Gabriel Delacoste es un joven politólogo, curioso, inteligente, buen analista político de coyuntura, bien informado, de buena pluma en periodismo especializado, muy actualizado en pensadores políticamente relevantes, y por cierto una gran promesa de las ciencias sociales uruguayas. Sin embargo, se metió con un tema para el que le faltan información precisa y formación teórica en algunas ciencias sociales que no domina; y para el que le sobran servilismo a la corrección política ‘compañera’ y belicosidad sectaria camuflada en discurso ilustrado.
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Su artículo de contratapa ‘Memento mori’ (Brecha, 5/6/2020), más allá de su pedante y oscuro título en latín, es un menú-festival de falacias lógicas, errores conceptuales, falsas y maniqueas oposiciones, vínculos antojadizos y sectarios, e intentos de ser políticamente correcto en el microclima de ‘compañeros’ que buscan, pero están muy lejos de rumbear hacia una renovación conceptual-generacional de la izquierda. Esperemos que supere estos furcios y bloopers, que sean excepción y no devengan regla, para continuar así su promisoria carrera política y académica.
Una bipolaridad ilógica, absurda
El autor cree necesario clasificar los posicionamientos relativos al Covid-19 en dos sorprendentes polos, para quienes han leído algo sobre el tema: ‘responsables’ y ‘corajudos’. Quienes han estudiado metodología de la investigación con rudimentos de lógica saben (y quienes no, pueden intuirlo) que una clasificación, para ser tal y cumplir su papel heurístico en la descripción y comprensión de algo, debe ser relativa a alguna dimensión relevante para entender el asunto y, no menos importante, los dos polos deben referirse a un mismo universo de discurso y mutuamente excluyentes.
Nada de eso sucede con la ‘clasificación’ propuesta por el autor para dicotomizar posicionamientos respecto de dimensiones relevantes del covid-19. En primer lugar, es una clasificación frívola. La dicotomía responsables-corajudos no se refiere a nada importante en la riquísima variedad de dimensiones del problema que proliferan en las bibliotecas que han circulado por el mundo estos últimos tres meses; esta clasificación elige dimensiones irrelevantes y no aborda ninguna relevante para beneficio de lectores eventuales.
Si bien la ‘responsabilidad’ de las acciones y decisiones individuales y colectivas no es algo menor, no permite elucidar tampoco nada importante respecto de nada sustantivo. Peor aún, lo de ‘corajudos’ es un adjetivo calificativo a cargo del autor, pero este no describe qué es ser corajudo, como tampoco qué es responsable, aunque impone una pseudo-univocidad intuitiva. Es en definitiva una clasificación irrelevante y elección frívola del universo de discurso elegido para describir-comprender.
La dicotomía, supuestamente polar, no dicotomiza dentro del mismo universo de discurso, ya que la responsabilidad y el coraje no son calificaciones que refieren a lo mismo, de lo cual serían variedades relevantes y dicotómicas. Se puede ser responsable y corajudo, responsable y timorato, irresponsable y corajudo, irresponsable y timorato. Los responsables pueden ser corajudos, y los irresponsables timoratos; pero también los responsables, timoratos y los irresponsables, corajudos. Un problema nada menor es que los responsables, en todo caso, no aceptarían ser por ello timoratos, y ningún corajudo aceptaría tampoco ser por ello irresponsable.
La que propone Delacoste es una clasificación frívola por articular dimensiones de baja relevancia descriptivo-comprensiva; inútil por comparar dimensiones incomparables que pertenecen a universos de discurso diversos entre sí. Es una clasificación, pues, frívola, irrelevante e ilógica. Michel Foucault inspira su libro Las palabras y las cosas en una ironía de Borges sobre las malas clasificaciones y lo impensable, inserta en un cuento de 1960 (‘El idioma analítico de Wilkins’), también celebrado por Jean Baudrillard: “En cierta enciclopedia china los animales se dividen en: a) pertenecientes al Emperador; b) embalsamados; c) amaestrados; d) lechones; e) sirenas; f) fabulosos; g) perros sueltos; h) incluidos en esta clasificación; i) que se agitan como locos; j) innumerables; k) dibujados con un pincel finísimo de piel de camello; l) etcétera; m) que acaban de romper el jarrón; n) que de lejos parecen moscas”. Empezamos mal; Borges, Baudrillard y Foucault hubieran encontrado absurda y risible la clasificación de Delacoste, que, sin embargo, me consta, conoce muy bien a Foucault.
Caricaturas maniqueas y mal conectadas
Asumamos, con benevolencia, que la clasificación de posiciones respecto al Covid-19 adoleció de poca fortuna en la elección de las palabras que resumirían las posturas polares dibujadas. Pero ¿cuál es el contenido sustantivo de posiciones polares tan pobremente designadas? Desgraciadamente, otro balde de agua fría. Los supuestos contenidos de las dos posiciones son caracterizados, más allá de sus significantes nominales, por tres dicotomías más, tan falsas, simplorias y aparentemente infundadas que revelan o bien poca lectura de las posiciones aludidas, o bien baja comprensión de sus conceptos, o bien mucha mala voluntad y sectarismo maniqueo en la caracterización.
