Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Columna destacada | audacia |

TURISMO DE GUERRA

Cuando falta audacia, sobra sumisión

Si con tres monedas Israel logra tener a disposición a legisladores de otro país, es inimaginable lo que logrará cuando distribuye millones de dólares.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Al menos eso parecía la invitación que hizo el régimen criminal israelí a políticos uruguayos. La oferta fue rechazada dignamente por la bancada frenteamplista; pero vilmente aceptada por ocho senadores, cuatro diputados y un intendente de la Coalición Republicana. Concretamente, la delegación que fue a respaldar al régimen genocida estuvo integrada por los senadores Sebastián da Silva, Graciela Bianchi, Carlos Camy, Rodrigo Blás, Javier García (Partido Nacional), Andrés Ojeda, Robert Silva, y Tabaré Viera (Partido Colorado), los diputados Juan Martín Rodríguez (Partido Nacional), Walter Verri, Fernanda Auersperg (Partido Colorado), y Álvaro Perrone (Cabildo Abierto) y el intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez (Partido Nacional).

La foto en la que están agrupados en torno a la bandera uruguaya en tierras del opresor dejó a nuestro país en una lamentable postura frente al mundo civilizado.

Y como favor con favor se paga, el senador Andrés Ojeda ya está proponiendo declarar terroristas a todas las agrupaciones heroicas y patriotas que se atreven a enfrentar al régimen sionista. Por su parte, el diputado nacionalista Juan Martín Rodríguez propone reanudar el convenio de la ANII con la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Si con tres monedas Israel logra tener a disposición a legisladores de otro país, es inimaginable lo que logrará cuando distribuye millones de dólares.

Hace poco se le preguntó al expresidente Julio María Sanguinetti qué opinaba de bajar el sueldo al presidente y legisladores. Sostuvo que no tener una remuneración adecuada para ministros y legisladores llevaría a que la política sea acaparada únicamente por “bandidos” o por personas ricas. Agregó que, “si se quiere una democracia barata, se tendrá una democracia barata”. Pues bien, hace mucho que venimos pagando fortunas a nuestros jerarcas y, sin embargo, no hemos logrado evitar que varios bandidos llegaran alto, y la verdad es que, salvo excepciones, tenemos una democracia cara con una política barata.

Señales

En su visita a Uruguay, la jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha dicho que Uruguay “está haciendo las cosas bien”. Y es cierto, si consideramos la estabilidad económica y austeridad. Sin embargo, este elogio, viniendo de quien viene, da para preocuparse; pero peor aún es que le reclamara a este Gobierno “más audacia”. A ver, que la representante de nada menos que el Fondo Monetario Internacional nos pida más audacia significa que nuestro equipo económico se pasó de conservador.

Como sea, coincido. Necesitamos audacia para reducir nuestras Fuerzas Armadas de una manera progresiva, inteligente y no traumática. Necesitamos audacia para implementar un sistema impositivo más justo y una política distributiva más humana. Necesitamos audacia para pensar y poner en marcha de urgencia una revolución educativa, apostando con todo a la ciencia y la tecnología antes de que la IA se lleve al carajo cientos de miles de empleos. Necesitamos audacia para reducir drásticamente los privilegios de los jerarcas políticos. Necesitamos audacia para cumplir la palabra dada tras el Diálogo Social en lo referente a las AFAPs.

La pata más floja del Gobierno

Necesitamos audacia para cambiar, más que al ministro, la política exterior. Y es que de nada serviría sustituir a Lubetkin por Juan de los Palotes si la línea sigue siendo la misma. Es imperioso que el presidente comprenda que dicha línea está provocando destrozos en el ánimo de la militancia frenteamplista. Y eso al margen de que la línea económica persiste en administrar el modelo heredado aplicando apenas algunos retoques. Como bien ha escrito Federico Fasano en estas páginas, el “extremo centrismo” nos está sepultando.

Óscar Bottinelli me contó una anécdota hace unos meses. El rey de España llamó al presidente Adolfo Suárez y se entabló (palabras más, palabras menos) el siguiente diálogo:

-Adolfo, ¿qué estás haciendo?

-¿Por qué, su majestad?

-Estás gobernando para la derecha. Deja que de eso se encargue el príncipe. Ocúpate de la izquierda, que la estás perdiendo.

Uruguay debe hacer sentir su voz en el concierto internacional, ya que, aunque chico, siempre ha tenido una opinión valorada. Hoy es intrascendente. Peor aún: ningún país de izquierda piensa en nosotros como aliados en circunstancias donde hay que tomar partido.

Podemos comprender que somos un país chico con una economía dependiente y es conveniente ser cautelosos; pero la cautela no debe confundirse con sumisión ni llevarnos a rendir pleitesía en extremo a quienes pisotean el derecho internacional.

Nadie pide que el Gobierno salga con los tapones de punta a quebrar las piernas de los poderosos; pero, por lo menos, nos podría haber ahorrado la visita a un portaaviones nuclear estadounidense por las mismas horas en que 168 niñas eran asesinadas en Minab, al sur de Irán. Nos podría haber ahorrado minimizar la presencia de la flota estadounidense en El Caribe en clara amenaza a países no alineados, como Cuba. Nos podría haber ahorrado las críticas al gobierno venezolano cuando el presidente y su esposa eran secuestrados durante un operativo sangriento. Nos podría haber evitado la participación de Uruguay en la cumbre ultraderechista convocada por Marco Rubio y la vergüenza de ver nuestra bandera diciendo al mundo que Uruguay apoyaba aquella aberración. Nos podría haber ahorrado la actitud pusilánime frente al genocidio en Palestina.

Esperemos que, por lo menos, nos ahorre la vergüenza de ir a golpear la puerta para integrarnos al “Escudo de las Américas” o de recibir deportados legitimando de esa forma la política migratoria criminal estadounidense.

Uruguay no puede aceptar ser el patio trasero donde Trump tire sus desechos luego de las fechorías del ICE.

Para resumir estas dolorosas reflexiones, el punto es que las señales que Uruguay ha dado al mundo, tanto desde el gobierno como de la oposición, son lamentables.

Lo bueno es que estamos a tiempo de dar un giro al timón.

Lo malo es que ese tiempo se agota.

Y lo peor es que ese giro requiere audacia.

Temas