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una nueva realidad

BCU ya tiene reglas para las cripto

Se suman auditorías de sistemas, un responsable de seguridad informática independiente, controles contra el lavado y un tope diario de U$S 1.000 por cliente en los cajeros automáticos de cripto.

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Durante años, comprar bitcoin en Uruguay fue algo así como manejar por una calle sin semáforos. Se podía, nadie lo prohibía, pero tampoco había nadie mirando. Eso se terminó en julio, cuando el Banco Central del Uruguay (BCU) publicó la Circular 2507 con las reglas para las empresas que trabajan con activos virtuales. La norma no regula a las criptomonedas en sí. Regula a quienes ofrecen servicios con ellas: las plataformas donde se compra y vende, las billeteras, las empresas que guardan cripto a nombre de sus clientes o hacen transferencias. El BCU las llama PSAV (Proveedores de Servicios de Activos Virtuales).

Lo que tienen que hacer ahora es primero, pedir permiso. Desde el 1° de setiembre las empresas pueden presentar su solicitud de autorización. Las que ya venían operando tienen hasta el 31 de marzo de 2027 para hacerlo, y pueden seguir funcionando mientras el BCU estudia el caso. Las nuevas no pueden arrancar sin el sí del regulador. Segundo, poner plata sobre la mesa. Todas deben dejar una garantía de 600.000 Unidades Indexadas a favor del BCU y un depósito de 50.000 UI. Las que custodian activos de clientes, además, necesitan un patrimonio mínimo de un millón de UI, que hoy anda por encima de los 150.000 dólares. Tercero, no mezclar. La plata y las cripto de los clientes tienen que estar separadas de las de la empresa, y anotadas de forma que, si la plataforma quiebra, los ahorros de los usuarios no entren en la bolsa de los acreedores. También hay límites para cuánto tiempo puede quedarse una plataforma con el dinero de un cliente.

También se suman auditorías de sistemas, un responsable de seguridad informática independiente, controles contra el lavado de dinero y un tope diario de 1.000 dólares por cliente en los cajeros automáticos de cripto. Cuando se transfieren activos, hay que identificar a quien manda y a quien recibe, igual que en una transferencia bancaria internacional. Un detalle técnico que simplifica: antes se distinguía entre activos virtuales "financieros" y "no financieros". Esa división desapareció y ahora todos juegan con las mismas reglas.

Es importante para el usuario común, la respuesta corta es: si la plataforma donde tenés tus cripto está autorizada, hay alguien que la controla. No elimina el riesgo de que el precio se desplome (eso no lo arregla ninguna ley), pero sí reduce el de que la empresa desaparezca con tu plata. Para el país, significa que el sector sale de la zona gris y pasa a funcionar con una lógica parecida a la de los corredores de bolsa. Eso da previsibilidad a las empresas que quieren instalarse acá.

Pero existen algunas dudas y críticas y posibles demandas de cambios. No todos están conformes. La crítica más repetida es el costo. Un millón de UI más garantías es poco para un exchange internacional, pero mucho para una startup uruguaya que recién empieza. El riesgo es que el mercado quede en manos de los jugadores grandes de afuera.

Otra discusión tiene que ver con la tokenización, es decir, convertir en fichas digitales cosas del mundo real, como un apartamento o un rodeo. La norma deja afuera a los tokens que funcionan como valores (acciones, bonos y similares), que van por otro carril, el del mercado de valores, todavía sin reglamentar en detalle. Hasta que esa frontera quede clara, muchos proyectos no saben bien qué reglas les tocan. Además, un corredor de bolsa no puede sumar servicios cripto bajo la misma empresa: tendría que abrir otra. Es una decisión prudente, pero agrega estructura y costos. Y de fondo sigue la vieja tensión con los bancos. Desde la Cámara Uruguaya de Fintech vienen diciendo que la verdadera pelea de la industria es con el sistema financiero tradicional. Habrá que ver si tener una licencia del BCU ayuda a las plataformas a que los bancos les abran las puertas. El propio Banco Central lo presenta como un primer paso, con ajustes previstos a medida que el sector cambie. El plazo general para que todo esté en regla vence el 30 de junio de 2027.