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Uruguay a tiempo de pararlo

Muertes en toda América Latina

Por Juan Raúl Ferreira.

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Chile ha sido desde hace años ejemplo del modelo neoliberal que exhiben los que creen en él. Hasta hubo chistes de las veces en que uno de los candidatos lo había mencionado en sus campaña electoral. Hoy Chile vive las horas más negras de su historia desde que dejó el mando Augusto Pinochet. Porque se fue él, pero quedó su modelo económico.

Esto ha llevado al presidente Piñera a tener que asumir roles papelonescos, que no se condicen con su innegable capacidad intelectual y don de comunicaciones. Dos ejemplos. Un día dice que Chile está siendo acosado por revoltosos financiados desde el exterior por la izquierda internacional. Palabra más, palabra menos. Al otro pide disculpas a los reprimidos. Solo una noche de por medio le había convencido de que el problema es que él y sus antecesores se habían olvidado de la gente. Chile había crecido, pero no había redistribuido y la riqueza se concentraba cada vez en menos manos.

El 18 de noviembre pide perdón a todos los heridos por los “abusos desmedidos cometidos en la represión.” Anunció que iba a actuar la Justicia y que además de solidarizarse con las víctimas, lo hacía especialmente con las familias de los muertos. El 19 de noviembre vimos cómo una marcha pacífica era reprimida salvajemente por carabineros. Telefé (en Noticiero de Todos), no un vocero del izquierda precisamente, dice: “No pueden parar porque el modelo económico naufragó.”

Entre intentos restauradores y represión a manifestantes antineoliberales hemos llegado a la elección en Uruguay con los siguientes datos: Ecuador, 11 muertos, 1.340 heridos, 1.152 detenidos; Chile, 24 muertos, 2.700 heridos, 6.300 detenidos, Haití 97 muertos, 436 heridos, 6.787 detenidos; Colombia, se vuelve al terrorismo de Estado en la modalidad conocida como “falsos positivos”; Bolivia, con el golpe de Estado restaurador promovido por Almagro (su jefe de Gabinete, Gonzalo Concke, no le pasó llamado del presidente Evo Morales). Ya lo había derrocado antes del golpe mismo: 26 muertos, 786 heridos y 926 detenidos.

Todo esto ocurre a 48 horas de iniciarse la veda electoral, en Uruguay, para elegir nuevo gobierno. Yo sé que hay quienes creyeron que se podía ser wilsonista y seguir militando dentro del Partido Nacional. Discrepo, pero los respeto tanto como he pedido que me respeten. De eso, de dilucidar respetuosamente opiniones que, por definición, deben ser distintas, se nutre la democracia. Pero ya se votó partido, sectores, se eligieron legisladores. El domingo, como dice la ley y lo recodó con énfasis el Dr. Lacalle de Herrera en su nota “Llegó la hora (II)”, en la página 21 de El País del domingo 3 de noviembre, no se votan partidos, eso ya pasó.

Entonces, apelo a la racionalidad, sin dejar de lado las emociones, tan importantes en política, de los wilsonistas de verdad. Elijamos siete puntos; podrían ser mas. Una semana de diferencias a una por día.

  1. Wilson siempre se opuso al llamado neoliberalismo, desde sus años de ministro de Ganadería y Agricultura hasta su muerte. Como ministro, fijó el precio de la carne; prohibió la exportación de ganado en pie para incorporar valor agregado; decretó la veda de consumo para aumentar lo saldos exportables etc. Se “mofaba” de haber sido junto a Erro y Zelmar “los tres ministros más dirigistas de la historia”.
  2. Se oponía al mecanismo de leyes de urgente consideración. Eso sí, nunca le tocó enfrentar una cuyo contenido se desconociera 90 días después de anunciada.
  3. No creía en los militares en la calles para garantizar la seguridad. “Ya cometí ese error una vez, nunca más”.
  4. En educación creía en los consejos desconcentrados. Nunca oyó que el sistema de educación lo resolviera el presidente de turno con su ministro y los docentes perdieran su voto en el Codicen (págs. 38 y 39 de Nuestro compromiso con usted, su programa de gobierno). También se opuso al cuoteo de ingreso a la universidad pública (pág. 39).
  5. Se oponía a la propiedad de la tierra en manos de sociedades anónimas. Nunca se le pasó por la cabeza que, además, se iba a proponer que las acciones de estas fueran al portador.
  6. Preconizaba un rol activo del Estado en asistir los sectores más sumergidos (pág. 11). Lacalle Pou propone sustituir “el asistencialismo económico” por la siembra de “esperanza” (pág. 115 de programa del PN).
  7. Consejos de Salarios, rol de los sindicatos, etcétera: “Un presidente debe ganar las elecciones para tener legitimidad jurídica, pero necesita legitimidad social, pudiendo acordar con las fuerzas sociales organizadas, especialmente los trabajadores, en caso de Uruguay, agrupados en una central única, la CNT” (Bogotá, 16 de mayo de 1983).

En octubre los frentistas votaron a Martínez. El Domingo lo votarán todos los que no quieren que Uruguay ensaye un modelo, de moda hace cinco años, naufragado hoy, con sangre, en la región.

 

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