Solamente Gustavo Petro, con todas las contradicciones que ha manifestado públicamente con Maduro, atinó al decir: “El Cártel de los Soles no existe… es la excusa ficticia de los gobiernos de extrema derecha para derribar gobiernos”.
Los carteles de verdad y los de mentira
Del lado de las investigaciones que van tras las rutas de la droga se puede ver cómo se extienden las redes de los carteles mexicanos, se sabe más menos por dónde se mueve la logística del Cártel de Sinaloa, se ve con claridad la influencia que el Primer Comando Capital tiene en el Cono Sur. El Cártel de los Soles inicia y termina en Venezuela, a diferencia del Tren de Aragua, que inicia en Venezuela y tiene influencia en diferentes escenarios de la delincuencia transnacional.
En suma, el hecho de que ofrezcan una recompensa multimillonaria por un jefe de Estado del que han construido toda una narrativa hace que sea cada vez más difícil de sostener como hecho comprobable que Nicolás Maduro es la cabeza de un cártel. El carril de la realidad ha corrido hasta el punto de aproximarse a que los cárteles hayan financiado campañas, influido en elecciones, presionado para nombrar funcionarios de alto nivel e incluso, que algún presidente en su ejercicio particular haya resultado envuelto en algún negocio con empresarios non sanctos; pero si se hace un riguroso ejercicio de reflexión, se verá la magnitud del desatino al que ha llegado el sistema político de Estados Unidos con tal de avanzar en sus propósitos coloniales.
No hay que ser un avanzado en política internacional para saber que controlar Venezuela hoy significa controlar la mayor reserva petrolera activa en la actualidad. No es lo mismo negociar el recurso natural que mueve toda la economía de un país con el contradictor político que disponer de dichas reservas a piacere y no hay que olvidar que Estados Unidos es, por lejos, el mayor consumidor de petróleo a escala global, con el 22 % a nivel mundial (18.700.000 barriles por día), escoltado por China con 8.625.000 barriles.
Si contamos con la diferencia demográfica tenemos una proporción descomunal, es decir que EEUU, con cuatro veces menos población que China, consume más del doble de petróleo, y si esto lo sumamos a que EEUU no tiene ninguna intención de cambiar de matriz energética, a diferencia de China, que se ha convertido en pionero en la ampliación del espectro de aprovechamiento de la energía solar, el panorama futuro para Washington es de una feroz dependencia de un recurso cada vez más escaso y costoso de producir.
El problema del petróleo
Desde mediados del siglo XIX el petróleo se convirtió en el principal combustible con que se movió la naciente industrialización global. Las viejas máquinas de vapor pasaron a ser reemplazadas por otras cuyo mecanismo de combustión era menos pesado, la potencia de la combustión era mucho mayor al cambiar el sistema de presión por el de chispa interna y no precisaba de alimentación permanente.
De otro lado, los productos derivados de la refinación del petróleo llegaron a ser innumerables y van desde el plástico y nylon para juguetes, utensilios y bolsas hasta detergentes, jabones o cubiertas para autos. Para todo lo anterior poco a poco se ha ido generando un sistema alternativo de producción, pero para el uso como combustible, hasta ahora se están desarrollando a gran escala los autos eléctricos, que no resuelven la primarización vinculada con la energía, pero sacan los combustibles fósiles del centro de la fórmula.
Sin embargo, para que el petróleo deje de ser vital para el modelo de un país se requiere una serie de decisiones políticas que Estados Unidos está lejos de tomar, por el contrario, el Gobierno Trump ha dado firmes pasos en consolidarlo prefiriendo apostarle al control global de la producción, otra vez.
El panorama global del petróleo
En tal sentido es importante ver el crudo en su justa dimensión, es decir como un recurso finito, lo que quiere decir que hay un número limitado de reservas explotables. Lo otro que queda son pequeños yacimientos cuya cantidad y profundidad no hacen que sea mínimamente rentable.
Ranking de países con las mayores reservas probadas de petróleo hasta febrero de 2025:
Es importante hacer claridad sobre los tipos de petróleo disponibles; por ejemplo, en Venezuela, de los 303.800 millones de barriles, una cantidad importante son de crudo pesado, que son más costosos de producir y de refinar. Las últimas grandes reservas de crudo liviano que quedan son las de Arabia Saudita, de las que en un 60 % están ubicadas en la reserva de Ghawar. En el caso de Irán, Irak, Emiratos Árabes y Canadá la cantidad de crudo liviano va disminuyendo hasta hacerse cercano al 60 % o menos.
