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Editorial

El Honorable Directorio

Más caretas que caras

Por Alberto Grille.

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Caras y Caretas Diario

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He estado pensando que no debía meterme en guerra ajena, pero el episodio en que se vio involucrado el Dr. Carlos Moreira, Intendente de Colonia, es una gran oportunidad para aprender de los errores en carne de otros.

El juicio sumario, sin derecho a defensa, y la ejecución pública de Carlos  Moreira, wilsonista histórico, exsenador, ministro y subsecretario del Ministerio del Interior del gobierno de Lacalle Herrera deberían mirarse con ojo de halcón.

Decimos esto con una mirada que abarca diversos aspectos porque el “destape” de Moreira y el posterior desenlace que defenestró al que fuera candidato a vicepresidente elegido por Lacalle hasta que Sartori aplastó a Larrañaga y permitió que Pompita, despegado, eligiera a Beatriz Argimón, es políticamente esclarecedor.

Nos muestra otra vez la verdadera naturaleza del curioso candidato presidencial blanco, porque varias veces, en su corta vida pública, ha procedido con ejecución sumaria de adversarios y con el  perdón para sus «amigos», como los responsables del escándalo de la «casita del parque», quienes ejecutaron actos aberrantes contra menores en un recordado incidente que mereció sanciones penales para funcionarios blancos de jerarquía en la Intendencia de Paysandú.

Como paso previo a otras consideraciones y para que no quede ninguna duda de lo que yo pienso, el diálogo que mantiene Moreira con su expareja, de ser verdadero, como pareció en un primer momento, expresa una actitud deplorable y merecedora de condena, al menos ética y, sin ninguna, duda política.

La bancada de ediles del Frente Amplio de Colonia tomó ya la resolución de pasar los antecedentes a la Justicia, solamente por el escándalo público que motivaron los audios difundidos en que se evidenciaba que los cargos de pasantías se habrían renovado en Colonia, injustificadamente y por presiones diversas sobre el intendente.

La Justicia criminal tomó cartas en el asunto y la fiscal de Colonia investiga la existencia o no de delito.

Reitero, el Frente Amplio condenó su conducta y la Justicia resolverá, y a ellos me remito sobre ese tema.

Hasta aquí está todo muy feo pero dentro de lo previsible. Un diálogo muy íntimo y medio chocante del intendente con su examante, una filtración que evidentemente tiene el propósito de perjudicarlo a pocos días de las elecciones, una evidencia ya conocida de que, al menos, en algunas intendencias blancas se practica el clientelismo a troche y moche, una reacción inmediata de sus adversarios y la intervención de la Justicia y el protagonismo de las redes sociales que una vez más han demostrado que son capaces de embarrar la cancha en un abrir y cerrar de ojos.

Pero la forma en que procedió la cúpula del Partido Nacional sí que resultó sorprendente.

Sorprendió que las autoridades del Partido Nacional no pensaran que lo único políticamente importante del mencionado audio era el hecho indiscutible de que el intendente confesara que las pasantías eran excesivas y se adjudicaban por pedidos de los correligionarios y presiones diversas de su entorno y que tal confesión podía constituir un delito de abuso de funciones que merecía una investigación penal.

En ningún momento la cúpula blanca recurrió a la Justicia, como corresponde, sino que lo echó de sus cargos y lo borró de sus listas, presuntamente asqueada por el entorno sexual en que se desenvolvió el diálogo de Moreira con su expareja y los términos soeces revelados en el mencionado diálogo.

¿Por qué se produjo esta reacción relámpago de Lacalle, Larrañaga y Argimón sin que se expresaran  los motivos de la misma? ¿Cuál es la falta ética por la que se condena a Moreira? ¿Es por tener una amante o dos o tres simultáneas o alternativas? ¿Es por hablar imprudentemente con ella en términos demasiado explícitos? ¿Es por canjear cargos por favores sexuales? ¿Es por aceptar presiones de terceros? ¿Es por firmar 100 pasantías que para el propio intendente eran demasiadas? ¿Es por haberlo hecho en pleno período electoral? ¿Es por machista, por viejo verde o por tonto?

Uno piensa que por algo no se dicen explícitamente los motivos de la condena. No será por el clientelismo porque si así fuera, Antía y Botana ya habrían sido condenados a muerte.

No será por autoritario porque mucho más lo eran los blancos que colaboraron con la dictadura. No será por tener una amante porque, si así fuera, la Comisión de Ética del Honorable Directorio tendría que trabajar a tiempo completo. No será por grosero, asqueroso u obsceno porque los protagonistas de la “casita del parque” del Parque Municipal de Paysandú lo eran mucho más y no fueron expulsados del partido de Oribe.

