En un mundo en donde cada año mueren 8 millones de personas a causa del tabaco, la industria tabacalera (IT) despliega todas sus estrategias para captar nuevos consumidores que sustituyan a los que mueren a causa de sus productos. Los documentos internos de IT evidencian que, durante décadas, ha empleado deliberadamente tácticas agresivas y con buenos recursos para lograr este objetivo.
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Según la OMS «Los fabricantes de tabaco y sus aliados en la industria de los cigarrillos electrónicos y otras relacionadas, gastan alrededor de 9.000 millones de dólares anualmente en agresivas tácticas de mercadotecnia, muchas de ellas específicamente dirigidas a los niños y jóvenes. Los jóvenes son un segmento de mercado importante para la industria, ya que los estudios muestran que 9 de cada 10 fumadores empiezan antes de cumplir 18 años.
A nivel mundial, más de 40 millones de jóvenes entre 13 y 15 años ya han comenzado a consumir tabaco». En este contexto, trabajar para que los jóvenes dejen de fumar o no se inicien en el consumo es fundamental.
En el país
Uruguay logró, en los últimos 16 años, reducir la prevalencia del tabaquismo, de un 33 a un 20 %, aproximadamente. La disminución de la manipulación de la industria tabacalera respecto a los jóvenes ha sido drástica y ha pasado de un 32 %, en 2003, a un 10 %, en la actualidad.
Justamente la experiencia uruguaya con respecto a la política antitabaco demostró efectos positivos, las cifras de mortalidad y morbilidad de Uruguay muestran con evidencias tangibles, que las políticas públicas para el control del tabaquismo reducen la mortalidad prematura por enfermedades cardiovasculares.
Se trata de una política de salud pública que debe continuar porque existen nuevas estrategias de mercadeo de productos, como el tabaco en vapor, pipas de agua con nicotina y otros aditivos altamente tóxicos.
Entre las medidas para desestimular el consumo se encuentran el incremento de precios e impuestos a estos productos.