Primera caricatura maniquea, sectaria y grosera. La posición política y mediáticamente hegemónica, si no dominante simbólicamente, la que está arruinando por muchos años la economía, producción, comercio, educación, mercado laboral, remuneraciones y ganancias, vida familiar y pública social del mundo no está, de nuevo, caracterizada técnicamente, sino calificada antojadizamente. La hegemónico dominante estaría básicamente sostenida por gobiernos progresistas y socialdemócratas; la disidente caracterizaría a liberales y nuevas derechas. Como ejemplo de la primera, cita a Tabaré Vázquez, por otras iniciativas, tomadas autoritariamente por decreto y ampliamente discutibles técnica y políticamente: las prohibiciones al tabaco y a la conducción con alcohol que no sea cero. La segunda acumula a Bolsonaro y a Trump, cuando está sostenida sin prioridad ideológica de sus defensores, innumerable cantidad de científicos de la más elevada calificación académica. Le puedo proporcionar a Delacoste una extensísima lista de textos escritos, audios y videos -muchos de ellos disponibles en mis columnas sobre Covid-19 en Caras y Caretas – para que se entere del contenido de la más fundada crítica, por parte de los ‘corajudos’ liberales y neoderechistas, de casi todas las medidas contra el Covid-19 que han tomado y defendido los hegemónicos ‘responsables’ progresistas y socialdemócratas; para que se pueda ver la abundancia, solidez y claridad de los corajudos; ni que hablar de la indignación que estos encumbrados científicos sufrirían si fueran calificados de corajudos pero irresponsables, neoliberales y neoderechistas. Tampoco les agradaría a los responsables progresistas y socialdemócratas que, al no ser corajudos, tenderían a ser timoratos (yo creo que sí lo son, pero no les gustaría ser considerados como tales).
Segunda caricatura maniquea y simploria. De forma bastante más melodramática, el autor identifica a los responsables progresistas y socialdemócratas con gente que privilegia a la vida frente a la economía, que opta por medidas de bienestar colectivo y seguidores de la pulsión de vida; los corajudos liberales y neoderechistas, en cambio, privilegiarían a la economía frente a la vida, lo individual frente a lo colectivo, y sucumbirían a los falsos encantos de la pulsión de muerte. Es indignante e infame que calificadísimos técnicos científicos disidentes con el disparate hegemónico, catástrofe contraproducente fuertemente argumentable, tengan que soportar que alguien que a todas luces no leyó sobre el tema los califique, sobre la base de groseras y maniqueas caricaturas de sus dichos, de corajudos pero irresponsables liberales neoderechistas contaminados por la pulsión de muerte, que prefieren al individuo hedonista frente al bienestar colectivo y vital.
Tercera dicotomía maniquea, grosera, arbitraria. Para rematar esos disparates, afirma que los pueblos han pactado con sus gobernantes que estos privilegien la defensa de sus vidas. Los disidentes no cuidarían de ello y serían irresponsables con pulsión de muerte; como si los ilustres disidentes apostaran a la muerte, al individuo hedonista y a la neoderecha neoliberal. Disparate: solo apuestan a otras vías de proteger la vida de los pueblos; una mucho menos aterrorizada: sin alucinaciones colectivas mediáticamente excitadas, sin hiperrealidad comandando la vivencia de realidad, sin cobardía política para controlar los disparates científicos del Imperial College London con un Ferguson siempre desmesurado en sus cálculos, como en 2001, 2005, 2009 y 2019. Y, sobre todo, sin cobardía política para aceptar las falsedades alucinadas e hiperreales porque las otras y más racionales soluciones eran riesgosas en caso de que números hiperreales los volvieran blanco de críticas.
Las igualdades que resumen el discurso de Delacoste son: a) responsable (pero timorato) = progresista-socialdemócrata = que privilegia lo colectivo, la pulsión de vida; y b) corajudo (pero irresponsable) = liberal-neoderechista = privilegiador de bienestar individual, la economía y la pulsión de muerte.
No son más que caricaturas maniqueas, ignorantes, incomprensivas o malévolas, sectarias, de soluciones técnicas y políticamente alternativas a las que, basándose en enormes errores de cálculo, se apostó por decisores cobardes y aterrorizados que liquidarán la vida humana global por mucho tiempo. Amén de entronizar, con alta probabilidad, la minimización de la privacidad, intimidad y libertades con garantías mediante un terror paranoico e hipocondríaco por la seguridad y la salud, para mayor gloria de esos lobbies y de las transnacionales de la vanguardia tecnológica comunicacional y robótica mediante aplicaciones en pantallas móviles y peligrosa conectividad 5G. Y a cambio de intentar atacar sacrosantamente una pandemia con insignificante tasa de mortalidad sin comorbilidades, y con también mínimo riesgo de sintomaticidad preocupante en sí misma o por sus efectos; un costo desmesurado para los supuestos beneficios obtenibles; pésimas decisiones basadas en malos insumos acrítica y cobardemente seguidos. Que el tiempo condenará cuando sus adalides estén suficientemente lejos de las posiciones de poder que les permiten disimular los gravísimos errores, de lesa humanidad en reiteración real, que están intentando disfrazar de heroicos aciertos precoces.