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Mundo carta | crisis |

El crimen que no quieren ver

Carta abierta: el clamor de una cubana que retrata la crisis diaria en la isla

Una carta abierta escrita por una cubana denuncia la crisis en Cuba y las dificultades que enfrenta la población en la isla.

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En medio de un escenario global a menudo dominado por informes enajenantes y datos fríos, la crudeza de la realidad cotidiana en Cuba suele quedar relegada al fondo del debate. Sin embargo, cuando la denuncia surge directamente del testimonio desgarrador y en primera persona de una ciudadana común, el análisis adquiere una dimensión profundamente humana, ética e insoslayable.

La publicación que circula bajo el título de “Carta abierta al mundo: Desde Cuba, una mujer de a pie denuncia el crimen que no quieren ver” constituye un manifiesto testimonial de un valor excepcional. La carta logra articular las consecuencias materiales y psicosociales que el bloqueo e historial de sanciones económicas impuestas desde Washington generan sobre el tejido social de la isla.

A lo largo del escrito, la autora desglosa la crisis en dimensiones esenciales de la vida humana. Denuncia cómo la asfixia comercial y financiera limita el acceso a insumos farmacológicos básicos para enfermedades crónicas, transformando la espera de medicamentos en una amenaza de muerte silenciosa. Expone episodios dramáticos como el riesgo en salas de neonatología e incubadoras debido a las severas restricciones energéticas y de combustible que sufre la nación. Define el desabastecimiento no como un hecho fortuito, sino como una política de estrangulamiento económico programado («terrorismo con hambre») que persigue a barcos, transacciones bancarias y proveedores de productos básicos. Destaca la paradoja de un país capaz de desarrollar sus propias vacunas contra la COVID-19 y enviar brigadas médicas internacionales, pero que hoy carece de insumos médicos elementales (como jeringas o reactivos) debido al cerco comercial.

El valor de esta misiva radica en su capacidad para interpelar directamente a los organismos multilaterales, la prensa internacional y la sociedad civil global, exigiendo superar los eufemismos y llamar a estas políticas coercitivas por su nombre.

Carta abierta al mundo: Desde Cuba, una mujer de a pie denuncia el crimen que no quieren ver

A la humanidad entera, a las madres del mundo, a los médicos sin fronteras, a los periodistas con dignidad, a los gobiernos que aún creen en la justicia:

Me llamo como millones. No tengo apellidos conocidos ni cargos importantes. Soy una cubana de a pie. Una hija, una hermana, una patriota. Y escribo esto con el alma desgarrada y las manos temblando, porque lo que hoy vive mi pueblo no es una crisis. Es un asesinato lento, calculado fríamente y ejecutado desde Washington.

Y el mundo mira hacia otro lado.

DENUNCIA POR MIS ABUELOS:

Denuncio que en Cuba hay ancianos que mueren antes de tiempo porque el bloqueo impide que lleguen medicamentos para el corazón, la presión, la diabetes. No es falta de recursos. Es prohibición deliberada. Empresas que quieren venderle a Cuba son multadas, perseguidas, amenazadas. Sus gobiernos callan. Y mientras tanto, un abuelo cubano aprieta el pecho y espera. La muerte no avisa. El bloqueo sí.

DENUNCIA POR MIS NIÑOS:

Denuncio que hay incubadoras en Cuba que han debido apagarse por falta de combustible. Que hay recién nacidos luchando por su vida mientras el gobierno de Estados Unidos decide qué países pueden vendernos petróleo y cuáles no. Que hay madres cubanas que han visto peligrar la vida de sus hijos porque una orden firmada en una oficina de Washington vale más que el llanto de un bebé a 90 millas de sus costas.

¿Dónde está la comunidad internacional? ¿Dónde están las organizaciones que tanto defienden la infancia? ¿O es que los niños cubanos no merecen vivir?

DENUNCIA POR EL HAMBRE INTENCIONAL:

Denuncio que el bloqueo es hambre programada. No es que falte comida porque sí. Es que nos impiden comprarla. Es que los barcos con alimentos son perseguidos. Es que las transacciones bancarias son bloqueadas. Es que las empresas que nos venden granos, pollo, leche, son sancionadas.

El hambre en Cuba no es un accidente. Es una política de Estado del gobierno de Estados Unidos, refinada durante 60 años, actualizada por cada administración, recrudecida por Donald Trump y ejecutada con saña por Marco Rubio.

Ellos llaman a esto "presión económica". Yo lo llamo terrorismo con hambre.

DENUNCIA POR MIS MÉDICOS:

Denuncio que nuestros médicos, los mismos que salvaron vidas en la pandemia mientras el mundo entero colapsaba, hoy no tienen jeringas, ni anestesia, ni equipos de rayos X. No porque no sepamos producirlos. No porque no tengamos talento. Sino porque el bloqueo nos impide acceder a los insumos, a los repuestos, a la tecnología.

Nuestros científicos crearon cinco vacunas contra la COVID-19. Cinco. Sin ayuda de nadie. Contra viento y marea. Contra bloqueo y mentiras. Y aún así, el imperio nos castiga por haberlo logrado.

AL MUNDO LE DIGO:

Cuba no les pide limosna.

Cuba no les pide soldados.

Cuba no les pide que nos quieran.

Cuba les pide justicia. Nada más. Nada menos.

Les pido que dejen de normalizar el sufrimiento de mi pueblo.

Les pido que llamen al bloqueo por su nombre: CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.

Les pido que no se dejen engañar por el cuento del "diálogo" y la "democracia" mientras nos aprietan el cuello.

No queremos caridad. Queremos que nos DEJEN VIVIR.

A los gobiernos cómplices que callan:

La historia les pasará factura.

A los medios que mienten:

La verdad siempre encuentra grietas.

A los verdugos que firman sanciones:

El pueblo cubano no olvida y no perdona.

A los que aún tienen humanidad en el pecho:

Miren a Cuba. Miren lo que le hacen. Y pregúntense: ¿De qué lado de la historia quiero estar?

Desde esta isla pequeña, con un pueblo gigante,

Una cubana de a pie que se niega a rendirse.

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