“El Sinae [Sistema Nacional de Emergencias] y los bomberos plantean que los factores de riesgos de incendio aumentan durante el invierno, asociados a la calefacción”, dijo a Caras y Caretas la arquitecta Lucia Anzalone, coordinadora del Centro de Vivienda y Hábitat (CEVIHA) de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo.
La coordinadora del Ceviha resaltó que “cada invierno se constata la desigualdad que tienen los hogares para acondicionarse frente a las inclemencias climáticas, y particularmente al frío”.
Los principales factores de causa y origen de incendios en viviendas “tienen que ver con llamas al descubierto de un elemento de calefacción, sobre todo en invierno”, como estufas a leña, gas, o eléctricas “en el caso de una mala instalación en la vivienda”, expresó a Caras y Caretas el vocero de la Dirección Nacional de Bomberos, Sebastián Camejo. “El riesgo de incendio en viviendas aumenta por el uso intensivo de estos elementos y porque las personas están más en sus hogares, es un acumulativo de condiciones”, reflexionó.
En los incendios con llamas al descubierto los bomberos identifican dos orígenes, “los descuidos humanos y los factores eléctricos”, ahondó. Más allá del motivo “físico por el que se ocasionó el incendio”, en más del 90 % de los casos “se trata de negligencia, imprudencia, impericia, descuidos y malas manipulaciones de algún tipo de elemento”, afirmó el vocero.
“Todo se resume en la cultura de la seguridad”, no solo en el riesgo de incendio sino que “en cualquier peligro” se pone en juego “lo que nos han enseñado” en el preescolar, la escuela, el liceo “y todo eso influyen en los adultos que somos hoy”, aseguró el bombero. “Si hay una fuente de peligro el riesgo cero es imposible, la idea es tener ese riesgo lo más controlado posible, a niveles prácticamente despreciables”, expresó el bombero.
“En lo que va del año han fallecido 23 personas por incendios en viviendas”, el año pasado hubo 45 personas fallecidas, “y el año anterior, 2024, tuvo uno de los picos más altos con 63 personas fallecidas”, contabilizó.
“Con informar no alcanza, es mucho más complejo”, afirmó a Caras y Caretas Marcia Barbero, socióloga de la salud vinculada a las Facultades de Ciencias Sociales y la de Medicina. “Hay que desarticular la linealidad” que hay en las políticas de comunicación “de pensar que es suficiente con dar la información para que las personas actúen en consecuencia”, manifestó Barbero.
Además, “este tipo de campañas de prevención” colocan la responsabilidad en el individuo “y por lo tanto invisibilizar todas las condicionantes estructurales” como el entorno, las condiciones habitacionales y de trabajo “que hacen más propenso” a un hogar o persona “a vivir este tipo de situaciones”, profundizó la socióloga.
“Todos podemos tener el mismo descuido pero puede tener diferentes consecuencias” según el entorno habitacional, los materiales de la vivienda, cuán precaria o no es “y las posibilidades de recibir la atención médica oportuna y adecuada para rehabilitar”, argumentó Barbero.
“Sin duda los orígenes de incendios son multicausales” e influye “lo social, lo cultural, los métodos constructivos y la educación”, resaltó el vocero de Bomberos. “Hay edificaciones que tienen mejor resistencia al fuego” por el material involucrado, en ese sentido, “no es lo mismo hormigón armado que bloques de ladrillo”, indicó Camejo. Tampoco es lo mismo “techo de isopanel que techo de losa”, puntualizó.
Una pared de hormigón armado de 15 centímetros “tiene una resistencia al fuego de 90 minutos, que es un tiempo más que prudencial para evitar la propagación a habitaciones”, razonó el bombero. También influye la cantidad de aberturas, de qué tipo son y si tienen resistencia al fuego, “porque por allí se van a canalizar los gases calientes y la llama podría propagarse a otras habitaciones”, señaló. O por el contrario una calidad elevada “favorece una evacuación rápida”, complementó.
Aunque “también se pueden instalar elementos ignífugos”, no quiere decir que “estructuralmente resistan al colapso”, como es el caso del aluminio y el hierro, “que no van a ser tan resistentes como el hormigón armado”, advirtió el bombero.
En Uruguay es común construir paredes con el método tradicional de mampostería, “pero los techos son livianos y ante una mala limpieza” de un ducto de estufa y frente a cualquier fisura en ese caño que tenga contacto de calor con el cielo raso “se va a propagar por allí un incendio”, desarrolló Camejo. En este caso, “la detección no va a ser tan temprana” porque generalmente no se ve fácilmente, “y cuando se detecta el humo, quizás el incendio ya esté generalizado a nivel de cielo raso”, alertó.
Este último tipo de incendio “es de los más difíciles de combatir” porque hay que quitar el cielo raso y remover chapas “con el riesgo de no ventilar y que con la entrada del oxígeno se avive la combustión”, se deben cuidar “muchos aspectos operacionales”, justificó Camejo.
Problematizar
“Cuando la explicación se reduce al mal uso de los artefactos, se coloca la responsabilidad” en cada hogar e incluso cada persona, “pero hay que preguntarse en qué condiciones materiales se encuentran las familias para resolver las necesidades de calefacción”, criticó la arquitecta Anzalone. “Protegerse del frío es una necesidad básica, no es una elección”, subrayó.
