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mienten | gobierno | coalición

Má que una táctica

Mintieron para llegar; mienten para mantenerse; mentirán para volver

Uruguay va dejando de ser un país de paso para convertirse en un país de acopio, consumo de droga y lavado de dinero.

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Nunca se miente más que

después de una cacería,

durante una guerra

y antes de las elecciones.

Otto Von Bismarck

Tres recientes declaraciones insólitas de altos voceros de la coalición gobernante se han convertido en verdaderos atentados contra la inteligencia de la ciudadanía.

*El fallido exministro del Interior, Luis Alberto Heber, ha dicho a Montevideo Portal que “estamos más seguros hoy que en la administración del Frente Amplio”.

*Por su parte, el falso colono y precandidato presidencial Álvaro Delgado ha señalado que “en estos cuatro años en Uruguay se acabaron los problemas de corrupción”.

*Paralelamente, ya es la tercera o cuarta vez que oímos la frase “este Gobierno ha hecho más en cuatro años que el Frente Amplio en quince”. Esta falacia, que recién echan a andar, es como una locomotora que inicia su marcha pero que en poco tiempo alcanzará su máxima velocidad, bajo la premisa goebbeliana de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

La coalición llegó al gobierno montada en varias mentiras, y ahora hace malabares para mantenerse, también con mentiras; sin embargo, juega en su contra la sentencia de Abraham Lincoln: “Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos”.

Es imperioso que la oposición desmonte cada una de estas patrañas sin dar por descontado que la gente conoce la verdad. No hay que confundir lo que la gente cree con lo que la gente sabe de este gobierno. Es difícil no creerle a un mentiroso envuelto en traje, corbata, bien peinado y rostro de persona seria.

¿Delitos o denuncias?

El Gobierno tiene por costumbre mostrar las estadísticas de algunos delitos, no de todos, y comparar los períodos que más le convienen; aun así, analicemos las cifras dadas por el ministro del Interior Nicolás Martinelli en el Parlamento. Antes, dejemos en claro que la oposición no lo cuestiona a él como titular de la cartera, porque hace poco asumió el cargo; lo que se cuestiona es la gestión del Gobierno con respecto al tema seguridad y sus burdos intentos por engañar a la población, negando la realidad.

Caben aquí algunas precisiones que hemos reiterado hasta el hartazgo: no hay que confundir denuncias con cantidad de delitos.

Los hechos delictivos cometidos son muchos más que los denunciados. Esto ocurre con todos los gobiernos; sin embargo, con éste en particular, podemos asegurar que existe una diferencia ampliada, ya que se han constatado varios modos de desestimular la presentación de denuncias. Recordemos, como ejemplos, los casos de Maldonado y Durazno.

En junio de 2021 quedó detenido el comisario Fernando Pereira, nada menos que el número 3 de la Jefatura de Policía de Maldonado, acusado de abuso de funciones, faena clandestina, omisión de los deberes del cargo, revelación de secreto y omisión en denunciar delitos. La Justicia logró demostrar que el jerarca había convencido a la víctima de un delito de no denunciarlo para que el Gobierno tuviera buenos números sobre la seguridad. El oficial terminó preso en noviembre de 2021. ¿A cuántos más convenció? ¿Qué otros funcionarios hacen o hicieron lo mismo?

En octubre de 2022, un jerarca policial acusó al jefe de Policía de Durazno, Richard Marcenal, de “ordenar maquillar el carácter de los delitos para evitar que aumentaran los hurtos y rapiñas”. El denunciante fue trasladado y el denunciado fue premiado al mes siguiente con el Premio Nacional de Calidad y elogios del ministro Heber. Sin embargo, en marzo de 2023, Marcenal fue sustituido. Obviamente, le agradecieron todos los servicios prestados...

Los homicidios aumentaron dramáticamente.

“Un buen mentiroso sabe que

la mentira más efectiva

es siempre una verdad

a la que se le ha sustraído

una pieza clave”.

Carlos Ruiz Zafón

Encadenado a lo anterior está el tema de las muertes calificadas como “dudosas”.

En 2019 hubo 394 homicidios y 382 en 2023. Ahora, las muertes dudosas fueron 105 en 2019 y saltaron misteriosamente a 190 en 2020. En 2022 tuvimos 200 y 203 en 2023. Tenemos el lógico derecho a sospechar que nos están manipulando. Si el porcentaje de muertes calificadas como dudosas fuera similar al de los gobiernos frenteamplistas, el resultado es que los homicidios se dispararon.

Es más, el senador Charles Carrera sostiene que “lamentablemente, cerramos el año 2023 con 399 homicidios, en contraste con los 382 informados oficialmente y los 403 que, según fuentes policiales confiables, arroja el Sistema de Gestión de Seguridad Pública”.

De todos modos, aun considerando fidedignas las cifras oficiales, el resultado es que los homicidios subieron 11,32 % si se comparan los números actuales con los de la administración frenteamplista. Efectivamente, en los primeros 46 meses de gobierno lacallista se registraron 1347 homicidios, 137 más que en el mismo período del segundo gobierno de Tabaré Vázquez.

