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Rita Segato pasó por Montevideo

Por Celsa Puente.

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EL lunes pasado, el salón Azul de la Intendencia de Montevideo se vio desbordado: en el marco de la inauguración de las Jornadas de Debate Feminista, el intendente entregó el reconocimiento de Visitante Ilustre de nuestra ciudad capital a la antropóloga feminista argentina Rita Segato.  La galardonada se presentó con sencillez  y humildad y tras recibir su galardón habló por casi una hora y media con profundidad conceptual y gran potencia provocadora, invitándonos a eludir el lugar de la certeza para incomodarnos e ir en búsqueda de las preguntas.

Esa mujer de apariencia sencilla, de discurso intenso entrecortado por ciertas chispas de humor, es una militante de la palabra y de la acción. Lilián Celiberti, representando a Cotidiano Mujer, -una de las entidades organizadoras de las Jornadas-, homenajeó a Rita haciendo alusión a esa encarnadura desde la que sostiene su posición política e interpela el mundo para oponer el proyecto histórico de los vínculos al proyecto histórico de las cosas. Por eso, una buena parte de su reflexión compartida es una invitación a vencer el miedo para echar a andar un conjunto de conversaciones desde donde ejercer la vincularidad: se piensa mejor con otros, escuchando e intentando responder. Su propuesta es también una convocatoria a sospechar de los lugares comunes del pensamiento, salir del cliché para dar lugar a la reflexión genuina.

Así es que fuimos de su mano y, a través de su palabra, atravesamos conceptos como el del corporativismo masculino y su modo de establecerse como cofradía para el ejercicio del poder sobre las mujeres, el colonialismo, la dueñidad de lo masculino y la génesis de los pueblos expresada en sus relatos míticos en los que habitualmente se parte de la infracción femenina y del castigo que se inflige a las mujeres como el inicio justificador de la historia. No es casualidad que estos relatos explicadores del principio de la historia de los pueblos se reproduzcan casi con la misma lógica, -haciendo énfasis en el error femenino-, por los cinco continentes. Por eso, el patriarcado es más que una cultura, es el orden político. Comprenderlo desde esa complejidad es lo único que permitirá deconstruirlo para fundar una nueva forma vincular en la que podamos hacer del mundo un lugar liberador. En este sentido, es también innovadora la mirada de Rita Segato, que se detiene en los hombres, en su sufrimiento, en esa necesidad ineludible de responder a lo que el corporativismo en términos de lealtad les exige, porque la dueñidad duele, pesa, enferma y mata tempranamente. Es tiempo de fundar el FLMM, el Frente de Liberación del Mandato de Masculinidad, nos dice con seriedad, para ayudar a los hombres a salir de una posición que los sacrifica y los destruye.

Mientras la escucho, mis ojos se fijan en el auditorio, una inmensa mayoría de mujeres apenas interrumpida por algunos -muy poquitos- hombres, y siento, puedo palpar la atención, la concentración en el acompañamiento de cada razonamiento, de cada idea, de cada propuesta. Sé que está inaugurado este proceso de despatriarcalización, pero no me engaño, aún falta. “Todos somos machistas en recuperación”, me dijo alguna vez alguien cercano y siento que ese lunes pude palparlo como un deseo latente en esa multitud de mujeres enunciándose desde una presencia comprometida derramada en el espacio disponible de la sala. Hay muchos feminismos, nos dice Rita Segato, y eso es bueno porque los pluralismos son necesarios en una democracia alertándonos acerca de no caer en el engaño de una dictadura de las mayorías, convocándonos a defender los pluralismos como verdaderos modos de expresión de lo democrático. Son tiempos estos de enunciaciones y reconstrucciones identitarias, de vínculos que se estrenan y están caprichosamente obstinados en la construcción de la justicia y la igualdad. Ya es tiempo de desactivar los chips que nos programan.

Hay muchos desafíos por delante. Superar esa matriz que durante tanto tiempo funcionó como un modo indiscutido e indiscutible de estar en el mundo no es tarea fácil. “Que la mujer del mañana no sea igual al hombre que estamos dejando atrás” son las palabras del jefe de Policía de El Salvador, evocadas por la conferencista al final de su discurso. Ya no quedan más palabras para compartir por hoy, sin embargo, quedan miles sostenidas en el pensamiento necesario para seguir trabajando en la transformación hacia un mundo más justo. El resto es celebración pura, aplausos, miles de aplausos de pie durante varios minutos.