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¿Qué pasará con el dólar? Entre la fortaleza declarada y los signos de desgaste

En los últimos años, figuras como Donald Trump han insistido en reafirmar la fortaleza del dólar estadounidense.

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¿Qué está pasando realmente con el dólar? ¿Sigue siendo la moneda fuerte que durante décadas estructuró el La ¿Qué está pasando realmente con el dólar? ¿Sigue siendo la moneda fuerte que durante décadas estructuró el sistema financiero global, o estamos ante los primeros indicios de un declive más profundo? La pregunta no es nueva, pero en el contexto actual —marcado por tensiones geopolíticas, cambios tecnológicos y reconfiguraciones del poder global— adquiere una relevancia particular.

En los últimos años, figuras como Donald Trump han insistido en reafirmar la fortaleza del dólar estadounidense. Sin embargo, esa insistencia también puede leerse como síntoma: cuando una hegemonía necesita ser constantemente defendida en el discurso, es posible que en la práctica esté comenzando a mostrar fisuras. La historia económica sugiere que los procesos de declive no son abruptos, sino graduales, ambiguos y muchas veces negados en sus primeras etapas.

Uno de los marcos analíticos más utilizados para pensar el futuro del dólar es el paralelismo con la caída de la libra esterlina como moneda dominante. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido enfrentó una combinación de estancamiento económico, altos niveles de endeudamiento y una pérdida progresiva de influencia global. El punto de inflexión fue la Crisis de Suez, que expuso no solo la debilidad británica, sino también su dependencia de Estados Unidos. A partir de allí, la libra comenzó a perder su rol como moneda de referencia internacional.

Hoy, algunos analistas ven ecos de ese proceso en Estados Unidos. Por un lado, la economía estadounidense enfrenta tensiones estructurales: una deuda elevada, políticas económicas a veces contradictorias y un crecimiento que, aunque impulsado por sectores como la inteligencia artificial, no termina de disipar las dudas de los inversores. Por otro, las tensiones geopolíticas —incluyendo guerras comerciales y conflictos internacionales— introducen incertidumbre sobre la estabilidad del sistema que el propio Estados Unidos lidera.

En este contexto, surge una lectura más crítica: la guerra y la confrontación geopolítica pueden interpretarse como intentos de sostener, de manera artificial, una hegemonía en retroceso. No se trata únicamente de conflictos territoriales o comerciales, sino de disputas por el control de las reglas del sistema internacional. Si el dólar es el eje de ese sistema, cualquier cuestionamiento a su centralidad tiene implicancias globales.

Otro indicador relevante es la evolución de las reservas internacionales. La participación del dólar en las reservas globales ha venido descendiendo, pasando de aproximadamente el 71% a fines de los años noventa a cerca del 59% en las últimas décadas. Si bien sigue siendo claramente dominante, la tendencia muestra una diversificación progresiva, con mayor presencia de otras monedas y activos.

A esto se suma un fenómeno más reciente: la volatilidad del dólar en los mercados. En 2025 y comienzos de 2026 se observaron episodios de depreciación frente a otras divisas, acompañados por decisiones de inversores de reducir su exposición al billete verde. La incertidumbre política interna también juega un papel importante, ya que introduce riesgos adicionales que afectan la percepción de estabilidad.

Sin embargo, sería apresurado hablar de un colapso inminente. El dólar mantiene lo que históricamente se ha denominado su “privilegio exorbitante”: sigue siendo la principal moneda de reserva, de comercio internacional y de financiamiento global. No existe hoy una alternativa clara capaz de reemplazarlo en el corto plazo. La transición, de ocurrir, sería necesariamente lenta y fragmentada.

La lección que deja la experiencia británica no es tanto que el declive sea inevitable, sino que la confianza es un elemento central y frágil. Una vez que se erosiona, es difícil reconstruirla plenamente. En ese sentido, el debate actual sobre el dólar no es solo económico, sino también político y simbólico: tiene que ver con quién define las reglas del juego global.

Entonces, ¿qué pasará con el dólar? Probablemente no asistamos a una caída abrupta, pero sí a un proceso de transformación en su rol. Más que un “fin del dólar”, lo que se vislumbra es un mundo más multipolar, donde su hegemonía será cada vez más disputada.

La pregunta, en última instancia, no es si el dólar dejará de ser dominante mañana, sino si ya ha comenzado —aunque de forma silenciosa— el largo proceso de dejar de ser incuestionable.

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