En su empeño por mostrar como un éxito lo que ha sido un rotundo fracaso, el ministro, obviamente, no hizo mención alguna al récord histórico, alcanzado con este gobierno, de homicidios y suicidios en los centros de reclusión. Ya decía Marco Tulio Cicerón (más de medio siglo a.C.) que “la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

También debemos señalar que, cada vez con más celeridad, Uruguay va dejando de ser un país de paso para convertirse en un país de acopio, consumo de droga y lavado de dinero. Un informe presentado a mediados de 2022 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo reveló que Uruguay es el país de mayor consumo de cocaína per cápita de Latinoamérica y uno de los primeros del mundo.

Son tan comunes los casos de cuerpos decapitados, desmembrados o quemados que ya los hemos naturalizado y no provocan el pavor que generaban los primeros.

Creyeron que era fácil y, como ha dicho Fernando Pereira a Subrayado: “Tuvimos cuatro años de un gobierno que nos dijo que se iba a terminar el recreo y el recreo no se termina porque se construye un eslogan de campaña; se termina si hay políticas activas vinculadas al lavado de activos, el combate al narcotráfico; si hay una política social compensatoria que provoque menos cantidad de problemas en la sociedad. Claramente en esto el Gobierno ha fracasado. Ha fracasado porque tuvo la soberbia de creer que esto se arreglaba solo con consignas o con un cambio legal a partir de la LUC”.

Pese a que aumentaron los casos de violencia doméstica, las rapiñas sí bajaron muchísimo y eso es una buena noticia; a menos que… A menos que hayan bajado porque quienes se dedicaban a esta actividad delictiva optaran por el narcotráfico, actividad más redituable y de menor riesgo inmediato. Como los delitos vinculados al narcotráfico no figuran en los informes del ministro, no tenemos la respuesta a tal planteo de cambio de modalidad.

¿Que se acabó qué cosa?

La frase de Álvaro Delgado de que este Gobierno le puso fin a la corrupción provocó hilaridad en las redes sociales. Con gusto le obsequiaría mi libro “El otro Luis”, donde en 384 páginas sin espacios en blanco presento un recuento de innumerables hechos de corrupción o posible corrupción desde que asumió Luis Lacalle Pou; pero no creo que lo lea, porque le conviene mirar para otra parte.

¿Acaso piensa que nos olvidamos del caso del hotel Urban Express, del caso Marset, del caso Astesiano, del caso Albisu (acomodos en la CTMSG), del caso Montagno (acomodos en ASSE), de los acomodos en la CARU y el Mides, de la Fundación A Ganar, del caso Moreira, del caso Caram, del caso Bascou, del caso Reyes Segade, del caso Bustillo, del caso del puerto, del caso Germán Cardoso, del caso Irene Moreira, de los espionajes contra políticos, sindicalistas y adolescentes, de los complots y destrucción de documentos para evitar que llegaran a la Justicia y al Parlamento, de la presión a la prensa, de los fichajes a los que recolectaban firmas contra la LUC, del caso Penadés (tecnología y funcionarios del Estado puestos a disposición del exsenador para salvarlo), del caso Montepaz, del caso Ayax, y de tantos otros que puedo enumerar pero se me termina el espacio?

Delgado miente descaradamente y sabe que miente; pero, como a todo buen político profesional, no le importa. Él sabe que, aunque muchos sepamos que mienten, siempre capturará el voto de algunos incautos desinformados.

En cuanto a que en cuatro años hicieron más que en el período frenteamplista (marzo de 2005 a marzo de 2020), la afirmación es tan disparatada que apenas le dedicaremos unas pocas preguntas.

¿Acaso hicieron algo similar al Plan Ceibal o al Sistema Nacional Integrado de Salud? ¿Bajaron la mortalidad infantil en 50 % o alcanzaron el mínimo histórico de embarazos adolescentes, como se logró con el Frente Amplio? ¿Crearon algo similar al Hospital de Ojos, con 90.000 intervenciones gratuitas? ¿Han hecho, aunque sea la décima parte, de lo que hizo el Frente para combatir la discriminación sexual y racial? ¿Han combatido a la industria del tabaco, como hizo el Frente Amplio, o la han beneficiado? ¿Han combatido el lavado de dinero sucio, como hizo el Frente Amplio, o lo han facilitado? ¿Han aumentado los salarios, jubilaciones y pensiones por encima de la inflación, como hizo cada año el Frente Amplio, o por debajo? ¿Profesionalizaron a la Policía, como hizo el Frente Amplio, o la politizaron?

Podría seguir; pero no vale la pena. Sólo cabe agregar una última e inquietante reflexión.

Que le hayan mentido una y otra y otra vez a su pueblo es indignante; pero pensar que muchas personas volverán a creerles cuando durante la campaña electoral salgan a prometerles bajar impuestos, eliminar la corrupción y mejorarles la vida, es aterrador.