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Berjon |

cine y política

Jean-Christophe Berjon: "No reaccionar es ser cómplice de lo inaceptable"

Para Berjon "no se puede hacer cine sin meterse en la geopolítica, en las culturas y en las identidades de los pueblos: el cine es el reflejo de la sociedad”.

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Jean-Christophe Berjon es un crítico y director artístico francés, nacido en Luçon en 1964; actor y director de teatro antes de hacerse un nombre en la crítica cinematográfica. Fue director artístico de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes entre 2004 y 2011. Figura clave en la promoción del cine latinoamericano como director del Festival Biarritz América Latina.

La entrevista fue realizada en Cinemateca, entre el agitado clima del Festival con unos cafés de por medio, Berjon se quejó del otoño montevideano que le regaló una gripe terrible. No fue el único.

***

¿Qué tiene el cine para aportar en el mundo en el que vivimos hoy?

El cine no tiene vocación de cambiar el mundo. De hecho, incluso cineastas como Costa Gavras, que hizo casi toda su carrera sobre temas sociopolíticos con voluntad de interferir y provocar, siempre dijo que el cine no va a cambiar la sociedad; una película no puede cambiar espectadores de manera personal.

Sin embargo, después de decir esto, la realidad es que un cineasta como Ken Loach hace cine para cambiar el mundo, se apasiona por los temas y se vincula humanamente con los personajes, queriendo obviamente que su película sirva para abrirnos una reflexión sobre algo que no es aceptable.

Hoy, existe miedo.

Yo, que ya tengo más de 60 años, no hubiera podido imaginar en ningún momento de mi vida escuchar lo que escucho, los hechos que se desarrollan sin ninguna reacción de nadie, como los dichos [de Donald Trump] sobre borrar del mapa una civilización y la amenaza de una guerra nuclear, la pasividad de Naciones Unidas…

Hemos llegado a un momento donde no reaccionar es ser cómplice de cosas inaceptables.

Cada quien desde su trinchera tendría que utilizar lo que sabe hacer para hacer avanzar las cosas, las luchas y las resistencias justas.

El que se queda en sus cositas artísticas no diría que es un cobarde, pero se vuelve cómplice de cosas que no son aceptables. Comentábamos ayer el ultimátum de las 8 de la noche, la destrucción de una civilización y la posibilidad de una guerra nuclear mundial. ¿Por qué no estamos todos de pie diciendo "no en mi nombre" en el mundo entero? Porque el mundo entero lo piensa, pero nadie lo dice, o casi nadie, por cálculos políticos o según tu raza, tu religión... Esto no se hace, punto. Al no reaccionar, somos cómplices. Mientras tanto, estamos en un festival de cine, solamente en nuestro lindo mundo de creación artística. Eso tampoco puede ser.

Con respecto a la vieja discusión que retornó y tuvo su epicentro en la Berlinale: ¿Es posible o incluso necesario separar creación artística de política?

Alemania es un caso muy específico. En Alemania está prohibido por ley hacer un comentario negativo sobre un judío o sobre Israel. Sabemos de qué trauma llegan, entonces se puede entender, pero es una locura, como ley, obviamente no tiene sentido. La Berlinale es un Festival organizado directamente por el Ministerio de Cultura alemán, es un brazo del gobierno, entonces el gobierno no puede tomar posición política en el festival como tal.

La polémica fue doble. Por un lado, Wim Wenders, que era el presidente del jurado, dijo "yo no hago política". Eso es una tontería absoluta. Decir que no hago política es una postura conservadora, es no querer cambiar las cosas. Toda la vida tiene que ver con decisiones políticas. Hacer una película es un acto político en cada momento de decisión: qué mostramos, qué dejamos fuera. Eso sí provocó una ola contra Wim Wenders.

La segunda ola fue que el gobierno alemán amenazó con quitar a la directora del festival porque ella, a título personal, se había tomado una foto con una bufanda palestina en un grupo. Entonces, desde el gobierno, eso se interpretó como un ataque a Israel. Un número enorme de cineastas mundiales firmaron apoyándola, porque si bien hay una ley específica de Alemania, ella está dirigiendo una actividad profesional, cultural, de nivel global, y no se puede hacer cine sin meterse en la geopolítica, en las culturas y en las identidades de los pueblos, porque el cine es el reflejo de la sociedad.

