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Corea del Norte y Venezuela

Las guerras del Sr. Trump

Desde que el mismo 20 de enero comenzaron sus tropiezos, Donald Trump supo que era conveniente desatar y ganar una guerra. Lo dijo expresamente. Corea del Norte recibió los vetos chino, ruso y japonés, pero Venezuela está en la zona de influencia, tiene mucho petróleo y un gobierno vulnerable. Una gran masacre y mucho gasto militar serían del estilo del presidente Trump.
Que nadie crea que el peligro terminó. Acaso esté muy cerca.

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Julio María Sanguinetti, que es un gran constructor de hechos políticos, como el Pacto del Club Naval, anunció el 8 de agosto en Montevideo Portal que “la solución al problema de Venezuela ‘difícilmente’ sea pacífica, o sea, que será por medio de la violencia”. En declaraciones a Teledoce, consigna el Portal, el expresidente y líder principal del agonizante Partido Colorado afirmó que “es evidente que esto está llegando al final, el Gobierno está agotado, no tiene ninguna respuesta, la revolución bolivariana es un esperpento, la dictadura está desembozada”. El vencedor de las elecciones tuteladas y viciadas de noviembre de 1984 (realizadas con partidos y líderes proscriptos y miles de presos políticos) aprovechó la ocasión para criticar al Frente Amplio y afirmó que “que alguien que diga que en Venezuela hay democracia no tiene una visión democrática”, que esas posturas “arrasan las libertades y las instituciones”, y que “a esas tendencias que se llaman de izquierda […] no les importa la libertad, para ellos es un valor secundario y eso es lo que medio Frente Amplio sustenta”. El octogenario político afirmó que “el quiebre al gobierno se puede dar a través de una fractura militar en los sectores intermedios del Ejército, ya que los generales están asociados a Maduro. “Uno sabe que la cúpula militar, los generales, están todos en la misma estructura de corrupción del gobierno, vinculada al narco y todo lo demás; de ahí no va a venir”, aseveró Sanguinetti. En tanto, consideró que en caso de que haya un quiebre gracias al Ejército, esto puede ser una salida “inmensamente peligrosa”, ya que se volvería a los militares ‘como árbitros de la situación política’ en la que un coronel queda como salvador de la patria”. O sea que, contrariando su conocida versión sobre la “salida uruguaya”, en la que quedó como árbitro supremo el Tte. Gral. Hugo Medina, su socio político e interlocutor, ahora señala que un quiebre de las FFAA sería contraproducente. ¿Qué salida queda entonces? Por descarte, una que venga de afuera. Hay que prestar gran atención a lo que Sanguinetti dice porque, como cabeza del “Círculo de Montevideo”, que, patrocinado por el megaempresario Carlos Slim, reúne periódicamente fuera de nuestro país a personalidades del poder real, como Fernando Henrique Cardoso, Felipe González, Ricardo Lagos y Mauricio Macri; hombre muy bien informado de lo que ocurre en las altas esferas del poder global, y de una más que notoria admiración por su propia “sabiduría”, puede estar anunciando un porvenir acorde con sus deseos íntimos y los de los sectores más reaccionarios. Una “profecía autocumplida”. Debe remarcarse que mientras el Frente Amplio, con el presidente Tabaré Vázquez a la cabeza, y hasta el Partido Nacional, rechazaron formalmente toda intervención extranjera en Venezuela, en obvia referencia a las declaraciones del presidente Donald Trump al respecto. El Partido Colorado, como cuando el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 (liderado por el presidente colorado Juan María Bordaberry) guarda un absoluto silencio. “La historia delata”, dijo Jorge Luis Borges, y aquí tenemos otra confirmación. Los hechos: Corea del Norte y Venezuela Lo primero a destacar es que Trump sabe bien que puede vulnerar casi cualquier regla o norma de Estados Unidos menos una: atacar al complejo militar industrial. Si bien está retirando militarmente a EEUU de Europa y América Latina, siente que debe declarar alguna guerra que “haga a América grande de nuevo” e inmortalice su nombre como imperator, aumentando su poder interno y quitando del foco de atención las investigaciones de la “trama rusa”, que pueden culminar en su