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ARRESTO AL COMANDANTE EN JEFE

Manini Ríos: una sanción que divide las aguas

El Poder Ejecutivo sancionó con arresto a rigor por treinta días al comandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos, y la oposición blanca y colorada salió a defender al militar sancionado, volviendo a poner en juego a la institucionalidad del país.

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El comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos se fue de lengua. Lo más grave es que esa información debe ir acompañada de un “otra vez”. Es que a este militar dos por tres se le desboca el caballo que lleva dentro. En el discurso del 18 de mayo de 2017, fecha de la Batalla de Las Piedras y en el que el Ejército celebra su día, Manini Ríos dijo: “En los últimos tiempos se han escuchado voces preocupadas por los privilegios de los militares. Sí, señores. Los 15.000 hombres y mujeres que integran el Ejército Nacional son unos verdaderos privilegiados. Tuvieron el privilegio de evacuar la madrugada del 23 de diciembre a miles de vecinos de la ciudad de Artigas, sorprendidos por la creciente más grande y rápida de su historia, tienen el privilegio de estar a toda hora, los 365 días del año al servicio de la sociedad de la que provienen y no reclamar por ello compensación ni trato especial alguno, de sentirse no funcionarios sino servidores del Estado y de asistir en silencio a la discusión que se da sobre su futuro, muchas veces teñida de falsedades y de tergiversaciones malintencionadas”. Como era de esperar, y obvio que por el propio Manini Ríos, que de tonto no tiene nada, fue duramente criticado por esas palabras. Probablemente porque nadie lo sancionó, en julio y agosto continuó haciendo mérito para el arresto, pero esta vez eligiendo a la red social, escribiendo un par de tuits [En todas las citas se mantiene el estilo y la ortografía]: “El 25 de julio de 1972, hace 46 años, caía asesinado el Cnel. Artigas Álvarez, en presencia de su hija, de 9 años… “, acompañando el texto con una foto de la víctima, asesinado un 25 de junio; “Visitando el Regimiento de Caballería Nro. 3 en Rivera…con el mismo espíritu de servicio que anima a todo el Ejército, a pesar de todas las dificultades…”, y la ilustración de este tuit es una foto con el escudo del regimiento y una frase que dice: “Cuando la Patria esté en peligro, no hay derechos para nadie sino deberes”. Citaré un tercer posteo que se ubica entre uno y otro de los mencionados, porque está fechado el 7 de agosto: con una foto de George Soros, Manini Ríos escribe: “George Soros, una de las caras más visibles del imperialismo, enemigo de la revolución Cubana, fue expulsado de su país natal, Hungría, y de otros países por desestabilizador y agente de los EE.UU… Muchos se preguntan a quienes financia y para qué…”.
No se precisa ser idóneo en nada que tenga que ver con leyes o botas y charreteras para darse cuenta que, cualquiera de estas tres intervenciones tuiteras, son improcedentes en un comandante en jefe. Viniendo de donde vienen, las tres -¡las tres!- son provocadoras. Y si no, vayan a la fuente y lean los comentarios, que acá no ponemos por razón de espacio.