En el Honorable Directorio ni se acordaron de la ética con Juan Chiruchi, intendente de San José en la dictadura, ni con Domingo Burgueño, intendente de Maldonado en la dictadura, ni con Enrique Antía, que desistió de un juicio contra Óscar de los Santos para no tener que abrir sus cuentas bancarias al requerirlo la Justicia, ni con Martín Etchegoyen, presidente del Consejo de Estado de la Dictadura, ni con Aparicio Méndez, el dictador, ni con Carlos Delpiazzo, defendiendo los intereses de Aratirí contra la patria, ni con Ignacio de Posadas, el gran fabricante de Sociedades offshore, ni con Enrique Braga, Daniel Cambón y Julio Grenno presos por sus negociados, ni con Luis Lacalle y Julia Pou investigados por la Justicia por enriquecimiento ilícito, ni con los de la “casita del parque”, abusadores de menores,  ni con los golpeadores, ni con el pediatra trucho, ni con Bascou, el intendente de Río Negro que cargaba la gasolina de la flota de la intendencia en su propia estación de servicio. Tampoco fueron expulsados los que hicieron los negociados con Focoex, ni los que le dieron los bancos a los Rohm ni los que apañaron a los criminales de la dictadura, impidiendo que se investigaran los crímenes y se buscaran a los desaparecidos, tampoco los que redactaron la ley de impunidad ni los que la votaron en el Senado y en Diputados.

La razón verdadera de semejante hipocresía es que el audio se divulgó en el período electoral y se convirtió en un escándalo que podía perjudicar el desempeño electoral de Pompita.

“Coger” es una palabra prohibida en los ámbitos del Partido Nacional porque los blancos pillos, sobre todo los más “baratos”, solo “hacen el amor”.

“Je t’aime, mon amour”, dice Pompita. Los blancos fornican solo por pasantías. Si no, van derechito para el Tribunal de Ética en la “Casa de los Lamas”.

¡Andá a matarte! Pura hipocresía.

La verdadera realidad es que la rápida respuesta tuvo un único motivo, la necesidad de no perder votos, ocultar la corrupción y el clientelismo de las intendencias blancas y privilegiar los intereses lacallistas en la interna. Los análisis de los politólogos lo demuestran cuando son interrogados y evalúan si el audio perjudicó a los blancos y si la “rápida respuesta” los benefició mucho o poco.

La sanción a Moreira, sin escucharlo ni considerar sus razones, sin comprobar la calidad de la prueba y sin denunciarlo a la Justicia, arroja una luz abrasadora sobre los criterios de justicia y comportamiento de Luis Pompita Lacalle Pou y la actitud sumisa de Beatriz Argimón y Jorge Larrañaga, desesperados por cumplir con el hoy mandamás del Partido Nacional.

A veces hay que ser lento, pero siempre hay que ser justo. Con el tiempo veremos que todo esto es pura hipocresía, seguirán los acomodos y el clientelismo de los blancos, las pasantías, los “favores”, los Moreira y  los “negocios” sin que se le pare un solo pelo al “Honorable”.
Por eso nadie se alarma cuando Pompita recuerda, reivindicando a su padre, que “la fruta no cae lejos del árbol” -máxime cuando está podrida-.

A las autoridades del Partido Nacional no le  no importa la justicia ni escuchar a los acusados, sino que solo rige la ley de «quien no está servilmente conmigo está contra mí», y la soberana voluntad de Luis Pompita, que impone su voluntad despótica y su soberbia, como hizo con Gandini en la elección anterior, a sangre y fuego, barriendo todo lo que no le gusta o no lo adula lo suficiente.

¡Pobre Uruguay si cayera en el error de elegir de presidente a semejante personaje, al que probablemente le haría muy bien continuar con la terapia!

 

La superficie de los hechos

Veamos los hechos y su realidad profunda.

El viernes 18 se viralizaron dos audios; en el primero Moreira toma contacto con una dama que le pide la renovación de una pasantía remunerada en la intendencia, mientras que el segundo contiene un diálogo íntimo y un poco soez entre ambos, que aceptan la transacción. Ese mismo día, sin escuchar al imputado, la presidenta del Directorio del Partido Nacional exigió la inmediata expulsión del intendente del Partido Nacional y su renuncia a la candidatura al Senado y a la intendencia.

Acto seguido, el Dr. Jorge Larrañaga convocó una conferencia de prensa, en la que, en presencia de Luis Pompita Lacalle Pou y Beatriz  Argimón expulsó lisa y llanamente a Moreira, su principal espada y su más fiel compañero de Alianza Nacional, grupo del que es fundador.

A ningún observador de la política uruguaya le cabe duda de que quien tomó la durísima y sumaria decisión de expulsar al Dr. Carlos Moreira de su grupo político primero, e iniciar el proceso de expulsión y exterminio después, fue Luis Lacalle Pou.

Por algo Larrañaga lo hizo sentar entre él y Argimón en la conferencia de prensa a pesar de que, según consigna El Observador, Pompita le ofreció el centro de la mesa. Larrañaga quiso mostrar quién era el decisor y los observadores comprobaron que el Guapo no era tan guapo.

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