Irán: El verdadero miedo de Trump
Irán es una pieza mucho más importante para China, ya que es un pilar fundamental de su estrategia tanto de suministro energético como de desarrollo de rutas comerciales internacionales (la nueva ruta de la seda).
China es, de las tres principales áreas económicas a nivel mundial —Estados Unidos, la Unión Europea y China—, la mayor importadora de petróleo, que sigue siendo, a pesar del desarrollo de fuentes de energía alternativas, la materia prima más importante.
De hecho, Estados Unidos es energéticamente independiente, ya que importa muy poco petróleo, gracias a que, con la fracturación hidráulica, se ha convertido en el principal productor mundial. La UE, en cambio, pobre en materias primas energéticas, importa una gran cantidad de petróleo (alrededor de 8 millones de barriles al día), pero la procedencia de este petróleo está bastante distribuida. Los principales proveedores son África (2,2 millones de barriles al día), América del Norte (2,03 millones), Oriente Medio (1,44 millones), Asia Central (1,37 millones), América Latina (0,9 millones) y, en último lugar tras las sanciones, Rusia (0,32 millones).
La situación de China es diferente. A pesar de ser productora de petróleo, es el mayor importador mundial. De una demanda de 16 millones de barriles al día, importa entre el 60 % y el 70 %, lo que equivale a 11-12 millones de barriles. Sin embargo, el problema de China no es solo su dependencia del extranjero, sino su dependencia de una sola zona.
De hecho, la mitad de sus importaciones de petróleo proceden de Oriente Medio (casi 6 millones de barriles al día), seguido a distancia por Rusia (2 millones), América Latina (1,14 millones), África (1,09 millones) y América del Norte (0,23 millones).
Irán es importante desde el punto de vista petrolero, ya que China importa de este país 1,2 millones de barriles al día, lo que equivale al 10 % del total.
Y China es importante para Irán, ya que este último destina nada menos que el 73,2 % de sus exportaciones de petróleo al país del Lejano Oriente, que es el segundo destino de las exportaciones iraníes (20 700 millones de dólares), justo después de Irak (43 900 millones) y antes de Turquía (8900 millones).
Pero Irán es importante para China sobre todo porque es un país estratégico para el control de toda la zona de Oriente Medio, donde se encuentran las mayores reservas mundiales de petróleo y de donde procede la mitad del crudo importado por China. Entre otras cosas, Irán controla el estrecho de Ormuz, por el que transita una importante ruta marítima y una gran cantidad del petróleo exportado desde Oriente Medio hacia China y Extremo Oriente.
Por lo tanto, es evidente el interés de Estados Unidos en llevar a cabo un golpe de Estado en Irán, como ya ocurrió en 1953, cuando el primer ministro iraní, Mossadeq, fue derrocado por el Reino Unido y Estados Unidos, siempre con el objetivo de controlar el petróleo.
Trump y su obsesión con Groenlandia:
Una posible ocupación militar estadounidense de Groenlandia implicaría el fin de la OTAN, como ha señalado el lituano Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa y Espacio.
Kubilius también ha recordado que el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea obliga a los Estados miembros a prestar asistencia a Dinamarca en caso de que se enfrente a una agresión militar.
Mientras tanto, algunos aliados europeos de Dinamarca han anunciado que enviarán soldados a Groenlandia: Suecia, Gran Bretaña, Noruega, Francia y Alemania.
Aunque Trump ha justificado sus pretensiones sobre Groenlandia con la presencia de buques rusos y chinos alrededor de la isla, su movimiento es claramente otro ataque a la UE, después de los aranceles comerciales y la amenaza de abandonar la OTAN si los aliados europeos no aumentaban el gasto militar al 5 % del PIB.
Por no hablar de los continuos ataques verbales contra la UE por parte de Trump y su vicepresidente J.D. Vance. Aunque un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y Europa es improbable, lo cierto es que la cuestión de Groenlandia demuestra que las contradicciones interimperialistas clásicas, concretamente entre el imperialismo estadounidense y el imperialismo europeo, están lejos de haber desaparecido y nos hacen comprender que la presidencia de Trump representa algo nuevo en el comportamiento imperial de Estados Unidos.
El secuestro de Maduro: El indicio de una nueva era
El secuestro de Maduro y la voluntad de volver a poner a Venezuela y al resto de América Latina bajo el control total de Estados Unidos se combinan con las amenazas de intervención militar en Irán y Groenlandia en una estrategia tendente a restablecer la hegemonía imperial estadounidense a nivel mundial.
Esto contrasta con quienes, hasta hace poco, hablaban del aislacionismo de la política internacional trumpiana. El control de las rutas marítimas y de las fuentes de materias primas, empezando por las energéticas, es un paso importante, junto con la reinternalización en Estados Unidos de la producción manufacturera estratégica.
La implementación de esta estrategia se lleva a cabo con una renovada y potenciada amenaza del uso del instrumento militar, respaldada por el anunciado aumento del presupuesto del Departamento de Guerra estadounidense de 1000 a 1500 mil millones de dólares.
Todo ello a pesar de las promesas electorales en sentido contrario de Trump, que había anunciado una reducción del gasto militar y la no participación de Estados Unidos en nuevas aventuras militares.
Sin embargo, el quid de la cuestión radica en la ruptura del equilibrio de poder, determinada por el ascenso de China como primera potencia industrial del mundo.
Por otra parte, como escribió Lenin en 1915:
"En el régimen capitalista no es posible un ritmo uniforme de desarrollo económico, ni de las empresas individuales ni de los Estados individuales. En el régimen capitalista no hay otros medios para restablecer de vez en cuando el equilibrio roto, salvo la crisis en la industria y la guerra en la política."
Aunque la existencia de la disuasión atómica dificulta el estallido de una guerra imperialista mundial, como las que se produjeron en el siglo XX, el uso o la amenaza de la fuerza sigue siendo una opción actual, como lamentablemente han demostrado los acontecimientos de los últimos tiempos.