Por otro lado, “la precariedad habitacional no está asociada solamente a la precariedad constructiva”, se conjugan las condiciones precarias de las instalaciones eléctricas, el hacinamiento, la falta de ventilación, de aislamiento térmico, “lo cual hace que requieran mayor energía añadida para acondicionar la vivienda”, analizó la coordinadora del Ceviha.
“Y por lo tanto un mayor costo monetario para alcanzar esa energía”, complementó.
Cuando no hay posibilidad de acceso formal a la energía “aparecen las instalaciones precarias, como colgarse de la luz”, y métodos alternativos de calefacción “que en general implican mayor riesgo”, evaluó la arquitecta. El incendio “pasa a ser un episodio visible de una vulnerabilidad previa que está compuesta por varios factores”, sostuvo. Antes de que se produzca el incendio “en la vivienda seguramente están pasando frío, filtraciones de humedad” que afectan las condiciones de salud y habitabilidad “y se evidencian en problemas antes de llegar a este evento más visible”, analizó la arquitecta.
La sociedad visualiza “la precariedad concentrada en los asentamientos irregulares de la periferia, pero también hay situaciones de precariedad en las áreas centrales de la ciudad”, desarrolló Anzalone. Hay una “precariedad dispersa”, ya sea en pensiones u hogares “que a veces no tienen posibilidades económicas de mantenimiento”, evaluó.
Las cuadrillas de bomberos que más trabajan son las de la periferia en los barrios “Belvedere por la calle Llupes, la de Casavalle por Aparicio Saravia, y la de Maroñas por General Flores”, relató el vocero de Bomberos.
El cuartel Centenario para los barrios Centro y Cordón “trabaja mucho en rescates en altura por los edificios” y con las pensiones en Ciudad Vieja “donde sucede que se nuclean muchas familias usualmente más vulnerables”, acotó.
En última instancia, aparece el problema de las humedades en Uruguay “que es un país de bastante lluvia y con frío intenso en invierno”, y se generan condensaciones interiores “con hongos que provocan enfermedades respiratorias”, resaltó Anzalone. Se trata de un problema repetitivo que “las vivienda que no cumplen con las condiciones de aislamiento necesarias” y que en algunos casos “no se diseñan aprovechando el asoleamiento y las buenas condiciones de ventilación”, apuntó.
El sistema de salud
El médico familiar y comunitario Adán González[1] trabaja en la policlínica de Capitán Tula, en Piedras Blancas. Desde su experiencia en el territorio apunta que no solo hay quemaduras por incendio sino que “en invierno llegan quemaduras por agua hirviendo en las bolsas que se ponen para calentar la cama, es una constante”.
Aparecen “quemaduras de miembros inferiores de primer y segundo grado” con la piel rojiza o con algunas ampollas “y algunas veces con quemaduras más profundas”, acotó Gónzalez. En segundo lugar están “las quemaduras por fuego directo al cocinar en lugares pequeños”, donde las ollas están a mano “y los gurises manotean el mango o un sartén”, añadió.
“En un movimiento brusco con una olla con agua caliente o de frituras suceden las quemaduras” que también afectan frecuentemente a las mujeres quienes “cocinan en los barrios”, describió. “A eso se le debe sumar el modo de calefacción” con estufa a leña “donde lo más probable es que lleguen intoxicados por humo”, y si usan gas “y no abren la ventana, porque entra un chiflete, está el problema del monóxido de carbono”, comentó. “Las condiciones de hacinamiento a veces hacen que pasen estas situaciones”, resaltó el doctor.
En el caso de la utilización de aceleradores como gasolina o alcohol para encender fuego “por lo general se expone el torso y la cara con quemaduras graves o incluso fatales en la vía aérea”, explicó el bombero. En caso de que se respire la llamarada “la quemadura puede alcanzar a la boca, la faringe, laringe, esófago e incluso los pulmones”, apuntó Camejo.
Anticipar
“La idea de prevención aportando información responsabiliza ‘al mal ciudadano’ por los descuidos, pero hay que mirar los condicionantes”, reforzó la socióloga. Este supuesto subyacente hace “que las campañas de salud pública, de educación para la salud y de prevención terminen fallando o no logrando cumplir sus metas”, ahondó Barbero.
“No se le puede decir a una persona que vive sin nada, que tiene que estar en mil cosas a la vez, cuidando a cuatro gurises, a su madre o amamantando a un bebé que es descuidada, eso es éticamente reprochable”, sentenció.
A nivel del primer nivel de atención, de las policlínicas, “las pediatras educan muchísimo sobre la primera infancia con los accidentes en el hogar” para evitar que “los gurises lleguen a los enchufes o terminen con quemaduras”, explicó el doctor González. “Pero no alcanza si tenés una instalación eléctrica deficiente. Las condiciones mínimas de vivienda regular, digna, es la que debíamos tener como escalón básico”, evaluó.
“Las personas tienen la información, la entienden, pero es difícil llevarla a la práctica”, acotó el doctor. Se trata “del piso metafóricamente y literalmente”, las campañas no son acordes “a la realidad de estas personas”, concluyó Barbero.
[1] El doctor González también trabaja en la Unidad Académica de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Medicina, junto a la socióloga Barbero.