La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado como pandemia al covid-19, más conocido como «coronavirus», ello significa que estamos ante una enfermedad «que se extiende en varios países del mundo de manera simultánea».
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Lo que en sus comienzos se localizaba en China y en particular en la provincia de Wuhan, abarca hoy a un número mayor de países y personas.
Según datos de la OMS «hasta la fecha se han reportado 118.000 casos de infectados en 114 países y han muerto 4.291 personas (aunque 57 países han reportado 10 casos o menos y más del 90% de casos está en solo cuatro países; en dos de ellos, China y Corea del Sur, el número de casos disminuye significativamente)»
La OMS ha señalado que espera un aumento tanto de casos, países y muertes.
A la fecha hay 81 países que no han reportado ningún caso, mientras que, el número de casos confirmados, asciende hoy a 120 439 personas.
Tedros Adhanom, director de la OMS, ha manifestado: «Nunca antes habíamos visto una pandemia causada por un coronavirus. Esta es la primera pandemia de este tipo. Y nunca antes hemos visto una pandemia que pueda controlarse, al mismo tiempo»
De acuerdo al experto las formas adoptadas para atender la situación por los diferentes países afectados no ha sido homogénea ni de la misma intensidad.
De acuerdo a lo publicado por la BBC, el director de la OMS ha señalado la importancia de usar «adecuadamente» el término «pandemia», evitando la oscilación semántica de sus efectos: miedo irracional o aceptación irremediable.
En este sentido elogió las acciones emprendidas por «Irán, Italia y Corea del Sur para frenar el virus», en consonancia con este necesario balance alertó sobre la importancia de los equilibrios de las medidas susceptibles de adoptarse «Todos los países deben lograr un buen equilibrio entre proteger la salud, minimizar las interrupciones económicas y sociales y respetar los derechos humanos».
No es la primera vez que se señala la relevancia del equilibrio de las medidas.
Recientemente, el filósofo italiano Giorgio Agamben alertaba, para el caso italiano, sobre el uso político de la situación, un uso político que no debe restringirse a las acciones gubernamentales.
» ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras? » señalaba Agamben.
Obsérvese la relevancia de articular el equilibrio señalado por el director de la OMS y el concepto «estado de excepción».
Hay, afirma Agamben, una tendencia creciente en nuestras sociedades a usar el «estado de excepción» como racionalidad gubernamental y este parece ser, en el caso de algunos países (Italia es el ejemplo perfecto) la modalidad adoptada para enfrentar y responder a las afectaciones del «coronavirus».
Hay formas extremas de aplicar la racionalidad del «estado de excepción» como se reporta, por ejemplo, desde Italia.
Agamben ha señalado: «El decreto-ley aprobado inmediatamente por el gobierno “por razones de salud y seguridad pública” da lugar a una verdadera militarización “de los municipios y zonas en que se desconoce la fuente de transmisión de al menos una persona o en que hay un caso no atribuible a una persona de una zona ya infectada por el virus”. Una fórmula tan vaga e indeterminada permitirá extender rápidamente el estado de excepción en todas las regiones, ya que es casi imposible que otros casos no se produzcan en otras partes»
Las apreciaciones de Agamben fueron recibida de forma negativa por parte de algunos académicos italianos, para ellos, Agamben forzaba las cosas con vistas a ajustar lo que acontece a sus posiciones teóricas.
Sin embargo, la situación actual de Italia, no ha hecho más que confirmar la «profecía» de Agamben.
La articulación entre lo sanitario y lo securitario no dispara solamente el vector militarista que lo sostiene, el filósofo alerta también sobre el efecto miedo en la población: «El otro factor, no menos inquietante, es el estado de miedo que evidentemente se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla»
Comprender esto es políticamente relevante si lo que verdaderamente se quiere es el equilibrio al que convoca la OMS.
Desconocer la relevancia política de esto, como en otros temas altamente securitizados, como los delitos, por ejemplo, es trabajar no para resolver lo que es relevante sanitariamente, como el caso del «coronavirus», sino para imponer una forma de vida radicalmente signada por el máximo control, que es, a no dudarlo, la condición primaria para producir la «nuda vida», es decir, las «vidas desechables».
Y si alguien tiene alguna duda imagine cómo serán los dispositivos sanitarios en, por ejemplo, las prisiones.
Ya en Italia, uno de los países reconocidos por el director de la OMS, estamos observando las reacciones de los prisioneros que, condenados a la «nuda vida», han emprendido un conjunto de acciones de rebeldía que van desde los motines hasta las fugas.
No es necesario remarcar las enormes diferencias entre aquellas prisiones y las latinoamericanas, Uruguay incluido, por supuesto.
¿Se imaginan este escenario en un Uruguay, como el de hoy, donde las noticias más relevantes para definir la calidad de vida de la ciudadanía, se localizan en las acciones operativas de una «novísima» policía que no puede ser interpelada?