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Editorial

Dos platos

Queriamos sopa

Por Alberto Grille

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Caras y Caretas Diario

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Pese a que al presidente no le podemos creer mucho porque parece estar en conflicto con la precisión y enredado con la verdad, esperamos que las vacunas lleguen a Uruguay cuanto antes y que los planes de vacunación sean eficaces y extensos. Como bien lo dijo el ministro Daniel Salinas, está en “un lío de órdago”. No es fácil tener que lidiar con un jefe tan presumido, consentido y malcriado como el presidente.

Ojalá que el gobierno se preocupe más por el pueblo y las pequeñas y medianas empresas que le dan trabajo a la gente y menos por el déficit fiscal. Lo reitero para que no haya ninguna duda. Queremos lo mejor para el país y bienestar, prosperidad, educación, seguridad, salud y felicidad para los uruguayos.

Lo deseamos no solo para los trabajadores, los desocupados, los empleados informales, los jubilados y los empleados públicos. También para para los empresarios, pequeños, medianos y también grandes, para los emprendedores, para los productores de la ciudad y del campo, para los hombres y las mujeres, para los policías y los soldados.

La pandemia está que vuela

La realidad es la realidad y no hay cómo ocultarla. Todos los días hay más de 600 casos nuevos de infectados por covid-19 y los informes oficiales indican que en la mitad de los casos se pierde el hilo epidemiológico.

Hay quien afirma que se diagnostican algo más del 30% de los enfermos y quedan sin diagnosticar 500 infectados. Se demoró 279 días en llegar a los primeros 100 muertos,17 días en llegar a los 200 muertos, 15 días en llegar a los 300 muertos y nueve días en llegar a los 400 muertos. De aquí a la primera semana de febrero tal vez se mueran 100 uruguayos más. Y pensar que Pompita dijo que se haría cargo.

No estamos en el podio

Es falso el relato de que estamos mucho mejor que la mayoría de los países. Los números de los organismos internacionales muestran que Uruguay está muy mal y sus contagiados y muertos por 100.000 habitantes están bien arriba.

Nada que ver con las pompitas de jabón que lanzó al aire nuestro presidente hace unos meses cuando alardeaba que estábamos “en el podio”. Es verdad que entre los meses de marzo y octubre el comportamiento de la sociedad, el susto, la responsabilidad de los uruguayos, la madurez del sistema político, de los sindicatos y las gremiales empresariales, la demografía tan particular de Uruguay, el Sistema Integrado de Salud, la fortaleza de la universidad pública y la comunidad científica, la conectividad digital y el sistema de seguridad social lograron ganar tiempo y preparar el sistema de salud para lo que se venía.

Pero ahora estamos como el traste, con cientos de casos nuevos todos los días, con cierta desmotivación de la gente para cumplir las recomendaciones sanitarias y con un creciente deterioro de la situación económica, con disminución del Producto Interno Bruto, aumento del déficit fiscal, caída de las exportaciones en volúmenes y precios, caída del salario, aumento de las tarifas, incremento de la pobreza, la indigencia y la desocupación y, lo que es peor, una ausencia de liderazgo en un gobierno que no consigue convocar a la población para enfrentar unida la crisis que ya llegó.

Vistas así las cosas, el virus se trasmite en la comunidad en forma exponencial y los científicos suponen que quizás se pueda estar peor. Las instituciones de salud piensan que los recursos pueden ser insuficientes.

Gobierno insensible a las demandas sociales. ¡Que se ponga!

Se escuchan voces que reclaman medidas económicas paliativas que permitan a las empresas sobrevivir, a los trabajadores mantener sus fuentes de trabajo y a los más desamparados sobrellevar la crisis con dignidad.

El presidente parece insensible a estos reclamos que no son solo de la oposición, sino de la propia coalición de gobierno e incluso de editoriales de la prensa hegemónica. Los círculos más neoliberales de la coalición de gobierno parecen haberse impuesto. Han subido las tarifas públicas y los gravámenes a los más humildes, han bajado el salario real y las pasividades, han aumentado la inflación y el dólar de manera de favorecer al sector agroexportador. Los otros acompañantes de la coalición de gobierno están encantados de que el mayor costo político lo paguen los herreristas y que sean los encargados de hacer el trabajo sucio.

En suma, asistimos a la imposición de un ajuste fiscal impiadoso de gente que cree a pies juntillas que la reducción del Estado y la baja del salario es lo que va a aportar inversión, prosperidad y trabajo al país. Semejante teoría económica, absolutamente fuera de moda y su aplicación dogmática, ha traído crisis, miseria, inestabilidad social, institucional y política en todos los países en donde se ha aplicado.

