Era esperable. Hay días en que el encierro me pega más duro. Hace un mes del primer caso de la epidemia de Coronavirus y los números no nos dan tan bien como dicen algunos voceros del gobierno y los medios hegemónicos, particularmente los canales de televisión. Las explicaciones que me dan las personas que he consultado son variadas, pero si comparamos los casos diagnosticados y las muertes a los 30 días del primer caso en Argentina, Chile, Costa Rica, Cuba y Uruguay, en números estamos peor que casi todos ellos. Más casos y más muertos por coronavirus por 100.000 habitantes. Si tomamos los primeros quince días nuestros números son peores aún, pero eso sí, está muy influido por los espantosos números que se sucedieron al contagio en el casamiento de Carrasco. Pasada la fiesta y sus consecuencias, nuestros números mejoraron un poco y empeoraron muchísimo los de Chile principalmente. Es verdad, que la curva en Uruguay no es exponencial, sino lineal y eso justifica cierto optimismo. Cuando yo digo esto, aparecen las razones que son variadas, que somos un país chico y muy despoblado, que desde los primeros días se suspendieron las clases, que como somos muy responsables cumplimos todas las recomendaciones, que se hacen pocos test y sin un protocolo bien diseñado, que marzo y abril fueron secos y cálidos, que los primeros casos fueron casi explosivos a partir de una persona o varias, que llegaron infectadas a un casamiento con una lista de invitados muy precisa que permitió identificar el foco y todos los contactos rápidamente, y diagnosticar un número importante de casos que hicieron que en las primeras semanas la curva se manifestara como un crecimiento exponencial.
Hacete socio para acceder a este contenido
Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.
ASOCIARMECaras y Caretas Diario
En tu email todos los días
Todas estas opiniones son bastantes razonables y tal vez, justifican el comportamiento epidemiológico de ésta crisis sanitaria que ya está instalada en la comunidad.
Pero por más peculiaridades que busquemos no somos tan distintos que los modelos epidemiológicos aceptados durante 100 años y hay suponer que Uruguay no será la excepción que confirma la regla y el Coronavirus se hará sentir.
Por eso soy pesimista. Creo que lo peor no pasó y que tenemos que estar alerta, cumplir con las recomendaciones y especialmente con la de quedarse en casa
¿No está influyendo en ésta creencia mi idea de que éste gobierno es incapaz de hacer las cosas bien?
No, yo creo que son bastante improvisados, pero no influye para nada en lo que yo opino del manejo de esta epidemia. Podrían ser mejores, pero podrían ser peores. Categóricamente, no soy hincha del Virus ni considero que en relación a esta epidemia se deba jugar una batalla política. Absolutamente no. Ojalá la curva se aplane, no tengamos la desgracia de que el sistema sanitario colapse , haya la menor cantidad de muertos e infectados, la economía no se resienta y los más humildes no tengan que pagar además con desocupación, inflación y pérdida del salario. Yo no estoy haciendo oposición cuando digo que no se están haciendo las cosas bien y el gobierno amaga a hacerlas peor aún. Es claro que muchos no me van a creer, pero mejor harían, en lugar de imaginar que sólo queremos apedrearle el rancho, disponerse a atender los argumentos porque no soy el único que piensa esto y naturalmente mejor sería que nos equivocáramos.
Ahora bien. Porque no se están haciendo mejor las cosas, no lo sé. No puedo entender que nos lleve veinte días hacer un protocolo que permita unificar criterios de cómo, cuándo y a quiénes hacer un test. Tampoco que se haya anunciado hace más de una semana que se harían 1000 test diarios y sólo se haya logrado hacer seiscientos y tantos test por día. Tampoco que se siga discutiendo que a los pacientes con síntomas y sin contacto se les haga un hisopado. Menos que los prestadores de salud sigan sin conocer como se les pagará los gastos adicionales causados por la epidemia.
No entiendo los motivos por los que informes epidemiológicos son tan escuetos, diciendo sólo la cantidad de casos, la cantidad de muertos, la cantidad de test que se hicieron y los que dieron positivos ese día y el acumulado.
Es más, los informes diarios del Ministerio de Salud Pública o del SINAE dan vergüenza. Para decirlo con delicadeza son muy, pero muy, modestos.
Dejemos de lado que somos el único país en el mundo en que los casos disminuyeron en el acumulado, dos días seguidos con el argumento tan poco profesional de que hubo como 40 casos que se contaron dos veces.
¿Porque no se informa cuántos test se hicieron a solicitud de una persona en un análisis particular realizado por curiosidad, cuántos por indicación médica con sintomatología compatible y con o sin contacto con un caso ya diagnosticado, cuántos por disposición institucional, estudiando a los posibles contactos en una institución, empresa, cuartel, cárcel, clínica u hospital . También sería útil para sacar conclusiones, cuantos test resultaron positivos en cada caso. Y cuántos test hicieron los prestadores privados, uno por uno y cuántos ha hecho ASSE.
Sería bueno saber cuántos casos hay en cada localidad del interior y cuantos test se hicieron en cada una de ellas. Cuántos en cada barrio de Montevideo, Cuántos pacientes hay hospitalizados, confirmados o sospechosos, cuántos en cuidados intensivos y cuántos en intermedios, cuántos pacientes sintomáticos son vigilados en su domicilio.
