Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Editorial

Educando a Luis

Por Enrique Ortega Salinas.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Cumbres borrascosas

En la película La cordillera, el genial Ricardo Darín protagoniza a un presidente argentino de apellido Blanco (ni que el guionista supiera lo que pasaría pocos años después y hubiera dado rienda suelta a su mordacidad) que asiste, por primera vez, a una cumbre internacional. Los mandatarios se reúnen en el lado chileno de la fascinante Cordillera de los Andes. Los planes iniciales de la cumbre se ven trastocados cuando el secretario de Estado norteamericano (Christian Slater) soborna a varios de los participantes, ofreciéndoles miles de millones de dólares para que voten lo que desea su país. “Nosotros inventamos este juego”, dice en cierto momento el estadounidense.

El 13 de setiembre de 2021, faltando pocos días para la cumbre de la Celac, el presidente del BID, Mauricio Claver-Carone, visitó al presidente de Paraguay y el 15 al de Uruguay. Previamente, en mayo, había visitado al presidente derechista de Ecuador, Guillermo Lasso. Casualmente, a los tres les prometió miles de millones de dólares. Casualmente, el presidente blanco de Uruguay asistió a su primera cumbre. Casualmente, fueron estos tres presidentes los que impidieron que avanzara la desarticulación de la OEA y la emprendieron contra tres gobiernos de izquierda.

Mauricio Claver-Carone, emergente del gusanal de Miami, se desempeñó como director senior del Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca, asesor senior en el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y lobbista y director ejecutivo en el FMI por Estados Unidos. También fue director ejecutivo de Cuba Democracy Advocates, organización antirrevolucionaria cubana, y asistente adjunto del presidente Donald Trump, siendo reconocido por crear la campaña de máxima presión norteamericana contra el gobierno de Venezuela.

Que cada lector saque sus propias conclusiones.

 

Rugido de ratón

Hasta marzo de 2019, Uruguay era un referente mundial en casi todos los indicadores; pero Luis Lacalle Pou está destrozando esa imagen a ritmo vertiginoso.

Aparte de estar entre los gobernantes que menos invirtieron (proporcionalmente al PIB) para contrarrestar los efectos de la pandemia, de haber aumentado tarifas contrariando sus promesas electorales, de haber quitado a los empleados públicos un 12% de poder adquisitivo, de haber generado 100.000 nuevos pobres, de haber quitado salario real a los trabajadores con el consecuente perjuicio para jubilados y pensionistas, de haber recortado (para luego jactarse de un ahorro de 600 millones de dólares) planes sociales en lugar de recortar privilegios a la casta gobernante, de haber aumentado el desempleo y cerrado miles de empresas, de haber multiplicado los casos de abuso policial, de haber permitido el acoso, vigilancia y fichaje de sindicalistas de AEBU y personas que juntaban firmas para derogar parte de la LUC, de haber puesto en cargos relevantes a incontables incapaces, de haber permitido (más allá de sus palabras) que varios jerarcas estuvieran a ambos lados del mostrador (al frente de organismos públicos que deberían controlar a los sectores privados a los cuales pertenecen o han pertenecido recientemente), de haber permitido el acomodo, el dedazo y el tarjetazo pasando por arriba a los concursos, de haber permitido adjudicaciones de licitaciones de familiar a familiar, y/o entre correligionarios políticos y hasta con alguna empresa fantasma (Kirma Services), de haber otorgado un monopolio a Katoen Natie por 60 años pisoteando la Constitución y varias leyes, de adoptar medidas que perjudican a las empresas públicas para beneficiar a sus competidoras privadas, de pasar a los uruguayos gastos que por ética debería pagar con su propio dinero, de rodearse de personas cuyas conductas bordean lo criminal y de varias etcéteras… no contento con todo eso, en este setiembre negro se esmeró en hacer los deberes a sus dioses del norte.

 

Mira quién habla

La convocatoria de la Celac tenía como objetivo afianzar los vínculos entre todos los países de América Latina y el Caribe (más allá de las lógicas diferencias ideológicas), aumentando la cooperación entre los miembros y buscando un nuevo relacionamiento con Estados Unidos y Canadá basado en el respeto mutuo. El canciller de México, Marcelo Ebrard, maniobrando entre aguas embravecidas, señaló que la propuesta del propio gobierno mexicano de analizar la creación de una organización que sustituya a la OEA no estaba por el momento en la agenda de la Celac, pero lo que sí se busca es una nueva relación entre los países de América y puntualizó: “Nos necesitamos. Eso es lo que se está planteando”.