También traerá crisis y dolor en Uruguay. Es obvio que uno no quiere que esto suceda, no lo quiere el gobierno, ni la oposición, ni los trabajadores, ni los empresarios ni los sindicatos.
Todos queremos un presente y un futuro mejor para los uruguayos, pero a 11 meses del gobierno de Lacalle Pou, ya se pueden orejear las cartas.
Era mentira que no se iban a subir las tarifas ni los impuestos, era mentira que el gobierno iba a decretar la rentabilidad de los pequeños productores del campo, era mentira que no se iban a tocar el salario ni las jubilaciones, que se iba a terminar la burocracia, los acomodos en el Estado, el abigeato, los homicidios.

Todo eso está peor, hay más pobres, más gente revolviendo los contenedores de basura, más gente viviendo en la calle, más comedores y merenderos, más hambre y más desocupación.
Obvio, esto no es por la pandemia. Todo se sabía antes de que apareciera el maldito virus, cuando adelantábamos que no se podía esperar otra cosa, porque los herreristas ya gobernaron, porque ya conocemos a los Lacalle, porque ya hubo con el padre “motosierra”, corrupción y ajuste fiscal.

Deshojando la margarita: hay vacuna, no hay vacuna

Ahora bien, desde hace una semana el gobierno y el presidente nos quiere encandilar con una nueva novela.

El relato que nos quieren meter es que el presidente y sus dos principales espadas, sacrificando horas de sueño y descanso, se lanzaron con sus mochilas al mercado consiguiendo las vacunas para que los uruguayos nos salvemos del flagelo de la pandemia.

Conste que ya se sabe que se durmieron porque creyeron sus propias mentiras. También se sabe que camarón que se duerme lo lleva la correntada.
Ahora nos dicen que Lacalle consiguió las vacunas y firmó con nadie sabe quién un contrato ignoto amparado en la confidencialidad.

Como consecuencia, la adquisición de la vacuna por Uruguay es la menos transparente, la más oscura, la más cara y la menos segura y confiable de todas las negociaciones del mundo.
Tan confidencial es que el propio presidente no sabe ni cuándo llegan, ni qué cantidad ni si la empresa con que negoció merece confianza.

Es asqueroso que estemos pensando en la falta de cristalinidad de las decisiones presidenciales cuando se trata de la salud de los uruguayos, pero no nos olvidemos de que el gobierno herrerista del padre fue el más corrupto desde el regreso a la democracia y tal vez más corrupto que la propia dictadura.

Es escandaloso que el presidente, sin asesoramiento previo y sin ninguna voluntad competitiva ni en calidad ni en precio, expresara su preferencia por la vacuna fabricada por el laboratorio Pfizer, anunciara que si era preciso viajaría a Estado Unidos a buscarla, destituyera al director de Relaciones Internacionales del MSP y desplazara al ministro Daniel Salinas de las gestiones gubernamentales para la obtención de vacunas, ministro que hasta ese momento había conducido las gestiones con la misma sobriedad, inteligencia y respeto por el asesoramiento científico que ha caracterizado toda su gestión.

El presidente reconoció que en las cláusulas de confidencialidad de los contratos, particularmente con Pfizer-Bio Tech, se incluyen inmunidades jurídicas para el laboratorio y obligaciones para el Estado uruguayo que el presidente justificó en el hecho de que esta vacuna es de una tecnología nueva y está en etapa experimental toda vez que señaló que habían lanzado al mercado en seis meses lo que normalmente tarda seis años. También se informó que el Tribunal de Cuentas había aprobado por unanimidad la operación de adquisición de las mencionadas vacunas.

Sin embargo, Lacalle Pou omitió decir que el Tribunal de Cuentas solamente aprobó la pertinencia del gasto en virtud de una circunstancia notoriamente especial, sin perjuicio de disponer que para la aprobación definitiva debieran presentarse los contratos respectivos que serán por un monto de hasta 120 millones de dólares, constituyendo probablemente la compra directa más grande que se haya hecho en la historia de Uruguay, con condiciones secretas, a un precio excesivo de acuerdo a lo que se ha informado que ha sido en el mundo el costo de estas vacunas.

Habrá que ver qué dicen los mencionados contratos que por ahora no sabemos si están o no firmados, si son verdaderos o pompitas de jabón, en qué se gastarán los 120 millones de dólares y si en este gasto se incluirán los proveedores de equipos de refrigeración, logística, intermediación y honorarios profesionales.

