Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
artista | Atardecer naranja | crisis

Descolonizar y despatriarcalizar

Natalia de León: "Nuestros procesos como artistas son disruptivos, eso es lo que necesita un mundo en crisis"

Artista visual, investigadora, activista y especialista en fotografía, conversa en Atardecer naranja sobre cómo entrenar la sensibilidad de la mirada.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Natalia de León es artista visual, investigadora, activista. Y pasó por Atardecer naranja a conversar sobre el vínculo de las imagenes con la realidad, en un mundo sobresaturado de imagenes en el que cada vez hay más desafíos para entrenar la sensibilidad de la mirada.

Estudió fotografía y se especializa en laboratorio blanco y negro y técnicas antiguas. Es Licenciada en Artes por la Université Paris VIII Vincennes-Saint-Denis, y licenciada en Comunicación por Udelar. Es miembro del Laboratorio de Cine de la Fundación de Arte Contemporáneo en Montevideo, desde 2011. Es Cofundadora de la Colectiva COCO, que desde 2016 produce proyectos de investigación, educación y acción sobre el campo del arte con perspectiva de género y decolonial.

En 2024 funda La Hoguera, una comunidad que se encuentra en Ciudad Vieja, frente al puerto, para reflexionar y ponerle el cuerpo a prácticas de arte contemporáneo en distintos lenguajes. Está realizando la maestría en Filosofía Contemporánea en Udelar, con un proyecto artístico-académico. Desde el trabajo de laboratorio con la imagen y la fotografía, se pregunta sobre qué es lo real y cómo se puede entrenar la sensibilidad de la mirada en un mundo sobresaturado de imágenes.

Compartimos en esta nota algunos extractos de la entrevista e invitamos a todos los lectores a ver la conversación completa en el canal de YouTube de Caras y Caretas TV. Todos los jueves a las 19, nuevas conversaciones con artistas y personas vinculadas a la cultura.

Embed - Atardecer Naranja #6 Natalia de León

¿Cómo nos mira una imagen?, ¿cómo nos piensa?, ¿cómo nos toca?

Pensar en cómo nos mira una imagen nos lleva a pensar en cómo construimos la mirada en sí desde las imágenes. Toda imagen está atravesada o tocada por la mano del hombre. Lo digo así a propósito, porque sí, es el hombre, el varón quien construye las imágenes. Y podemos hablar de ese poder universal o poder omnipresente de las imágenes porque vivimos en un ocular centrismo muy fuerte, que viene determinado también por nuestra historia occidentalizada y colonizada. La construcción del museo, del pensamiento, está atravesada por la mirada, mucho más que por otros sentidos y eso es muy cultural también. En mi trabajo y en los procesos de las artistas que me interesan, creo que hay una intención de abrir las imágenes, de expandirlas, de que se desborden hacia otros sentidos y eso me parece lo más interesante que puede tener una imagen. Que no sea solamente desde lo ocular. Y desde ahí preguntarnos dónde está el deseo, dónde está el cuerpo, qué es lo que te mueve. Porque al final, cuando vemos una imagen o vemos una obra, hay algo que se mueve, hay una cuestión del cuerpo que tiene que atravesar el pensamiento también. El pensamiento tiene que volverse cuerpo.

¿Cuál es tu perspectiva ética como artista en un mundo sobresaturado de imágenes?, ¿cómo te parece que podemos encontrar formas nuevas para entrenar la sensibilidad de la mirada, y en qué medida esto tiene que ver con tu práctica artística?

Cuando vuelvo de Francia en el 2011 entro en la Fundación de Arte Contemporáneo que tiene un fuerte hincapié en el pensamiento sobre el arte, entonces ahí empecé a trabajar con esta pregunta, qué sentido tiene seguir generando imágenes en un mundo en el que están todas las imágenes, qué sentido tiene generar respuestas cuando tenemos todas las respuestas. Bueno, lo interesante son las preguntas entonces. No las respuestas. Si yo construyo mi mirada a partir de las imágenes, qué tipo de imágenes estamos construyendo, creo que eso es lo que me empieza a interesar desde una perspectiva ética. Y ahí también me cruzo con el feminismo y las imágenes que están hechas por y para el placer de lo hegemónicamente masculino, y también desde una mirada colonial, desde una propuesta hegemónica estética, política y de clase, un montón de cosas que se siguen reproduciendo hoy con nuevas tecnologías. Esas imágenes siguen construyendo estereotipos.