Cuántos contactos posibles están individualizados y controlados. Cuántos trabajadores del sector enfermería están diagnosticados, testeados o son sospechosos y cuántos médicos están en las mismas condiciones.
Si éstos y otros datos que reclaman los especialistas, se tuvieran, seguramente comprenderíamos porque las autoridades- o algunas de ellas- manifiestan cierto optimismo.
Habría que informar día a día sobre el número de camas y respiradores disponibles y ocupadas en hospitales públicos y entidades privadas, cuantas camas de CTI hay disponibles y cuantas hay actualmente utilizadas, cuál es el flujo de pacientes que se espera en los próximos meses . Quizás esto último necesite una elaboración mayor porque merece un estudio que deben hacer los que saben y eso no es para mí o el Presidente que, cómo no sabe nada de esto, le informan que se calcula por una regla de tres simple, como en tercer año de escuela y el anuncia en una conferencia de prensa que sólo si tuviéramos 8000 casos se saturaría la capacidad instalada.
Conste que no estoy pidiendo nada exagerado. Mire el lector los informes diarios de los demás países y verá la austeridad de nuestra información. Después de ver , por ejemplo el informe del MINSAP de Chile, a los cara de piedra que nos hablan de transparencia se le quiebra el granito en mil pedazos.
Esto es uno de los tantos disparates que los jerarcas atribuyen a sus asesores que, obviamente, también están muy influidos por visiones políticas e ideológicas…tal vez demasiado y sin duda mucho más que yo.
También me tiene un poco aburrido el aislamiento social y por eso a veces se nos puede ir la mano con las críticas. Pero me parece que al Presidente y a su núcleo duro les entró un poco de ansiedad porque pasan los días y su proyectos restauradores se disuelven en el aire como pompitas de jabón. Eso lo veo en los editoriales de El País que dicen todos los días que no hay que olvidarse que después de la tormenta viene el ajuste y que no hay que dejarse presionar por los que “todavía no han reconocido la derrota”. También lo veo en los que recuerdan que cada día que pasa nos aproximamos al “DIA D” , pero también en el Presidente que anuncia el próximo envío de la Ley de Urgencia, y se reúne con el que se viste con la “malla oro”, la Corporación de Cámaras Empresariales, que lo incita a que se apure a poner primera para que el motor agarre velocidad aunque eso cueste algunos miles de enfermos más y también, porque no, algunos muertos.
Es verdad que la ansiedad se justifica. Lacalle Pou ha tenido mala suerte y no ha podido implementar su programa de ajuste, su caballito de batalla. No pudo bajar las tarifas públicas (tuvo que subirlas), ni enviar la LUC al parlamento, su proyecto estrella. A poco más de un mes de asumido el gobierno Isaac Alfie no ha podido ahorrar nada, es también cierto que con la excepción de la devaluación de dólar no ha dado ninguna satisfacción de la que le pedían sus votantes de Un solo Uruguay. Por el contrario, el gobierno subió las tarifas más o menos un 10% y ha anunciado que las obras de U.P.M. van a seguir.
Tal es el sacudón que Arbeleche y Manini dicen que se no se sale con Friedman sino con Keynes…..
A no olvidarse, el otro anuncio confirmado es la alineación del gobierno con la política exterior de los Estados Unidos.
Ahora vamos a hablar de las declaraciones del Dr. Miguel Asqueta. Este Médico de Carmelo, ex diputado, es del Herrerismo, no es de Cabildo Abierto como el Ministro. Es blanco y juega de 9. Por ahora, el Ministro, como que juega de golero.
Asqueta fue claro. La estrategia es apostar a la inmunidad de rebaño, es decir a que en un proceso lento, el 70 por ciento de la población se enferme y la sociedad se inmunice.
Si lo asesoran matemáticos, epidemiólogos, biotecnólogos y otros profesionales calificados, nos podrán informar ¿cuál es la curva que proyectan, cuánto meses piensan que tardará llegar a un 60% de la población inmunizada, cuántos test realizarán, cuántos infectados, cuántas internaciones y cuántos muertos ?. Infórmenlo, si es necesario háganlo a la baja, el mínimo. La curva más plana y la menor cantidad de infecciones. Para que podamos creer que evalúan una idea posible, o al menos imaginable.
Tal vez entendimos mal al Dr. Miguel Asqueta cuando nos recuerda que habrá enfermos y por consiguiente muertos también.
Pero cuántos muertos? Y quiénes? ¿Cuántos ataúdes encargamos? Porque si se muere un niño, aunque la infecciones de los niños parece ser más leves, no se lo perdonará Asqueta ni se hará cargo el Presidente.
La gente debería saberlo. Asqueta y sus asesores están haciendo un experimento que en algunos lados ha dado resultados desastrosos. Con el SUNCA vaya y pase porque los trabajadores de la Construcción se saben defender muy bien. Pero con los niños de las escuelas rurales no hay que hacer un experimento. ¿Para qué? ¿Y si sale mal que hacemos?