuro energético del país probablemente deba incorporar estas nuevas realidades. La transición hacia energías renovables continuará avanzando y el uso de combustibles fósiles tenderá a disminuir en el largo plazo. Pero durante varias décadas más, el petróleo seguirá siendo un insumo esencial para el transporte, la producción y la logística. En ese contexto, contar con una refinería propia no representa únicamente una capacidad industrial. Representa una herramienta para gestionar mejor la incertidumbre. Porque cuando el mercado internacional funciona con normalidad, la refinación puede parecer un activo más.

Pero cuando las tensiones geopolíticas alteran la disponibilidad mundial de combustibles, tener una refinería deja de ser simplemente una ventaja económica para convertirse en un activo estratégico de soberanía energética. Y la historia reciente vuelve a demostrar que, en materia de energía, las capacidades que parecen prescindibles en tiempos de estabilidad suelen ser las más valiosas cuando aparecen las crisis.