¿Sigue siendo la sala de cine un espacio de encuentro valioso?

La sala de cine en el momento del debate después de una película es un lugar increíble para intercambiar ideas sobre la naturaleza y la complejidad del ser humano, o sobre las grandes problemáticas del mundo. Sales de una experiencia colectiva donde viviste algo de manera íntima gracias a la pantalla grande. En una pantalla de televisión en casa puedes levantarte, tomar agua, contestar algo, ir al baño; no estás al 100% concentrado. En la sala de cine, tú eres el personaje central que el director decidió que proyectaras, y vives una historia que no tiene nada que ver contigo o que tiene mucho que ver, pero no eres tú quien tiene las riendas. Además, tienes la pequeña distancia de pensar "¿por qué hace esto?".

Esa experiencia es una maravilla.

La dimensión colectiva de vivir juntos en el mismo momento, cada quien a su manera, cada quien siendo ese personaje pero teniendo su propio juicio, hace que al terminar la película, con el corazón y la mente abiertos, sea un lugar maravilloso para el intercambio. Las plataformas nunca podrán competir con esto. Ahora descubrimos la riqueza de las plataformas: es cómodo, tenemos acceso a mucho contenido, tranquilos en casa. Pero no es lo mismo. El cine es un espacio de encuentro.

Con respecto a la relación entre el cine europeo y el cine latinoamericano, ¿Existen aún vestigios coloniales?

Yo creo que sí. Voy a hacer un paralelo con el machismo y la cultura patriarcal. Incluso los que no queremos funcionar en un sistema así, tenemos cosas totalmente inconscientes, referencias de lo que nos dijeron y vivimos. Lo piensas sin darte cuenta. En términos de colonizaciones, es totalmente vergonzoso pensar lo que Europa hizo en África, América y Asia. Fue un saqueo organizado, violento. La relación de Francia con sus ex colonias en África es asquerosa, con el discurso de "era mejor cuando estábamos nosotros". Este debate es muy fuerte, lo fue en México por ejemplo, con Andrés Manuel López Obrador, que lanzó una especie de “guerra” para que España pida disculpas oficialmente.

Tenemos esta herencia, es un hecho. Incluso los que aman América Latina, en España o Francia, en nuestra mirada (y vengo de una herencia cultural europea), a veces hay un poco de "qué simpáticos son esos latinos", desde una diferencia que nace del rechazo o de la fascinación, pero siempre desde una posición de poder.

Es como la lógica del dominante y el dominado. El dominante, con su elegancia, a veces sigue en posición de dominación sin darse cuenta. Y al igual que en el patriarcado hay mujeres cómplices, en esto también hay latinoamericanos cómplices.

Sobre si lo bueno tiene que parecerse a lo europeo… La expresión artística no pertenece a nadie. Cada película es un ser vivo único. Pero los festivales en Europa (Cannes, Berlín, Venecia) son los más poderosos del mundo, y el cine de América Latina, como el del mundo entero, tiene que pasar por esos filtros.

Esos festivales tienen una visión un poco fija del mundo, aunque saben reflejar cosas nuevas. Siento que hay una gran cercanía intelectual y cultural entre Europa y América Latina, mucho más que entre América del Sur y América del Norte. Parte de esa cercanía viene de que les pasamos elementos de cultura europea a la fuerza a sus antepasados, y no hay de qué sentirse felices por eso, pero es un hecho.

¿Por qué decidiste instalarte en México?

La mamá de mis hijas (Arcelia Ramírez) es mexicana y vivimos entre los dos países un tiempo. Ella sacrificó su pasión y su vida profesional por mí, entonces yo dije que podía desarrollar mi profesión del otro lado del océano, y nos fuimos a México. Hay cosas de la cultura mexicana que me fascinan y hay cosas que no soporto. Pero es un espacio maravilloso de libertad y creatividad potencial, con una energía que no hay en Europa, donde siento que estamos más cuadrados y tibios.

