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Ian Bremmer y las tres fuerzas que están redefiniendo el mundo: proteccionismo, desorden geopolítico e IA

Durante las últimas décadas, el comercio internacional se expandió bajo la premisa de que una mayor integración económica generaría beneficios compartidos.

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Por años, la globalización, la estabilidad geopolítica liderada por Estados Unidos y el avance tecnológico fueron considerados pilares del crecimiento económico mundial. Sin embargo, para el analista político y fundador de Eurasia Group, Ian Bremmer, el escenario internacional atraviesa una transformación profunda impulsada por tres fuerzas que están alterando simultáneamente los mercados, las relaciones entre Estados y las perspectivas de desarrollo global: la desglobalización, la creciente inestabilidad geopolítica y el avance acelerado de la inteligencia artificial.

Lejos de tratarse de fenómenos independientes, Bremmer sostiene que estos procesos se potencian mutuamente y están configurando un nuevo orden internacional más fragmentado, menos predecible y considerablemente más costoso para gobiernos, empresas y ciudadanos.

El fin de la globalización tal como la conocíamos

Durante las últimas décadas, el comercio internacional se expandió bajo la premisa de que una mayor integración económica generaría beneficios compartidos. La reducción de barreras comerciales, las cadenas globales de suministro y la apertura de mercados permitieron un crecimiento sin precedentes del intercambio mundial.

Sin embargo, esa lógica parece estar cambiando. Según Bremmer, el mundo está ingresando en una etapa donde la competencia económica prevalece sobre la cooperación. En lugar de promover el libre comercio, las principales potencias están utilizando herramientas económicas para alcanzar objetivos políticos y estratégicos.

Estados Unidos, China, la Unión Europea, India y otras economías relevantes impulsan cada vez más políticas industriales, subsidios, restricciones tecnológicas y medidas de protección para sectores considerados estratégicos. Como consecuencia, el comercio internacional comienza a organizarse menos por criterios de eficiencia económica y más por consideraciones de seguridad nacional.

Bremmer denomina este fenómeno una "recesión geopolítica": un deterioro progresivo de la confianza entre países que no implica necesariamente una recesión económica tradicional, pero sí una reducción de la cooperación internacional. El resultado es un aumento permanente de los costos de hacer negocios, mayores riesgos para las inversiones y una creciente fragmentación de los mercados.

Para economías pequeñas y abiertas como Uruguay, este escenario supone desafíos importantes. La expansión de medidas proteccionistas y la reorganización de las cadenas de suministro pueden afectar el acceso a mercados, modificar los flujos de inversión y aumentar la competencia por atraer capitales y comercio.

Estados Unidos y la crisis del orden internacional

La segunda gran fuerza identificada por Bremmer es el cambio en el rol de Estados Unidos dentro del sistema internacional.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington fue el principal arquitecto de instituciones, alianzas y normas que estructuraron el orden global. Organismos multilaterales, acuerdos comerciales y mecanismos de seguridad colectiva se desarrollaron bajo el liderazgo estadounidense.

Sin embargo, Bremmer advierte que esta situación está cambiando de forma acelerada. La política exterior de la administración del presidente Donald Trump ha introducido una lógica más transaccional y menos comprometida con las alianzas tradicionales. Los acuerdos internacionales son evaluados principalmente en función de beneficios inmediatos para Estados Unidos, reduciendo la previsibilidad que caracterizó a la política exterior norteamericana durante décadas.

Esta transformación genera incertidumbre entre aliados históricos y competidores estratégicos. Países europeos fortalecen sus capacidades de defensa, naciones asiáticas diversifican sus alianzas y múltiples gobiernos buscan reducir su dependencia de Washington ante la posibilidad de cambios abruptos en la política estadounidense.

El resultado es un mundo donde la principal potencia global ya no actúa necesariamente como garante del sistema que ayudó a construir. Para Bremmer, esta situación constituye uno de los mayores factores de riesgo geopolítico contemporáneo.

La inteligencia artificial como fuerza disruptiva global

La tercera gran transformación identificada por Bremmer está vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial.

A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la velocidad de avance de la IA supera la capacidad de adaptación de gobiernos, reguladores e instituciones. Mientras empresas tecnológicas compiten por liderar la innovación, las normas para regular sus impactos avanzan mucho más lentamente.

La inteligencia artificial promete ganancias extraordinarias de productividad, mejoras en la investigación científica y transformaciones profundas en sectores como la salud, la educación, la industria y los servicios. Sin embargo, también plantea desafíos inéditos.

Entre ellos destacan el desplazamiento de empleos, la concentración del poder tecnológico en pocas empresas, la manipulación de información, los riesgos para la privacidad y la creciente competencia entre Estados por el control de tecnologías estratégicas.

Bremmer advierte que la IA se encuentra en el centro de una nueva disputa geopolítica. Estados Unidos y China compiten por el liderazgo tecnológico, mientras Europa intenta desarrollar modelos regulatorios propios. Esta dinámica está contribuyendo a fragmentar el ecosistema digital global y a generar estándares tecnológicos diferenciados según las regiones y bloques políticos.

Un mundo más fragmentado y menos predecible

La principal conclusión de Bremmer es que el mundo está ingresando en una nueva etapa histórica caracterizada por una menor cooperación internacional, una mayor competencia entre potencias y una aceleración tecnológica sin precedentes.

La combinación entre proteccionismo, incertidumbre geopolítica y revolución digital está modificando las reglas bajo las cuales funcionaron la economía y la política global durante gran parte de las últimas décadas.

Para gobiernos, empresas e inversores, el desafío ya no consiste únicamente en comprender variables económicas tradicionales como la inflación, las tasas de interés o el crecimiento. Cada vez resulta más necesario incorporar factores geopolíticos, tecnológicos y estratégicos para anticipar riesgos y aprovechar oportunidades.

En ese contexto, la advertencia de Ian Bremmer es clara: el mundo no se dirige hacia una crisis única y puntual, sino hacia una transformación estructural donde la incertidumbre dejará de ser una excepción para convertirse en una característica permanente del escenario internacional.