Analistas proyectan que el tipo de cambio podría cerrar el año en niveles cercanos a los 41 pesos, en un escenario de suba moderada y sostenida, más que de un salto abrupto.
La Fed marca el ritmo global. A nivel internacional, el foco del mercado está puesto en la Reserva Federal. La Fed mantiene las tasas de interés en niveles elevados —en el entorno de 3,75% a 4,5% según proyecciones— ante una inflación que no termina de ceder, descartando por ahora recortes en el corto plazo.
Este posicionamiento refuerza el atractivo del dólar como activo financiero, impulsando su valorización frente a otras monedas.
El Banco Central del Uruguay (BCU) también ha ajustado su estrategia. Tras un ciclo de recortes, decidió pausar la baja de tasas, ubicándolas en 5,75% en abril, en respuesta a un entorno más desafiante en materia inflacionaria y al impacto de factores externos.
La autoridad monetaria busca equilibrar el control de precios con la estabilidad cambiaria en un contexto donde la inflación muestra cierta volatilidad y la actividad económica presenta señales moderadas. Para 2026, se prevé un crecimiento del entorno del 1,3%.
Riesgos e incertidumbre internacional siguen presentes. El conflicto en Medio Oriente aparece como uno de los principales factores de riesgo. La tensión geopolítica no solo impulsa al dólar como refugio, sino que también introduce incertidumbre en los mercados financieros y en variables clave como el precio del petróleo.
A nivel local, el mercado sigue de cerca la evolución de la inflación, el impacto de los combustibles y las decisiones de política económica, elementos que podrían incidir en la dinámica del tipo de cambio en los próximos meses.
Una suba contenida, no una corrida es lo que se visualiza en los mercados. A pesar del repunte reciente, los analistas coinciden en que no se espera una escalada abrupta del dólar. El escenario más probable es el de una suba controlada y gradual, en línea con el contexto internacional y las condiciones macroeconómicas locales.
El mercado cambiario se mantiene en una fase de ajuste, donde las expectativas juegan un rol central y las definiciones de los bancos centrales serán determinantes para la trayectoria del dólar en lo que resta del año. El dólar retoma impulso en un escenario global incierto, pero sin señales de una corrida. La evolución hacia fin de 2026 dependerá, en gran medida, de las decisiones de política monetaria y de la estabilidad del contexto internacional.