destitución por el delito de “obstrucción de la Justicia”. En su campaña había afirmado que “Estados Unidos necesita ganar guerras”. El primer candidato elegido fue Corea del Norte, país con el que EEUU tiene una larga historia de hostilidades, que habían recrudecido desde la asunción de Trump, con un intercambio de amenazas desorbitadas entre el mandatario norteamericano y el dictador Kim Jong-un, cuya estrategia para mantenerse en el poder se vio favorecida por la “amenaza americana”. Así fue que Corea del Norte intentó varios espectaculares lanzamientos de misiles nucleares (realizó cinco lanzamientos con misiles intercontinentales, algunos de los cuales terminaron en estrepitoso ridículo) y dispuso enormes desfiles militares que asombraron al mundo. A principios de agosto, Trump afirmó que respondería a la próxima provocación de Kim con “fuego y furia nunca antes vistos en el mundo”, a lo que este respondió con la amenaza de “atacar y envolver en fuego” la base norteamericana de Guam, situada a 3.400 km de distancia, donde EEUU tiene 6.000 militares y grandes instalaciones. Con un mensaje de Twitter, Trump anunció que “la solución militar está completamente preparada, asegurada y cargada, en el caso de que Corea del Norte actúe de manera insensata. ¡Espero que Kim Jong-un encuentre otro camino!”, agregando que “si hacen algo con Guam, les pasará lo nunca visto”. La posibilidad de que nubes radiactivas, por decir lo menos, llegaran a China, Rusia, Japón y otras zonas del mundo activaron de inmediato a las cancillerías y los servicios de seguridad, y tanto Ji Xinping como Vladimir Putin, los mayores global players involucrados, hicieron saber su completo disgusto con la escalada. Los cancilleres de ambas potencias, Sergei Lavrov y Wang Yi, hicieron un anuncio conjunto exhortando al “cese de las aventuras militares” y señalaron el “carácter inaceptable” de las amenazas militares, “provengan de donde provengan”. El resultado formal fue que finalmente el martes 15 de agosto el líder de Pyongyang anunció que ponía una pausa en su plan de lanzar misiles hacia el territorio de Guam. Inmediatamente, y utilizando su medio de comunicación favorito, el presidente Trump envió el miércoles 16 un mensaje de Twitter manifestando que “Kim Jong-un de Corea del Norte tomó una decisión muy sabia y muy bien pensada”, aunque agregó que “la alternativa hubiese sido a la vez catastrófica e inaceptable”. En un gesto nada menor, el secretario de Estado, Rex Tillerson, manifestó que Washington sigue abierto a dialogar con Corea del Norte. Los mercados internacionales no respondieron con la contundencia que podía esperarse (si bien experimentaron bajas moderadas), pero los líderes internacionales sí: Naciones Unidas emitió una declaración al respecto y Angela Merkel, su discípulo Emmanuel Macron y Theresa May emitieron comunicados llamando a evitar toda solución violenta al conflicto. Lo más asombroso del caso es que mientras el presidente de Estados Unidos –que siempre fue, incluso en tiempos de Ronald Reagan un modelo de discreción, particularmente en lo atinente a cuestiones militares–, el secretario de Defensa, general James Mattis (conocido por el cariñoso apodo de mad dog, perro rabioso), declaró que una guerra con Corea del Norte sería “catastrófica”. El general sabe lo que dice.   La amenaza a Venezuela Mientras se aplacaba “la furia y el fuego” con Corea de Norte, Trump encontró otro motivo para sus amenazas belicistas. El viernes 11 de agosto, aprovechando el revuelo internacional causado por la elección e instalación de la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela y la crisis que vive el país, Trump alcanzó su punto más alto en la escalada contra esa nación, afirmando que “tenemos muchas opciones [para cambiar sus políticas, N. de R.], incluida la militar”, lo que alertó inmediatamente a todo el continente, aunque la amenaza fue lanzada desde el club de golf de Bedminster, Nueva Jersey, donde pasa parte de sus comentadas vacaciones de 17 días. “No voy a descartar la opción militar, es nuestro vecino y tenemos tropas por todo el mundo. Venezuela no está muy lejos, y la gente allí está sufriendo y está muriendo”, declaró, agregando que la situación “se ha convertido en un desastre peligroso”. Debe señalarse