En este sentido es importante ver que Venezuela ha vuelto a superar la barrera de producción del millón de barriles diario desde febrero de este año, lo que es una verdadera hazaña si se tienen en cuenta las sanciones que ha sufrido durante los últimos años, y en palabras de Nicolás Maduro seguramente en pocos meses se supere la barrera del millón y medio.
En ese sentido, ¿Venezuela es un país con una gran producción petrolera, acorde con sus reservas? No, el mayor volumen de producción nuevamente lo ocupa Estados Unidos con más de 11 millones de barriles por día, seguido por Rusia con 10 y Arabia Saudita con poco más de 9, que es el único país que tiene un volumen de producción sostenido y consecuente con sus reservas y tipo de petróleo.
Ranking de países productores de petróleo:
Esto pone a Estados Unidos en una carrera contra el tiempo en tanto es el segundo país del mundo con mayor volumen de importación (7.400.000 barriles por día) después de China (8.400.000). Es decir que una parte importante del modelo interno que sostiene Trump está basado en la posibilidad de reducir los costos de sostenimiento del modelo que preside, sobretodo cuando es el país que más consume y el que más explota pero el que menos tiene, lo que hace que sea uno de los países que más importa, casi a la par de otro país cuatro veces más poblado.
Todos los movimientos de intervención en Asia occidental (Medio Oriente) durante la primera década del presente siglo reconfiguraron la fórmula del control de los hidrocarburos. El parteaguas que significó el 11 de setiembre en la geopolítica mundial trajo como consecuencia sacar de la oposición a dos países que se encuentran en el top 10 de reservas mundiales: Irak y Libia.
Romperle el espinazo a la OPEP
La Organización de Países Exportadores de Petróleo surgió en 1960 principalmente por iniciativa de Arabia Saudita, Irán, Irak, Venezuela y Kuwait con el fin de generar un bloque sólido de negociación frente al creciente mercado estadounidense y europeo, al punto que pararon de tajo las exportaciones y generaron una fuerte crisis de combustibles en todo EEUU y en Países Bajos debido el apoyo que estos dieron a Israel durante la guerra de Yom Kipur en octubre de 1973.
Donald Trump, en su libro de 2011 Time to get Tough, se refiere a la OPEP como los “mafiosos del petróleo” que “bullen odio antiestadounidense” y calificó como “una política estúpida” dar cientos de miles de millones de dólares por el petróleo a estos países. No hay que olvidar que en 2007 el barril de petróleo llegó a su máximo histórico de U$S 150, llegando luego a una brutal caída hasta los U$S 29, lo que generó otro tipo de crisis que llegó incluso a afectar las posibilidades de EEUU como país productor.
Es posible que aún no todo esté dicho sobre la industria petrolera en el mundo, pero salvo que haya un descubrimiento revolucionario, la mayoría de las cartas parecen estar echadas, incluso por los años previos a la pandemia se llegó a manejar la posibilidad de que la producción petrolera de EEUU se viera aumentada significativamente a partir de la explotación por fracking del petróleo bituminoso, que es un petróleo que se encuentra “encerrado” dentro de unas rocas sedimentarias que deben ser calentadas para expulsar el petróleo y el gas dentro de ellas.
Las perspectivas fueron tan alentadoras que se llegó a hablar de que EEUU no solo cumpliría holgadamente con su demanda interna, sino que pasaría a ser parte de los países exportadores. Sin embargo, esta tesis parece estar desinflándose poco a poco al punto que todo volvió a estar en su lugar y nuevamente se hace necesario controlar el mercado del petróleo, y para eso nada es más conveniente que el hecho de que justamente el país con mayores reservas en el planeta, y que a diferencia de los que siguen en la lista de reservas, no está del otro lado del océano Atlántico, tenga un presidente que comanda un cártel de droga que está haciendo un insondable daño a la sociedad estadounidense, que ante todo ha demostrado ser principalmente adicta al petróleo.