Castellano dijo que como es de público conocimiento, Uruguay atraviesa un momento trascendente “se está discutiendo nada más ni nada menos que la ley madre de cualquier gobierno, que es el Presupuesto Nacional. Un presupuesto que tiene gran trascendencia porque abarca la perspectiva y la estrategia de un nuevo gobierno que se instala, y además debe proyectarse nada menos que para cinco años, en un mundo tan cambiante. Por lo tanto, su importancia es indiscutible”.
La importancia del Presupuesto Nacional
En tal sentido expresó que la primera reflexión que corresponde hacer es si resulta relevante que el país tenga o no tenga presupuesto. “A veces se instala el debate de que, si no se vota, el país no se hunde. Yo soy ferviente partidario de que no es lo mismo que exista o no presupuesto. Es vital que Uruguay cuente con uno. Esto se puede comparar con la negociación colectiva: algunos dicen que, si no hay convenio, hay decreto. Pero yo soy defensor de la negociación colectiva, porque siempre es mejor que un decreto”. Del mismo modo, si no hubiera presupuesto, “el país tendría que seguir funcionando con el aprobado en el gobierno anterior, en la última Rendición de Cuentas, lo cual impediría que se implementaran estrategias de desarrollo o reasignaciones presupuestarias”. En tal sentido agregó que “no podrían concretarse los incrementos que plantea un nuevo presupuesto. Por eso, la primera reflexión es clara, no da lo mismo que Uruguay tenga o no tenga presupuesto. Es imperioso que lo tenga, aunque el escenario sea complicado o complejo”.
Una segunda reflexión tiene que ver con las condiciones en que se discute este presupuesto. “Estamos frente al déficit fiscal más importante de los últimos treinta años. El estado de las finanzas públicas es delicado, con un peso muy significativo de la deuda y del déficit. Esto significa que nos encontramos en el peor escenario de las últimas tres décadas para debatir un presupuesto, por las restricciones que implica. No se trata de la misma situación que en otros momentos, cuando había mayor margen de maniobra. Esto es multicausal, pero está claro que esta nueva administración heredó compromisos financieros asumidos por la anterior, lo que complejiza aún más la discusión”.
Una tercera reflexión, a la que hizo mención Castellano, se refiere es que el presupuesto tiene orientaciones compartibles. “Si analizamos los objetivos planteados, vemos que están alineados con los grandes problemas nacionales: la pobreza infantil, la seguridad, la educación, la vivienda y la salud”.
Dijo que hay que tener presente, además, que desde la salida de la dictadura es la primera vez que un gobierno no tiene mayoría parlamentaria para aprobar un presupuesto. “Esto obliga a negociar cada punto en un Parlamento en el que los sectores conservadores o de derecha tienen mayoría, lo que genera dificultades adicionales”.
Para Castellano este presupuesto no es igual al anterior. Decir que es “más de lo mismo” sería un error. “El anterior comenzó con un ajuste fiscal que recayó sobre los trabajadores, tres años de pérdida de salario real en la negociación colectiva, descuentos transitorios a los funcionarios públicos mediante la contribución para el COVID, y la eliminación del 2% de devolución en compras con tarjeta”.
“Aquel presupuesto descargó el peso del ajuste sobre los trabajadores y la sociedad en su conjunto. En cambio, el actual no se basa en esas premisas, el ajuste que necesariamente debe realizarse recae en sectores con ingresos extraordinarios de capital o inversiones. No se plantea la rebaja salarial, sino aumentos impositivos a grandes transnacionales con alta facturación en millones de dólares y a depósitos en el exterior”, detalló el director del Cuesta Duarte. “Por tanto, no corresponde comparar este presupuesto con el anterior. Sus características y concesiones son diferentes. Si tomamos en cuenta que es bueno que haya presupuesto, que el contexto de elaboración es el más restrictivo en 30 años y que los ajustes fiscales recaen en sectores de renta alta y no en los trabajadores, estamos ante un presupuesto mejor que el anterior”.
Sin embargo, esto no significa que no tenga insuficiencias, algunas de ellas preocupantes. “Aunque su orientación es positiva y se reconocen los esfuerzos, los recursos destinados siguen siendo insuficientes en áreas centrales como la reducción de la pobreza infantil, la educación y la seguridad. Incluso con acuerdos de empate salarial por dos años en el sector público, las partidas no alcanzan”.
Castellano agregó que el primer paso para mejorar sería reasignar partidas en el Parlamento, aunque esa es una tarea extremadamente difícil, porque supone sacarle a uno para darle a otro. “El gran dilema aparecerá en las próximas rendiciones de cuentas, ¿podrá Uruguay atender las demandas sociales y las expectativas de la gente en estas condiciones o será necesario reabrir el debate sobre recursos y tributación?”, señaló. Allí vuelve a plantearse la propuesta del PIT-CNT, de que los sectores más ricos aporten un 1%. El gobierno la descartó, pero el tema está instalado y forma parte del dilema a resolver.
