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Política mentiras | posverdad |

EN LA ERA DE LA POSVERDAD

Hay más mentiras que homicidios

Un alerta de "agencias de inteligencia extranjeras amigas" puede más que los hechos y dan pie a las mentiras de un inefable ministro

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Caras y Caretas Diario

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Ya hemos escrito sobre esto, pero parece ser un tema inacabable. ¿Qué es la posverdad? La posverdad se refiere a que los hechos objetivos y reales tienen menos credibilidad o influencia que los sentimientos y creencias de los individuos al momento de formular una opinión pública o determinar una postura social.

Dicho de otra manera, la posverdad es una distorsión de la realidad que se hace de manera deliberada. Se emplea para señalar aquellos hechos en los que son más influyentes los sentimientos o creencias personales que los hechos en sí mismos.

En realidad son afirmaciones falsas, opinables, distorsionadas, que ignoran los hechos o al menos los menosprecian o los deforman para construir una nueva realidad. Lo ficticio toma una altura que sustituye lo verificable.

Por ejemplo, un avión venezolano-iraní pretende aterrizar en Montevideo para reponer combustible y un ministro de Defensa lo impide argumentando haber desarticulado un operativo terrorista. No importa que el avión hubiera sido vendido a Venezuela ni que hubiera cargado de México a Argentina piezas de autopartes para Volkswagen y cigarrillos desde Paraguay a Aruba.

Ni el avión ni los tripulantes estaban requeridos por autoridad alguna y, por el contrario, había sobrevolado un montón de países sin inconvenientes. Un alerta de “agencias de inteligencia extranjeras amigas” puede más que los hechos y dan pie a las mentiras de un inefable ministro, que postulándose para Presidente se presenta como un sagaz funcionario que neutralizó un riesgo inminente de una confabulación terrorista

Los especialistas relacionan el uso del término posverdad con los diferentes acontecimientos políticos que han ocurrido en los últimos años.

Se recuerda que Donald Trump pretendió imponer la idea de que su contrincante había obtenido su triunfo con un fraude en las elecciones. Habiendo agotado los argumentos estadísticos, matemáticos, sociológicos y electorales, construyó la idea de que nadie con la cara de Joe Biden podía haber obtenido tantos millones de votos como para obtener la victoria.

Hoy mismo el diario El País publica la noticia de que existe gran preocupación sobre la salud de Putin. Se trata de un cable de AFP, desde París, y afirma que rumores hablan de que se extraería sangre de los cuernos de ciervos siberianos para bañar a Putin con el propósito de aumentar su esperanza de vida y mejorar su desempeño sexual.

Dicho método habría sido recomendado por el ministro de Defensa de Rusia, que, al igual que nuestro ministro, cree ser pediatra. También relata El País que Putin en alguno de sus viajes es acompañado por agentes -presumiblemente de la inteligencia estratégica- que van al baño detrás del presidente Ruso para recoger muestras de sus heces para que nadie pueda analizarlas y descubrir sus enfermedades.

Esta semana, como casi todas, hay más mentiras que homicidios. Graciela Bianchi se destaca como la más creativa. En pocos días mostró una foto falsa del presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, acompañado por el narcotraficante Pablo Escobar.

No había tenido tiempo de rectificar su mentira que lanzó otra aun más venenosa: que la esposa del exfiscal de Corte Jorge Díaz era fiscal de delitos sexuales y violencia de género. El desmentido del Dr. Jorge Díaz no se hizo esperar porque su pareja no era fiscal, ni lo había sido ni era funcionaria judicial. En este caso, pidió disculpas, diciendo que se equivocó de fiscal.

La capacidad de mentir o crear una falsa realidad no es solo una aptitud de los políticos o de los periodistas o de las redes o los medios. También de otros personajes que pretenden confundir con propósitos más o menos ocultos. El presidente de la AUF, Ignacio Alonso, y alguno de los dirigentes del fútbol salieron a la prensa a festejar que en los tres amistosos de la selección jugados recientemente se habían ganado, por su televisación, 300.000 dólares, mucho más de lo que se había obtenido hace uno meses cuando la emisión televisiva de otros tres amistosos fueron comercializados con Tenfield y Antel.

En Caras y Caretas hicimos un pormenorizado análisis de los datos que nos suministraron la AUF, funcionarios de confianza del propio presidente, gente allegada al mismo, dirigentes del fútbol, autoridades de Antel y de la empresa Tenfield, y resulta evidente que los números de Alonso están distorsionados porque se omite mencionar los gastos que fueron muchos y no se contabilizan. Alonso ni se molestó en desmentir lo informado, sino que reiteró su mentira en varios medios de manera de dejarla instalada como verdad. Tampoco habló de lo que reclaman algunos clubes profesionales que cuando les preguntábamos sobre los tres amistosos nos decían que dijéramos también que por derechos de televisación y por el sponsoreo de Puma la AUF recibió en los últimos siete años más de 40.000.000 de dólares y los clubes no recibieron nada.

Es decir, las mentiras se asumen como si fuesen verdad porque así se sienten o se asumen como reales porque una gran colectividad las cree como verdaderas.

Lo mismo ocurrió o está ocurriendo con los campos de Manini. Todo el mundo sabe que Manini no es una persona que tenga mucho apego a la verdad y también es obvio que no se siente colono. Pero, sin embargo, los hechos dicen que sí es colono y el Departamento Jurídico del Instituto de Colonización también lo cree. El general se cree un tigre, pero cuando se mira en el espejo, es gato

Llega el fin de semana y el presidente de Antel nos dice que luego de la “portabilidad numérica, Antel” tiene 25.000 clientes más, pero un informe de Ursec dice que perdió clientes en beneficio de Claro y Movistar, que los ganaron a costa de los que perdió Antel. No me mientas más, Gurméndez .Cuando la mentira se vuelve hipocresía, es hora de jugar con la verdad.

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