Tan noble intención fue sepultada por tres lacayos: Guillermo Lasso, de Ecuador, Mario Abdo Benítez, presidente de Paraguay, uno de los países más corruptos del planeta, y Luis Lacalle Pou, presidente de un país que tras 15 años de crecimiento sostenido lleva un año y medio de retroceso a manos de la oligarquía a la que pertenece, representa y sirve fielmente.

Lejos de buscar sembrar acuerdos en aras del bien común, Lacalle bombardeó el encuentro atacando a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Ni una letra sobre Colombia, donde asesinan a un dirigente social cada cuatro días, ni sobre el fascista Bolsonaro, que tiene en vilo a la democracia brasileña, nada sobre el magnicidio perpetrado por la CIA contra el presidente de Haití… porque si son de derecha, todo bien. La idea era escupir el asado.

La respuesta fue una clase magistral sobre política, democracia y derechos humanos aportada gratuitamente por Díaz-Canel y Nicolás Maduro al pequeño faraón oriental. Con lo de pequeño no nos referimos, obviamente, a su estatura física, sino intelectual y moral, muy por debajo del nivel promedio que cabría esperar de un jefe de Estado.

Tras el ataque de Lacalle a la isla caribeña y defensa de la OEA (organismo que, violando su carta fundacional, se ha convertido en un tentáculo más de la Casa Blanca, atacando a democracias y mirando para otra parte en casos de regímenes de derecha abusivos) el presidente cubano replicó que el atacante desconoce los efectos de seis décadas de bloqueo y que no hizo mención alguna a los paquetazos neoliberales que siembran hambre y miseria con el apoyo de la OEA, ni mencionó “la inestabilidad y especulación financiera, la deuda externa impagable y la pobreza y desigualdad que ese sistema genera, y el abismo existente entre el norte rico y el sur pobre por esa discriminación que también apoya la OEA”. Luego recordó que no es en Cuba, sino en Uruguay, donde hay desaparecidos, y que la OEA ha apoyado golpes de Estado y dictaduras, siendo el de Bolivia el caso más reciente. Con respecto a la LUC fue lapidario: “Escuche usted a su pueblo, que recogió más de 700.000 firmas contra la ley urgente que usted impuso y que cambió las condiciones para ajustar los precios de los combustibles, desalojos, disminuir el rol de las empresas públicas y modificar el proceso penal; en realidad, un paquetazo neoliberal”.

Nicolás Maduro, por su parte, ilustró a Lacalle sobre la importancia de desideologizar las relaciones internacionales y lo invitó (a él y a todos los presentes) a visitar Venezuela para controlar el proceso electoral que se realizará en noviembre con la participación de toda la oposición. Maduro evitó responder al agravio con agravios y dijo que no estaba allí para arrojar piedras, pero lanzó un desafío: “Nosotros creemos profundamente en el diálogo de diversos. Le digo al presidente de Paraguay: ponga usted la fecha, el lugar y la hora para un debate sobre democracia, en Paraguay, en Venezuela y en América Latina. Y estamos listos para darlo. Ponga usted el lugar. O ponga Lacalle la fecha y el lugar. O usted, López Obrador. Y Venezuela está lista para debatir de democracia, de libertades, de resistencia, de revolución y de lo que haya que debatir de cara a los pueblos, en transmisión en vivo y en directo, o en privado. Como ustedes quieran. Con respeto y sin exclusiones”.

 

Condena brutal

El mismo día en que Luis Lacalle Pou llegaba a México (y gracias al periodista Gabriel Pereyra), todo el Uruguay se enteró del horror que se vive en el ex-Comcar. Un hombre de 29 años llevaba dos meses secuestrado por otros reclusos sometido a torturas, vejámenes y privación de alimentos. ¿Por qué siendo primario estaba con delincuentes de alta peligrosidad? Cuando se descubrió el hecho, el personal de salud constató un grave estado de desnutrición. Entre los maltratos figuraban golpes con una tabla con clavos y las fotografías dadas a conocer por el periodista permiten constatar una cadera luxada.