“Estamos, en definitiva, ante un presupuesto que no es más de lo mismo. Tiene limitaciones importantes, pero también plantea un desafío, si el país podrá sostener una senda que atienda las demandas sociales o si deberá introducir nuevos ajustes. ¿Será posible crecer al 2,5% anual como está previsto? ¿Alcanzará con la inversión? ¿O habrá que discutir nuevas formas de tributación?”
Discusión sobre los impuestos
Por otro lado señaló que durante la campaña electoral aparecieron sorpresas.“Se hablaba de un déficit fiscal que no coincidía con la realidad. Uruguay siempre tuvo una tradición de confiabilidad en sus números, pero en esta oportunidad hubo manipulación contable, sobre todo en el traslado de deuda entre administraciones. Los números siguen siendo confiables; lo que falló fue la manipulación y la falta de atención frente a esa posibilidad. Es una lección que debe aprenderse”.
Remarcó, no obstante, que lo positivo es que el debate tributario dejó de ser un tabú. “En Uruguay se había instalado la idea de que discutir impuestos era un pecado. Hoy eso está cambiando. Incluso el actual gobierno, que prometió no modificar la carga tributaria, terminó haciéndolo. La diferencia con la administración anterior es clara: aquella ajustó con medidas que afectaron directamente a los trabajadores, mientras que ésta concentra los cambios en los sectores más pudientes, aunque siguen siendo cambios tímidos”.
Para Castellano, el verdadero debate es qué priorizar: “si cumplir estrictamente con el déficit sin aumentar impuestos, aunque eso signifique postergar los reclamos sociales o si por el contrario, atender esa emergencia social aún a costa de incrementar los recursos. Y todos sabemos que esos recursos solo pueden obtenerse con crecimiento económico, por endeudamiento o con una mejora en la recaudación tributaria”.
Lentitud en Consejos de Salarios
En cuanto a la ronda de Consejos de Salarios, afirmó que la situación es preocupante. “A dos meses de haber comenzado, el proceso es muy lento y con pocos acuerdos concretados. Hay una actitud sistemática de los sectores empresariales de no negociar, van a las mesas solo a cumplir con el trámite, sin llevar propuestas ni mostrar disposición a alcanzar acuerdos”, y ello “afecta especialmente al comercio, a la industria manufacturera y a los servicios”, agregó.
“El Poder Ejecutivo presentó pautas mejores que las anteriores, pero con incertidumbres que deben discutirse. Además, hay reclamos pendientes que no son solo salariales, como el Sistema de Cuidados, las cláusulas de igualdad de género y la reducción de la jornada laboral”. En tal sentido, dijo que El PIT-CNT espera que en octubre se “acelere el proceso” y se pueda llegar a fin de mes con un panorama más despejado. Para ello, convocará a una movilización a fines de octubre que ayude a destrabar la situación y alcanzar acuerdos en noviembre.
El mundo y la región
Por otra parte, Castellano se refirió a que el mundo atraviesa una situación extremadamente compleja, probablemente una de las más difíciles de las últimas décadas. “Se han instalado discursos de odio, racismo, guerras, exterminios y genocidios, incluso en el nivel de discursos presidenciales en las Naciones Unidas. Esto genera desorientación y resignación en la gente, que tiende a refugiarse en salidas individuales, pero es necesario reafirmar que existen salidas colectivas, como sociedad, como trabajadores, como sindicatos. Esa es una discusión que debemos profundizar, porque el mundo no es complejo ‘para mejor’ sino para peor. A ello se suma la aceleración de los cambios tecnológicos y científicos, que ponen en debate la propia organización del trabajo”.
En cuanto a la región, dijo que la situación también es contradictoria. “Por un lado, se observa una agresividad inédita por parte de Estados Unidos y de la política de Donald Trump con actitudes antidemocráticas e injerencistas, como el despliegue de una flota en el Caribe o las sanciones a Brasil porque la justicia no perdona a Jair Bolsonaro. Y estas son situaciones de una agresividad pocas veces vista”.
Por otro lado, señaló que “modelos que se presentaban como panaceas, como el de Javier Milei en Argentina, muestran fracasos contundentes”. Lo que se vendía como soluciones mágicas hace pocos años “hoy recibe el rechazo de la gente, por más millones que Trump ponga sobre la mesa”.
En contraste, “Brasil defiende con firmeza su soberanía, algo posible por su condición de potencia mundial que juega en las grandes ligas. En este escenario, todos estamos expectantes de las elecciones de medio término en Argentina, que darán señales importantes sobre el rumbo de la región”.