El último desborde
“A mí no me corresponde por razones de cargo, hacer ninguna consideración política ni medir ninguna intencionalidad en nadie. Pero sí, por razón de cargo también, soy el responsable o el jefe de una institución donde las dos terceras partes o más de los integrantes, más de diez mil personas, son afectadas por esta ley [la ley que reforma de la Caja Militar] si se aprueba tal como está aprobada en el Senado. No sólo tengo el derecho, tengo la obligación de decir lo que digo al respecto, y es que esta ley afecta a toda la jerarquía, por supuesto. Afecta al coronel, al general, pero al que más le pega es al soldado y es al sargento, porque van a tener que hacer muchos años más para tener el derecho al retiro y se van a ir con la mitad de lo que se van hoy”. Luego de decir esas palabras en la entrevista con Todo Pasa, el programa de radio Océano, descargó con lo mismo de siempre, con todo el sacrificio que significa ser un efectivo del Ejército: que limpiar la basura, que ayudar en zonas de desastres, que no tener domingos ni feriados y tener peores condiciones laborales que el resto de los trabajadores. Eso sí, omitió decir cómo son tratados por los mandos jerárquicos, pero, en fin. Entre toda esa defensa mediática del soldado, el periodista le recordó que el ministro de Trabajo Ernesto Murro se refirió a que la reforma “plantea una reforma generosa, gradual y beneficiosa para los militares, en particular para el personal de tropa”. A esto, Manini Ríos contestó que no podía entrar en polémica con Murro, pero entró: “No le puedo atribuir al ministro mala fe, ni puedo, ni siquiera, creer -y no lo creo- que mienta a sabiendas; simplemente creo que no está bien informado. Si el señor ministro agarra una calculadora, toma los términos de la ley y la realidad de un soldado nuestro, se va a dar cuenta que lo que yo digo es así”. Y ahí continuó.
Para quienes dicen que los treinta días de arresto a rigor son un exabrupto, les recomiendo que pasen unos días en una unidad militar y después cuenten qué pasa si un subordinado, ante una discrepancia, le dijera al superior que agarre una calculadora. Más allá de que es probable que nunca lo vean, esas situaciones no se dan por una razón simple y hasta comprensible, si se quiere: los soldados también están armados. Sólo ese hecho justifica la estructura vertical que tienen las Fuerzas Armadas, pero eso mismo, también, es lo que amerita la subordinación al poder político. El Poder Ejecutivo no puede permitir, bajo ningún concepto, que los militares se aparten de su tarea específica, que lejos está de ser la de cuestionar a los legisladores o a los gobernantes.
En pocas palabras, se informará lo que ya, por ser informado hasta el cansancio, se sabe: Manini Ríos vuelve el lunes 17 de México, pero ya fue notificado de su sanción; el ministro de Defensa, Jorge Menéndez, explicó que se actuó según el Reglamento Nacional de Servicios; el presidente Tabaré Vázquez confirmó lo dicho por Menéndez y agregó el artículo 77 de la Constitución; los blancos y los colorados apoyan a Manini Ríos y pretenden desautorizar al Ejecutivo; el senador del Partido Independiente apoya al gobierno. Y por ahí va la cosa.

Reflexiones
Hagamos un poco de historia: en la predictadura, el avance de la institución militar sobre el poder político se da por razones complejas, que en poco se diferencia de lo que sucedía en el resto de América Latina; en la posdictadura, cuando el entonces general Hugo Medina guarda en un cofrefort las citaciones judiciales dirigidas a los militares acusados de delito de lesa humanidad, la crisis se debe a situaciones más definidamente corporativas para evitar que la Justicia avance en el seno de su interna; en este momento, la reacción de Manini Ríos se da por intereses mercantiles, es decir, que no toquen sus privilegios. De alguna manera hay una reducción de las reivindicaciones militares a una cuestión de dinero. Eso se hace más claro cuando se ve el peso que tiene en el sistema previsional las jubilaciones militares, que dejan un déficit de unos US$ 600 millones anuales, pero que los uniformados se niegan a equiparse a los civiles. Hasta aquí tenemos el motivo que surge a la superficie.
Lo llamativo de todo esto es que coincide con una embestida de la restauración en la región, sumada a complicaciones que, en lo interno, están poniendo sobre la mesa las cámaras empresariales sobre las fuentes de trabajo y la negociación colectiva en diferentes ramas de la industria.
Lo más peligroso de todo esto es que ante una decisión legítima del Poder Ejecutivo, la oposición, con la excepción de Mieres, salga a ponerse del lado de los militares, como si no hubieran aprendido de la historia lo que eso puede significar. Para colmo, el expresidente Julio María Sanguinetti, sin ningún pudor, dijo muy suelto de cuerpo que la decisión del gobierno “es humillante” para el sancionado y para las Fuerzas Armadas, echando un poco de leña al fuego, para seguir siendo fiel a sí mismo.
¿Podemos hablar de desacato? No, pero se puede decir que las reiteradas declaraciones de Manini Ríos en distintos ámbitos constituyen una falta grave, que fue advertida y solucionada por el Poder Ejecutivo en uso de sus legítimos derechos.
Como ya fue dicho, el presidente Tabaré Vázquez ratificó la sanción y, a la vez, expresó su confianza en el comandante en jefe. Todo parece indicar que la voluntad es que Manini Ríos siga estando donde está, con los pies adentro de las botas, la cabeza debajo de la gorra y la lengua adentro de la boca. Una buena forma de asegurar que la democracia mande.

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