Ayer, Lacalle Pou anunció que los contratos seguirán en secreto. Es de rigor pensar que hay gato encerrado, máxime que Pfizer es, como todos los líderes de las industria farmacéutica, una empresa corrupta sancionada por la Justicia de Estados Unidos por coimas en 74 oportunidades y respondiendo en muchos países del mundo por sobornos e incumplimientos varios.

La negociación de las vacunas es el secreto mejor guardado. Por lo pronto no se sabe lo que se compró, a quién se le compró, cuántas vacunas se compraron y a qué precio, si el negocio se hizo con particulares o de Estado a Estado, si hubo comisiones e intermediarios, cuáles son las condiciones impuestas, que papel jugó Nicolás Herrera en la operación para haber merecido un agradecimiento expreso del presidente, que ese día no hizo el menor reconocimiento a Daniel Salinas, lo que molestó fuertemente a sus socios de Cabildo Abierto.

¿Quién es Nicolás Herrera?

Es el principal de la firma de abogados Guyer & Regules, estudio que representa a numerosas firmas y empresas transnacionales y entidades financieras, químicas y farmacéuticas.
Nicolás Herrera tiene un fuerte vínculo con el Partido Nacional, habiendo sido subsecretario de Economía del gobierno de Luis Lacalle Herrera.
Él y su socio Ramón Díaz, quien era presidente del Banco Central, fueron quienes introdujeron a los hermanos José y Carlos Rhom, dos banqueros argentinos, de antecedentes muy vidriosos a los que el gobierno herrerista les vendió el Banco Comercial de manera que el Estado tuvo que pagarles a los compradores 3 millones de dólares, resultado de un error de Nicolás Herrera en la evaluación de los bienes.

La historia terminó unos años después con una crisis bancaria que llevó a Uruguay a la bancarrota económica, con los hermanos Rhom procesados por estafa, y con la plana mayor de Guyer & Regules emplazados por la Justicia penal, investigados y muy comprometidos por haber participado de una u otra manera en la operativa de la estafa.

Nicolás Herrera salió indemne, pero unos años después aparece representando a Philip Morris en el histórico juicio en que el Estado uruguayo enfrentó a las transnacionales tabacaleras. Nicolás Herrera declaró contra el Estado Uruguayo en dicho juicio.

Hace pocos meses, sin embargo, haciendo caso omiso a la actuación antinacional del referido abogado y su estudio, tengo entendido que el actual gobierno le encomendó la representación del Estado uruguayo contra las empresas panameñas que han entablado un millonario juicio contra nuestro país.

De ambos lados del mostrador, Nicolás Herrera está siempre inclinado para el lado del dinero, con o contra la patria. Cuesta creer que estamos ante un apóstol. Seguir la pista de Herrera es un buen dato para seguir la ruta del dinero sin patria. Con la llegada de Herrera, llega un personaje que tiene una historia nefasta y vuelve a la política un personaje que es pieza principal en la estafa del Banco Comercial y el juicio de Philip Morris.

Huele a azufre

Seguimos sin saber qué pasa con las vacunas. Dice Lacalle que sabemos que en marzo vendrán 2.000.000 de vacunas de Pfizer y el gobierno se prepara para recibirlas adecuando la cadena de frío.

Ojalá sea verdad, aunque me temo que no está todo dicho. Toda Europa está presionando a Pfizer porque el laboratorio con sede en EEUU no está entregando las dosis a las que se comprometió. Alemania y Suecia y la totalidad de la Unión Europea amenazan a Pfizer con embargos y Pfizer parece tener serios problemas para entregar los despachos ya comprometidos en los plazos previstos. En lo que se refiere a la vacuna China, Sinovac, es obvio que Lacalle firmó con alguna empresa que no es el Instituto Butantán y que dijo estar autorizada por la casa matriz en China. Yo tengo aquí un correo de una empresa china que cumpliendo mínimos requisitos, pagar la mitad por adelantado y estando autorizado por el gobierno, entregan en 20 días hasta 10.000.000 de vacunas. De esta propuesta le habló Marcos Carámbula a Lacalle y creo que la tiene en su poder el embajador uruguayo en China.

No es tan difícil conseguir la vacuna china si no la complica Lacalle. Sobre la vacuna rusa es aun peor; Casmu reservó un millón y medio de dosis y el gobierno nunca se puso en contacto con el presidente de la institución, Dr. Raúl Rodríguez.

Lo cierto es que el presidente es menos creíble que Pinocho y la vacuna se ha convertido en un misterio entre mentiras, confidencias, fantasías y secretos.
Podemos estar tranquilos porque nadie se va a quedar sin vacuna. Recordemos que hay un negocio de 120.000.000 de dólares en que el broker se lleva, al menos, cuatro millones. Queríamos sopa; vamos a servirnos dos platos.

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