La diferencia entre ayudar y transformar
Michelini puso como ejemplo las políticas destinadas a combatir la pobreza infantil y advirtió que una misma iniciativa puede adquirir sentidos políticos muy diferentes según cómo se explique. “Estamos poniendo una torta de dinero por la pobreza infantil. Yo creo que vamos a sacar más pobres de los que el propio gobierno dice, pero no le da la épica”, señaló.
El dirigente contrastó una mirada que presenta la asistencia como una respuesta solidaria ante la situación de quienes menos tienen con otra que identifica las causas estructurales de la pobreza y se propone combatirlas. “Una es: hay que ayudar, es caridad, pobre gente. Otra es: el sistema es injusto, estamos peleando contra el sistema, vamos a doblegar el sistema dentro de lo que nos corresponde, que es Uruguay”, explicó.
Para Michelini, esa diferencia es central para la identidad frenteamplista. No se trata de cuestionar la ayuda social, sino de evitar que las políticas públicas queden reducidas a una respuesta asistencial, desligada de un proyecto de transformación de la sociedad. “La narrativa es muy importante. Llegamos para cambiar el mundo, muchos quedaron por el camino, pero ese sentimiento siempre estuvo”, sostuvo.
La memoria de la dictadura y el orgullo de pertenecer a la izquierda
Al explicar qué entiende por épica política, Michelini recurrió a la experiencia de quienes militaron durante los años previos a la dictadura y bajo el terrorismo de Estado. Recordó las detenciones, las torturas, las desapariciones, los asesinatos y el exilio, y señaló que, incluso en los momentos de mayor soledad, muchos militantes mantenían el orgullo de pertenecer a una causa colectiva.
“En el momento de mayor soledad, en la mayor de las desgracias, te sentías orgulloso de ti mismo, orgulloso por pertenecer a la izquierda, por pertenecer a una causa justa, por pertenecer a un sentimiento que velaba por los demás y no solo por ti”, expresó.
El dirigente contrapuso esa concepción colectiva con una lógica individualista que, a su entender, caracteriza al capitalismo y al mercado. Para él, la identidad de izquierda se construyó históricamente alrededor de la solidaridad y de la búsqueda de una sociedad más justa, incluso cuando alcanzar esos objetivos implicaba enormes sacrificios. Su planteo no supone desconocer las diferencias dentro de la izquierda, sino recuperar un punto de partida compartido: la convicción de que la política debe estar al servicio de una transformación colectiva.
El Estado, el mercado y el papel de las empresas públicas
Michelini también se refirió a la relación entre el Estado y el mercado, y reconoció que la izquierda cometió errores cuando creyó que podía prescindir de los mecanismos de mercado. “Yo creo que una de las cosas que se equivocó la izquierda es pensar que se podía anular el mercado”, afirmó.
Sin embargo, cuestionó la idea de que el mercado, por sí solo, pueda garantizar el acceso equitativo a los servicios y atender las necesidades de toda la población. Para ilustrarlo, recurrió al papel de las empresas públicas y, en particular, de Antel en el desarrollo de la conectividad. “Si no hubiera Antel no tendríamos fibra óptica en todo el país”, señaló, al destacar la importancia de la inversión estatal para extender la infraestructura a localidades donde la rentabilidad comercial puede ser menor.
Según explicó, el mercado tiende a concentrar sus inversiones allí donde puede obtener mejores resultados con menores costos, mientras que el Estado puede asumir inversiones estratégicas que no necesariamente ofrecen una rentabilidad inmediata, pero que resultan fundamentales para el desarrollo nacional. “Cuanto más Estado tenés, más velás por el futuro de todos. Cuanto más mercado tenés, hacés que la economía vaya un poquito más dinámica”, resumió.
Michelini planteó así la necesidad de encontrar una combinación entre ambos ámbitos, sin renunciar a una perspectiva política de izquierda. La discusión, insistió, no debería agotarse en cuánto Estado o cuánto mercado necesita la economía, sino incluir una pregunta fundamental: para qué se toman las decisiones y a quiénes benefician. “La sociedad camina, pero tiene que tener una narrativa de izquierda. ¿Para qué lo hacemos? ¿Por qué lo hacemos?”, interrogó.
Un Congreso del Frente Amplio sin disputas, pero con desafíos políticos
Al comienzo de la entrevista, Michelini valoró el clima previo al próximo Congreso del Frente Amplio y consideró positivo que la fuerza política no lo convierta en un escenario de confrontación interna. “Yo creo que el Congreso viene bien porque, a diferencia de otros países, el nivel político uruguayo es muy alto y la gente entendió que nosotros no debíamos convertir un Congreso en un momento de disputa”, afirmó.
A su entender, el encuentro estará marcado por la unidad y la madurez política, aunque reconoció que ese clima también podría reducir parte de la discusión y de la épica que considera necesaria para la izquierda. Su planteo apunta a que la unidad no implique abandonar el debate sobre los objetivos políticos ni diluir las diferencias que forman parte de la tradición frenteamplista. Para Michelini, el desafío consiste en preservar la cohesión interna sin perder la capacidad de discutir los caminos para avanzar hacia una sociedad más justa.