Sin embargo, el propio contexto histórico no le haría las cosas fáciles al escritor. Durante 1941 y 1942 Stalin haría una alianza con Gran Bretaña, lo que hacía particularmente sensible la publicación de un texto de un carácter tan crítico para con un nuevo aliado estratégico. A pesar de eso, Orwell intentó durante mucho tiempo encontrar una editorial que accediera a publicar el texto, aunque se encontró únicamente con varias negativas, motivadas también por un informe oficial que alertaba a los editores sobre las consecuencias negativas que podía tener el libro en la relación entre los dos países. Abatido, Orwell se propuso editarla él mismo, hasta que una editorial por fin accedió a publicarlo en agosto de 1945, un mes antes del final de la Segunda guerra mundial. El lanzamiento fue discreto, pero sirvió para encender la mecha de un incendio que no se apagaría pronto: más allá de algunos intentos por esconder el libro, poco a poco fue ganando fuerza entre disidentes a Stalin, quienes comenzaron a difundir el libro en sus respectivas lenguas, ganando una reputación internacional que terminó convirtiendo al libro en un enorme éxito y a su autor en una figura universalmente conocida.
Cine y algo más...
Años después de su publicación, el libro encontró, inesperadamente, un difusor insólito: la CIA. La agencia de inteligencia estadounidense encontró en la fábula animal una excelente oportunidad para transmitir el mensaje antisoviético a los niños y sus familias durante las primeras épocas de la Guerra Fría, y financió la primera adaptación del libro a la pantalla grande, una película animada del mismo nombre que se estrenó en 1954 y se usó como propaganda en contra del comunismo: a fin de dejar bien clara la idea, el final fue cambiado para mostrar la muerte de Napoleón, desplazando así a la lúgubre resolución del relato original que llamaba a la reflexión sin necesidad de caer en ese tipo de obviedades. Orwell, quien falleció tempranamente en 1950, nunca estuvo de acuerdo con el uso ideológico que Estados Unidos le dio al libro, reflexionó en algún momento que "quería que la moraleja fuera que las revoluciones solo logran una mejora radical cuando las masas están alerta y saben cómo echar a sus líderes tan pronto como estos hayan hecho su trabajo. La vuelta de tuerca en el libro es que los cerdos regresan por completo al capitalismo. El destino de los cerdos y los hombres es idéntico."
Esa declaración, junto al paso del tiempo y los diferentes regímenes totalitarios que se han vivido en diferentes partes del mundo, otorgan un carácter universal a la obra que hoy, más que hablar específicamente de un momento determinado, parece ser un texto que resuena con mucha pertinencia. Es la tarea de todos nosotros detectar e impedir los autoritarismos, sean de la ideología que sean; Orwell dedicó su vida a eso, y es el motivo por el que siempre vuelve al foco de atención, también en la pantalla grande.