Es importante para el usuario común, la respuesta corta es: si la plataforma donde tenés tus cripto está autorizada, hay alguien que la controla. No elimina el riesgo de que el precio se desplome (eso no lo arregla ninguna ley), pero sí reduce el de que la empresa desaparezca con tu plata. Para el país, significa que el sector sale de la zona gris y pasa a funcionar con una lógica parecida a la de los corredores de bolsa. Eso da previsibilidad a las empresas que quieren instalarse acá.
Pero existen algunas dudas y críticas y posibles demandas de cambios. No todos están conformes. La crítica más repetida es el costo. Un millón de UI más garantías es poco para un exchange internacional, pero mucho para una startup uruguaya que recién empieza. El riesgo es que el mercado quede en manos de los jugadores grandes de afuera.
Otra discusión tiene que ver con la tokenización, es decir, convertir en fichas digitales cosas del mundo real, como un apartamento o un rodeo. La norma deja afuera a los tokens que funcionan como valores (acciones, bonos y similares), que van por otro carril, el del mercado de valores, todavía sin reglamentar en detalle. Hasta que esa frontera quede clara, muchos proyectos no saben bien qué reglas les tocan. Además, un corredor de bolsa no puede sumar servicios cripto bajo la misma empresa: tendría que abrir otra. Es una decisión prudente, pero agrega estructura y costos. Y de fondo sigue la vieja tensión con los bancos. Desde la Cámara Uruguaya de Fintech vienen diciendo que la verdadera pelea de la industria es con el sistema financiero tradicional. Habrá que ver si tener una licencia del BCU ayuda a las plataformas a que los bancos les abran las puertas. El propio Banco Central lo presenta como un primer paso, con ajustes previstos a medida que el sector cambie. El plazo general para que todo esté en regla vence el 30 de junio de 2027.