¿Qué es lo que más te gustó de Uruguay?

La filosofía de vida, el ritmo diferente, la serenidad, y sobre todo la calidad humana de los uruguayos y uruguayas en la manera de vivir. Es mi segunda vez aquí (la primera fue en 2022).

En una entrevista define a Jean Godard como alguien que construyó su propio mito en el siglo XX. ¿Existe esa rebeldía hoy? ¿Hay un Godard del s XXI?

Si tuviera que decir un Godard del siglo XXI, hay un montón en el aspecto de construir su imagen, su camino, su identidad, incluso a veces con puros artificios. Es una sociedad hoy donde uno se pone en escenario con sus selfies y publicaciones, tiene su voz autorizada, lo que no era el caso en los años 60.

Pero la singularidad de Godard se apoyó también en toda una generación (Truffaut, Chabrol, Rivette, Varda, Marker) que rompían con un cuadro ultra definido.

Ya no hay más cuadro ultra definido, entonces romper algo que ya no está no tiene sentido. Ya no hay tantas cosas prohibidas, hay cosas mal vistas, pero si estás mal visto, ahora estás borrado.

Antes podías estar mal visto y construir una figura interesante, ahora estás borrado. No veo un Godard del siglo XXI porque Godard implicaba a la vez hacer cualquier cosa y pretender haber encontrado la solución mágica. Sin la Nouvelle Vague, ese momento donde se reinventaba todo, es difícil juzgar a Godard.

¿Cómo ves la vida con 60 años?

Es muy personal lo que preguntas. Un sabio dijo alguna vez que la sabiduría es un peine que te dan cuando ya estás calvo. Entre los 22 y los 32 ya notas el cambio, imagínate a los 42, 52, 62. Cada vez, si no eres bobo y perezoso, te enriqueces con nuevas herramientas, experiencias y conocimientos. Llegas a un momento donde entiendes más, sientes que puedes hacer mucho más porque conoces más personas y sabes cómo se hace. Pero tu cuerpo no sigue, tu memoria se debilita. Y además hay que dejar que la generación que sigue entre. Es una escuela de frustración. Y otro dicho: pasados los 50 años, si te despiertas sin dolor, es que ya estás muerto. Cada mañana hay algo malo con la máquina, sobre todo con nuestros modos de vida de viajar, dormir mal, cambios de clima, el cuerpo lo pones a mal y le exiges mucho.

Cómo ves el futuro: ¿de forma pesimista u optimista?

Lo que te dije hace rato: nunca hubiera pensado ver cosas tan asquerosas como las que vemos ahora. Solo puedo ser ultra pesimista porque ya lograron que estemos todos medio dormidos, sin reaccionar sobre lo inaceptable. Aceptamos lo inaceptable a todo nivel: destruimos el mundo a una velocidad exagerada, gastamos en meses lo que tendríamos que gastar en un año, reglas donde un ser humano vale menos que una moneda, preferiblemente si es norteamericana o suiza. En este círculo no vamos a cambiar nada. Hay luchas muy bellas, como la relación entre hombres y mujeres, que por fin se adelanta. Pero llega un Trump y da marcha atrás directa.

El mundo va hacia una sociedad de extrema derecha, de rechazo, de no solidaridad, de no construcción colectiva para el bien de todos.

¿En qué familia decimos "este es débil, ya matémoslo"? En la familia humana, globalmente decidimos que los débiles mueran para que los otros vivan felices.

Es curioso, porque leí que el primer rasgo de civilización fue el primer fémur curado, porque cuidar es el primer acto de civilización.

Estamos en un mundo cínico, obsesivo, rápido, violento, y todo el mundo parece estar bien porque estamos aplastados por un volumen de imágenes que no para, nos vacían la cabeza y no nos damos cuenta de lo más importante de la sociedad humana.

Y regresamos a tu primera pregunta: ¿Un cineasta puede hacer solamente cine y no involucrarse? Según yo, no. No hacerlo es ser cómplice. Como dice Wim Wenders: “Yo no hago política, hago cine”. Si no haces política, es que estás contento con lo que hay. Entonces eres conservador y esa es una postura política.

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