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EE.UU. explora la privatización de la Luna

Mientras la lógica expansionista del capitalismo se paraliza en el planeta producto del coronavirus, la carrera espacial vuelve a tener forma, ahora no solo de manera ideológica sino también con efectos prácticos, al traer consigo las intenciones de mercantilizar los cuerpos celestes.

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Medio siglo ha transcurrido desde que supuestamente la bota americana pisó la luna, cuando la Guerra Fría estaba en pleno apogeo. En esa época, la Unión Soviética (URSS) ya tenía acumulada experiencia en el terreno de los viajes ultraterrestres. Había lanzado la expedición de Yuri Gagarin, el primer hombre en incursionar fuera de la Tierra (1959), y estaba desarrollando en el futuro inmediato un ambicioso programa espacial.

Donald Trump agitó la opinión pública internacional cuando firmó una orden ejecutiva para “privatizar la Luna”. El documento emitido por la Casa Blanca señala que “el espacio exterior es un dominio legal y físicamente único de la actividad humana, y Estados Unidos no lo ve como un bien común global”.

La medida se justifica en que “la incertidumbre con respecto al derecho a recuperar y usar los recursos espaciales, incluida la extensión del derecho a la recuperación comercial y el uso de los recursos lunares ha desanimado a algunas entidades comerciales a participar en esta empresa”.

Pero no es una idea que ha emergido de la administración en funciones. En 2015, el gobierno de Barack Obama emitió la Ley de Competitividad de Lanzamientos Espaciales Comerciales de Estados Unidos. El objetivo del proyecto de ley era permitir que las empresas e individuos estadounidenses pudieran hacerse propietarios de los recursos que se extraen de los asteroides y de cuerpos celestes fuera del mundo, así como venderlos, al “facilitar un entorno favorable al crecimiento de la industria espacial comercial en desarrollo”.

Estados Unidos tiene pensado enviar astronautas a la Luna para 2024, mediante el programa Artemisa de la NASA, que también proyecta la creación de una estación espacial y una futura expedición humana a Marte.

Paralelamente, Rusia prepara la construcción de un cohete portador superpesado que pueda llevar cargas útiles de hasta 80 toneladas, también bajo la visión de asegurar las misiones al espacio exterior profundo, incluyendo vuelos a la Luna y a Marte. La idea la desarrolla el programa Yenisei y su lanzamiento está previsto para 2028.

¿Es legal hacerse dueño de la Luna para explotar sus recursos naturales?

Ante la maniobra de la Casa Blanca, la Federación Rusa ha dicho que cualquier intento de “privatizar” el espacio exterior es inaceptable.

“Ahora no voy a hacer [una evaluación legal del decreto]. Pero los intentos de privatizar el espacio de una forma u otra (…) serían inaceptables”, indicó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov.

La agencia espacial rusa Roscosmos también condenó “los planes agresivos de confiscación de otros planetas” que atentan contra la cooperación entre países con programas espaciales, y comparó la orden ejecutiva con el colonialismo. Así lo hace ver una declaración emitida por Sergey Saveliev, director general adjunto de Roscosmos sobre la cooperación internacional: “Ya ha habido ejemplos en la historia en que un país decidió empezar a incautar territorios en su interés; todos recuerdan lo que salió de ello”.

En un artículo publicado en Radio Francia Internacional, el abogado argentino Juan Cruz González Allonca explica que, según los convenios internacionales, la “Luna es ‘patrimonio común de la humanidad’ o res communis humanitate, como nos gusta decir a los abogados”.

Existen dos tratados internacionales que rigen la superficie lunar. El primero, el Tratado del Espacio (1967), refrendado por más de 100 países, declaró bien común el espacio ultraterrestre y los cuerpos celestes y se constituyó como la “Carta Magna del espacio” para los Estados que hacen actividades espaciales.

El segundo, el Tratado de la Luna y otros Cuerpos Celestes (1979), revalida al anterior en la búsqueda del beneficio colectivo, pero este solo fue ratificado por 18 países, que no incluye a Estados Unidos, Rusia o cualquier otra gran potencia en el espacio, a excepción de la India.

Ahora bien, este marco normativo se refiere específicamente a la propiedad nacional, lo que deja en un vacío legal a las exploraciones no científicas y las empresas de minería espacial, cuestión que está siendo aprovechada por Estados Unidos para reconocer formalmente los intereses privados de empresas que quieran reclamar recursos en el espacio.

El planteamiento de que el espacio exterior, por la inmensidad de sus confines, es una fuente inagotable de recursos parece erigirse como la solución a los problemas de las corporaciones, que están viendo agotado el modelo de acumulación de capitales en los límites terrenales.

Durante años recientes, multimillonarios de alto perfil como Paul Allen, Jeff Bezos y Elon Musk, entre otros, han movido sus inversiones hacia el sector espacial, por ende, han estado abogando por reformas que permitan la explotación comercial.

“Entre 2000 y 2005, (la industria espacial) recibió más de 1.100 millones de dólares en inversiones de capital privado, capital de riesgo, adquisiciones, premios y subvenciones, y ofertas públicas. Para el período 2012–2017, había recibido más de 10.200 millones de dólares”, dijo la Cámara de Comercio de Estados Unidos del crecimiento vertiginoso que está teniendo en estas dos últimas décadas.

Por su parte, las proyecciones de Bank of America y Merrill Lynch en 2017, citadas en un artículo de la CNBC, refieren que “la industria espacial va a expandirse a más de ocho veces su tamaño actual para 2050. Valorado en casi 400 mil millones de dólares ahora, eso significa que el sector espacial alcanzaría un valor total de casi 3 billones de dólares en los próximos 30 años”.

En ese sentido, ¿qué réditos puede ofrecer el negocio de la minería espacial? Existen millones de suelos ultraterrestres con recursos que en nuestro planeta son raros o están comenzando a escasear: el paladio, el platino o el litio, metales altamente cotizados en la industria de dispositivos móviles; el oro y el agua; y el helio-3, recurso que abunda en la Luna, potencialmente aprovechable en la industria de la energía nuclear.

Un solo asteroide puede contener metales raros valorados entre 300 mil millones de dólares y más de 5 billones de dólares.

Como ocurre en cualquier otro mercado internacional, las grandes corporaciones que están participando en exploraciones espaciales atentan contra empresas más pequeñas o proyectos que son de patrocinio gubernamental.

Las actividades relacionadas con el espacio están generando mayor entusiasmo en empresas privadas. Y tienen señal aprobatoria de Washington: Blue Origin, la agencia de exploración espacial del dueño de Amazon, el multimillonario Jeff Bezos, reveló el 29 de marzo que el gobierno de Donald Trump le concedió una exención de bloqueo por coronavirus y que seguiría operando en medio de la pandemia mundial.

A pesar de los esfuerzos de Washington por concentrar el derecho de la exploración espacial a grupos corporativos afiliados a Wall Street, las grandes potencias del bloque multipolar están invirtiendo sus capacidades para optar en la extracción y gestión de recursos provenientes de la Luna.

No se trata solo de Rusia, con su rica experiencia en el espacio y su extenso arsenal de viejos cohetes y naves espaciales fiables. También China planea construir una base en el Polo Lunar para el año 2030 y la India está trabajando en la construcción de su propia estación espacial.

Fuente: Con información de Misión Verdad 

 

 

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