A su vez, la política monetaria en Estados Unidos juega un papel clave. La reducción en las expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal ha elevado el costo de oportunidad de mantener activos que no generan rendimiento, como el oro. Este factor ha contribuido a moderar su precio, incluso en un contexto de incertidumbre global.
En paralelo, el aumento en los precios del petróleo, impulsado por el conflicto en Medio Oriente, ha reactivado temores inflacionarios. Sin embargo, lejos de impulsar automáticamente al oro, este escenario refuerza la perspectiva de tasas de interés más altas por más tiempo, lo que vuelve a presionar al metal.
A pesar de la caída de más de 12% registrada en marzo, el oro mantiene un desempeño positivo en el trimestre, con ganancias superiores al 5%. Este dato refleja que, más allá de las correcciones recientes, sigue existiendo una demanda estructural por activos de resguardo.
Por ahora, el mercado se encuentra en una fase de cautela. Los operadores adoptan una postura de “espera y observación”, atentos a la evolución del conflicto en Medio Oriente y a las próximas señales de la economía estadounidense. En este delicado equilibrio, el oro continúa siendo un termómetro de la incertidumbre global, aunque su comportamiento actual evidencia que, en este ciclo, su liderazgo como refugio no es absoluto.