Mi propuesta o postura ética es que la relevancia de las imágenes en un mundo sobresaturado de imágenes es preguntarnos qué tipo de imágenes construimos y seguimos replicando. Es ahí donde hay que meterse porque es ahí donde podemos construir nuevos imaginarios, desbordar y resistir a una dominación bastante violenta hacia la mayoría de las personas.

Foto 3.jpg

¿Cómo trabajan con Colectiva COCO?, ¿qué complejidades encontraron en ese proceso, entendiendo también que ciertos feminismos siguen asociando lo femenino únicamente a un modelo de mujer blanca y occidentalizada?

COCO como colectiva, y el libro y la investigación, surgen del deseo de ser artistas en Uruguay desde nuestra experiencia que es el ser mujer. Eso chocaba con una realidad que era la imposibilidad de una proyección igual que la que tienen los varones. Había una intuición y un malestar, una pulsión vital, el enojo fue el motor inicial para empezar a cuestionar e investigar. Nos dimos cuenta de que la intuición tenía una base real que eran los datos, y que había una invisibilización epistémica y sistémica de las mujeres.

Tuvimos un montón de inconvenientes, el primero era la propia diferencia sexual para hacer la investigación, no se puede encontrar si hay otras disidencias y otras identidades de género, a lo sumo sabes si son hombres y mujeres. Coco surge en el 2016, en el momento del auge del feminismo y nos estábamos ya juntando a trabajar y a resistir un montón de violencias. Hay otros colectivos de los cuales nosotras formamos parte también que activamos para otro tipo de violencias, pero el nuestro tenía que ver más con esto de la representación y dónde estaba primero la mujer produciendo y por otro lado la mujer también dentro de las imágenes. La típica frase del 8M que es cierta, “no soy musa, soy artista”. Y de vuelta, el arte está muy vinculado a las imágenes, entonces hay una doble violencia y una doble invisibilización. Por un lado la pregunta de dónde están las mujeres históricas reales en las representaciones en el arte y por otro lado dónde están las mujeres creando y generando su propia representación.

Otro tipo de inconvenientes que tuvimos fue que mucha gente con cargos importantes resistía también nuestra investigación o decía “quizás no había mujeres haciendo arte”.

Bueno, sí había, y que no estén tiene que ver con naturalizar un montón de cosas, que pueden ser verdad pero que responden al patriarcado como sistema también dentro del campo del arte, que excluye un montón de identidades por mercado también pero sobre todo por representación y por lugares asignados a las identidades en la sociedad.

Ahí nosotras rápidamente nos dimos cuenta en la investigación en que estábamos siendo excluidas y no estábamos representadas pero después de nosotras había un montón de voces más que tenían mucho menos que nosotras la de levantar la voz para quejarse, y eso fue revelador, fue tremendo baño de humildad. Y entonces empezamos a accionar diferentes propuestas para no ser de vuelta la voz que quiere imponerse como el único relato posible sino como esta pregunta que aparece bastante en el libro:

¿Qué pasa si multiplicamos los relatos?, porque seguimos repitiendo los mismos mitos y recorridos históricos. Una de las grandes batallas que ganó el feminismo es revalorizar, resignificar y sobre todo abrir estas puertas para que se multipliquen los relatos, las voces y hacer el mundo y la cultura mucho más interesante además de diversa.

Lo que nos pasó cuando hicimos el libro es preguntarnos a quien más podemos invitar a que tomen otras voces. En la muestra que hicimos que fue el origen del libro, abrimos un espacio que se llamaba Narración donde abrimos el espacio para que artistas de identidad queer o de afrodescendencia o de pueblos originarios pudieran tener su espacio también para hacer sus reivindicaciones y no ser nosotras quienes ahora vamos a elegir qué artistas están trabajando para pensar sobre eso. Porque nosotras también somos mujeres blancas de clase media alta, hay otras voces, otras maneras de producir imágenes, y todas esas maneras alternativas son maneras alternativas de narrarse y de narrarnos en colectivo.

¿Por qué es importante descolonizar y despatriarcalizar el arte?