que por esos días se produjo el nuevo fracaso de la reforma sanitaria con la que piensa eliminar el Obamacare (y dejar sin cobertura médica a casi 30 millones de pobres en EEUU); y recrudecían los rumores relativos a las investigaciones de la “trama rusa”. Descartada toda posibilidad de intervención en Oriente (se recuerdan sus amenazas a Afganistán y a Siria), Estados Unidos había endurecido las sanciones contra personalidades del entorno de Nicolás Maduro (alcanzando al presidente, al vicepresidente Tarek El Aissami, acusado de vínculos con el narcotráfico, 13 cargos de su gobierno y 7 integrantes del Tribunal Supremo), y anunciado medidas económicas, pero de ahí saltó bruscamente a la inequívoca amenaza de intervención militar. Inmediatamente, las cancillerías de la mayoría de los países latinoamericanos se movilizaron para expresar su preocupación por la amenaza, que podría provocar un desastre de consecuencias irreversibles en el relacionamiento intercontinental. El primero en pronunciarse en contra de medidas militares extranjeras en Venezuela fue el gobierno de Colombia. El presidente Juan Manuel Santos recibió a los pocos días al vicepresidente Michael Mike Pence, quien relativizó las afirmaciones de su presidente Donald Trump. Santos, que se manifestó opuesto a la Asamblea Constituyente, se remitió a la Declaración de Lima del 8 de agosto pasado e hizo un llamamiento al secretario general de la ONU a fin de que “utilice los mecanismos que pongan fin a la crisis de ruptura democrática en Venezuela”. Fue seguido por México, también crítico del régimen de Maduro, y por los países del Mercosur, actualmente bajo la presidencia de Brasil. Los gobiernos de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay manifestaron conjuntamente: “Los únicos instrumentos aceptables para la promoción de la democracia son el diálogo y la diplomacia”, agregando que “equiparan una eventual acción militar con el uso de la violencia por parte del gobierno de Nicolás Maduro contra sus opositores”, y que “el repudio a la violencia y a cualquier opción que implique el uso de la fuerza es irrenunciable y constituye base fundamental de la convivencia democrática, tanto en el plano interno como en el de las relaciones internacionales”. Son los mismos países que el 5 de agosto en San Pablo suspendieron a Venezuela en aplicación de la “cláusula democrática” del tratado. El ministro de la Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, afirmó el viernes 11 que las declaraciones del presidente Donald Trump “son un acto de locura, de supremo extremismo. Hay una elite extremista que gobierna Estados Unidos. No sé qué va a pasar en el mundo, si es que se va a acabar con la humanidad, con el planeta Tierra y sus recursos naturales. Con las actuaciones de este gobierno extremista, de estas elites económicas, no sabremos cuál va a ser el paradero del mundo en los próximos años. Como soldado, junto a las Fuerzas Armadas estaremos en primera fila defendiendo los intereses y la soberanía de Venezuela”. Mención especial merecen las manifestaciones del presidente Tabaré Vázquez efectuadas antes del comienzo del Consejo de Ministros realizado en Nuevo Berlín. “Rechazamos enfáticamente las apreciaciones del presidente de Estados Unidos”, dijo Vázquez, al tiempo que reafirmó “la solidaridad con el pueblo venezolano”, agregando que “el pueblo venezolano tiene derecho de autodefinir qué es lo que quiere”.  

Hay 14.995 armas atómicas en el mundo
The Washington Post publicó una estimación basada en informaciones reservadas, entre ellas un informe de la “Comunidad de Inteligencia” de Estados Unidos, y documentos como el Bulletin of the Atomic Scientists, y los de la Federation of American Scientists y la Defense Intelligence Agency. El diario, en base a esas informaciones, estima que existen 14.995 armas nucleares, en poder de nueve países. Rusia encabeza el ranking con 7.000 bombas atómicas (de las cuales 1.910 estarían listas para usar; 2.700 están obsoletas y 2.390 están en proceso de ensamblaje); seguido por Estados Unidos con 6.800 cabezas nucleares. Siguen Francia con 300, China con 270, Gran Bretaña 215, Pakistán 140, India 130, Israel 80, y 60 que tendría Corea del Norte.

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