La discusión sobre las reglas fiscales y el equilibrio entre disciplina presupuestaria y crecimiento económico ha vuelto al centro del debate internacional. Un reciente estudio sobre las nuevas reglas fiscales de la Unión Europea cuestiona uno de los pilares de la política económica de las últimas décadas: la idea de que reducir el déficit y la deuda mediante restricciones al gasto constituye siempre el camino más seguro hacia la sostenibilidad fiscal.
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Tomando como caso de estudio a Italia, los autores sostienen que una política fiscal excesivamente restrictiva puede terminar produciendo el efecto contrario al buscado. Si el ajuste reduce el crecimiento económico, el propio denominador sobre el cual se calcula la relación deuda/PIB se debilita, dificultando la reducción de esa relación e incluso incrementándola. El documento plantea que las recesiones dejan efectos permanentes sobre la capacidad productiva de las economías y que, en determinados contextos, una política orientada al crecimiento y al empleo puede mejorar también los indicadores fiscales en el mediano plazo.
Aunque Uruguay presenta una realidad muy distinta a la italiana, el trabajo aporta elementos que resultan especialmente relevantes para analizar la coyuntura económica nacional.
Uruguay enfrenta un desafío diferente, pero no ajeno
La economía uruguaya atraviesa un período de crecimiento moderado. Las proyecciones para 2026 se ubican en torno al 1,3%-1,6%, un nivel positivo pero insuficiente para acelerar significativamente la generación de empleo, mejorar los ingresos reales y aumentar el potencial de crecimiento del país.
Al mismo tiempo, el Gobierno enfrenta el desafío de consolidar las cuentas públicas, mantener la credibilidad fiscal y preservar el grado inversor, elementos que constituyen activos fundamentales de la economía uruguaya.
Sin embargo, el estudio europeo invita a plantear una pregunta relevante: ¿es suficiente concentrarse únicamente en las metas fiscales o resulta igualmente importante preguntarse cuál es la velocidad de crecimiento que necesita la economía para sostener esas mismas metas?
En economías pequeñas y abiertas como la uruguaya, el crecimiento no depende exclusivamente del gasto público. Factores como la demanda externa, los precios internacionales, el tipo de cambio, la inversión privada y la confianza juegan un papel determinante. No obstante, la política pública sigue siendo un instrumento clave para impulsar la productividad y ampliar la capacidad de crecimiento de largo plazo.
Crecer también fortalece las cuentas públicas
Uno de los principales aportes del estudio consiste en recordar que la sostenibilidad fiscal no depende únicamente del nivel de gasto o del déficit, sino también del crecimiento del producto. Una economía que crece más genera mayores ingresos tributarios, reduce la presión relativa del gasto social, mejora el mercado laboral y facilita la estabilización de la deuda pública. Desde esa perspectiva, la consolidación fiscal no debería analizarse aislada del crecimiento económico.
Para Uruguay, esto implica que las políticas destinadas a mejorar la competitividad, aumentar la inversión, impulsar las exportaciones, fortalecer la infraestructura, promover la innovación y elevar la productividad no constituyen únicamente políticas de desarrollo; también son instrumentos que contribuyen a la sostenibilidad de las finanzas públicas.
La calidad del gasto importa tanto como su magnitud
El debate tampoco debería reducirse a una falsa dicotomía entre gastar más o gastar menos. La verdadera discusión pasa por la calidad del gasto. En un contexto de restricciones presupuestarias, el desafío consiste en reasignar recursos hacia aquellas políticas con mayor capacidad para generar crecimiento futuro. La inversión en infraestructura, logística, tecnología, innovación, formación de capital humano, digitalización del Estado y sectores estratégicos puede producir retornos económicos superiores a su costo inicial.
En el caso uruguayo, áreas como la infraestructura logística, la transformación digital, la promoción de inversiones, el turismo, la economía del conocimiento y la transición energética representan espacios donde el gasto público puede actuar como catalizador de inversión privada y aumento de la productividad.
El turismo como ejemplo
El caso del turismo resulta ilustrativo. Lejos de representar únicamente un gasto, las políticas de promoción internacional, inteligencia turística, conectividad aérea, digitalización de servicios y fortalecimiento institucional pueden traducirse en mayores ingresos de divisas, incremento del empleo y expansión de la actividad económica.
Cada visitante adicional no solo beneficia al sector turístico; también aumenta la recaudación tributaria, dinamiza el comercio, el transporte, la gastronomía y numerosos servicios asociados.
En esa lógica, determinadas inversiones públicas pueden entenderse como políticas de crecimiento con efectos fiscales positivos en el mediano plazo.
Un debate que también alcanza a Uruguay
El estudio europeo no propone abandonar la responsabilidad fiscal ni desconocer la importancia de mantener niveles sostenibles de deuda pública. Su principal planteo es que las reglas fiscales no deberían transformarse en un objetivo en sí mismo, sino en un instrumento al servicio del desarrollo económico y social.
Para Uruguay, la discusión adquiere características propias. El país cuenta con instituciones fiscales sólidas, acceso al financiamiento internacional y una trayectoria de prudencia macroeconómica que constituye una fortaleza. Sin embargo, también enfrenta el desafío de romper una tendencia de crecimiento moderado que limita la creación de empleo de calidad y el aumento del ingreso de los hogares.
La experiencia internacional muestra que la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin políticas orientadas a elevar la productividad y el crecimiento potencial, incluso las economías más ordenadas pueden quedar atrapadas en un escenario de bajo dinamismo.
El desafío es encontrar el equilibrio
El principal aprendizaje que deja este debate es que crecimiento y responsabilidad fiscal no deberían plantearse como objetivos contrapuestos.
Una política económica moderna debe procurar simultáneamente preservar la estabilidad macroeconómica y crear condiciones para un mayor crecimiento.
En definitiva, la pregunta no es únicamente cuánto déficit o cuánta deuda puede soportar una economía. La pregunta más importante es cuánto puede crecer. Porque, en última instancia, una economía que crece de forma sostenida no solo mejora el bienestar de la población, sino que también fortalece la sostenibilidad de las cuentas públicas y amplía el margen de acción de las políticas económicas futuras.