El feminismo comunitario tiene la memoria, la comunidad y el patriarcado como ejes, para pensarse y para accionar. Y la parte de la memoria a mí me parece hermosa, porque tiene que ver con las abuelas, con lo que ellas hablan. Hay que tener cuidado también con romantizar lo indígena. Cuando decimos esto de que no se puede descolonizar sin despatriarcalizar, ellas, la autora boliviana que lo escribió y las referentes de su comunidad, lo definen como entronque patriarcal. Hay un patriarcado que ya estaba en los indígenas, que se refuerza y toma otros tintes con la colonia, pero no es que antes no había patriarcado en América Latina, era super violento también. La cuota colonial es mucho más violenta porque además de ser mujer te degradan según tu color de piel. Sos objeto de deseo si sos blanca; sos la escoria, si sos marrón o negra. Entonces, ahí empiezan a haber otro tipo de violencias que tienen que ver con la colonización, pero el patriarcado ya estaba. Entonces el feminismo comunitario no tiene que ver solamente con el pasado, tiene que ver con las abuelas, con las mujeres, con el tejido, con la cerámica, con la tierra, con el trabajo, con las comunidades que se generan alrededor del cuidado, con la historia que escribieron los indígenas y la colonia. Para poder descolonizar hay que poder tener en cuenta ese entronque patriarcal que ya estaba establecido y que luego con la colonia se complejizó.

Foto 1.jpg

Algo de este activismo y esta voluntad de comunidad te llevó también a generar y dirigir “La hoguera” como lugar de encuentro para la comunidad. ¿Cómo está funcionando el espacio?, ¿por qué es importante pensar el arte en colectivo?

La mayoría del feminismo que abrazo seguro dice que si no es en comunidad, que no sea nada, porque es la manera que tenemos de que sea de que sea tangible, de que sea posible. Si no es en colectivo no surge, porque las relaciones de poder nos tocan, entonces si no hay una fuerza del trabajo en conjunto hay algo que no sucede. Además juntos la pasamos mejor. Se pasa bien. Tiene que ver con el cuidado. Pero con el cuidado en el en el sentido más profundo, poder trabajar con otre y poder crecer juntos hacia los lugares que se proyectan.

La hoguera pretende ser un dispositivo dentro del campo del arte que genere un ecosistema sustentable y de impacto. Esto quiere decir que el campo del arte es hostil para los y las artistas porque el mercado del arte fagocita al arte hacia el capitalismo.

Y eso determina un montón de producciones y de lógicas internas. Hay un montón de lógicas asociadas a lo que es el campo del arte, vinculado a esto de la alta cultura, que a mí me gustaría generar algo diferente. Ahora, para que sea sustentable, tiene que ser primero sustentable para los artistas. O sea, ¿cómo podemos hacer para tener un espacio de trabajo sin dejar todo nuestro sueldo? Podemos vivir del arte y esto no es solamente de generar obras.

El arte es una herramienta real de transformación y no es solamente la producción de las obras. Lo transformador del arte es la práctica, es atravesar los procesos artísticos como una herramienta de pensamiento, de reflexión, de subjetivación.

Entonces, por un lado, La Hoguera es un lugar para que los artistas y las artistas tengan un taller en comunidad. Compartimos un espacio hermoso y compartimos las prácticas, y nos evaluamos, ayudamos, proyectamos, potenciamos entre pares. Y el segundo punto que tiene que ver con esto de la alta cultura. Si seguimos haciendo arte por y para artistas, no tiene mucho sentido. Nosotros ya pensamos un montón y tenemos una mirada y una forma de vincularnos con el mundo que es más disruptiva, que es menos metodológica, que no sigue un método científico para poder llevar una conclusión.

Nuestros procesos creativos como artistas son abiertos y eso es transformador, es disruptivo y eso es lo que necesita el mundo en crisis en el que estamos.

Entonces, la propuesta de La Hoguera es, para los y las artistas que estamos trabajando ahí, que pongamos estos procesos a disposición. Hagamos la muestra. Pero pongamos también a disposición el proceso que te atravesó para que a otro lo atraviese también. Eso es transformador, eso es la potencia del arte, eso es generar imaginarios posibles.

Todo lo podemos pensar desde otras lógicas y con otras herramientas artísticas que son subversivas.