Juan Miguel Petit, comisionado parlamentario penitenciario, presentó una denuncia penal por violencia privada, violación, extorsión y privación de libertad. Según el periodista, a las autoridades pareció preocuparles más quién sacó las fotografías que quiénes eran los responsables de aquellas atrocidades. En cuanto al ministro del Interior, Luis Alberto Heber, hace pocos días reconoció en el programa Desayunos informales: “Yo no sé de cárceles. Yo tengo que decir acá, francamente: yo soy un hombre político; no soy un especialista en cárceles”. Similar declaración hizo el hijo del expresidente Jorge Batlle tras ser designado senador por el Partido Colorado, confesando que no tiene idea de cómo funciona el Parlamento.

Y pensar que Lacalle prometió poner a los mejores en cada cargo…

En la misma semana se produjo otro suicido en el módulo 12 del ex-Comcar. Pese a varias alertas del INR, no se tomaron medidas para evitar este hecho, altamente previsible. No se atendió la solicitud que mediante un recurso de habeas corpus correctivo planteaba la necesidad de alojar al recluso en el sector de salud mental. Eric, de 29 años, se ahorcó el jueves, mientras que su hermano Alexander fue asesinado durante un incendio en el módulo 3, el 13 de enero, tal lo informado por la diaria.

Son varias las personas con problemas mentales recluidas en lugares inadecuados del sistema carcelario. Sobre este tema ya hemos escrito anteriormente; pero entre muchos casos de suicidios, intentos de autoeliminación y muertes dudosas, está el de Marcelo Ayala, fallecido en mayo y del cual la familia continúa esperando el resultado de la autopsia. ¿A qué obedece tal demora? ¿Esperan análisis realizados en Saturno o no se sabe cómo tapar algo?

Como señala Denisse Legrand, coordinadora del programa de cárceles Nada Crece a la Sombra, en lo que va de 2021 hubo 54 muertes: 14 homicidios, 9 suicidios, 8 muertes “dudosas” y 23 “naturales”. De 2006 a 2015 hubo un promedio anual de 40 muertes; en 2015, 2016 y 2017 fueron 47, 37 en 2018, 44 en 2019 y 48 en 2020. Pues, en solo seis meses de 2021 van 54. Y eso que, de las 23 muertes naturales, hay algunas que deberían investigarse mejor.

Con semejante panorama, antes de salir a dar clase de derechos humanos a otros países, nuestro presidente haría bien en darse un baño de humildad y callarse la boca en lugar de hacer papelones.

Si el ministro fuera Bonomi, ya sabemos lo que estarían gritando los multicolores y los periodistas afines.

 

Abre tus ojos

Lacalle criticó el paro del 15 de setiembre por ser un paro político y contra la LUC. Ilustrémoslo.

Política, Luis, es hacer un paro. Criticarlo también.

Política es votar o abstenerse, denunciar o callar, controlar o mirar para otro lado, reclamar mejoras en la educación pública o echarla abajo, defender las empresas públicas o buscar su cierre, hablar de solidaridad o hablar de neoliberalismo, priorizar a los más débiles o a los más poderosos, defender a los sindicatos o enchastrarlos, decir la verdad o mentir, informarse o vivir en una burbuja, poner un cuadro de Artigas o el de uno mismo… todo tiene consecuencias políticas. Se puede ser culpable por acción o culpable por omisión.

El paro se hizo para evitar que el país siga retrocediendo. Perdimos un día de clase, sí, pero para evitar que continúes pasando tu motosierra por el MEC, el Mides y el INC. Por eso, hasta los peones se te retobaron.

Y sí, claro que fue contra la LUC, pero si ese paquete neoliberal y derechista es tan bueno, no tendrías de qué preocuparte.

Marchamos y marcharemos en defensa de ese Uruguay que pretendes paraguayizar.

Marchamos y marcharemos por nuestros hijos y por los hijos de nuestros adversarios.

El día que lo entiendas, quizá, podrías comenzar a ser un gran presidente y ganarte el derecho de salir por ahí a hablar de democracia.

 

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO