Que bajen el desempleo y la inflación siempre son buenas noticias; sin embargo, voceros del Gobierno se están jactando de logros que esconden una triste realidad económica.
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La inflación ha estado bajando en los últimos meses. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Índice de Precios del Consumo (IPC) cerró el 2023 en 5,11 %, la cifra anual más baja desde 2005. Las causas son variadas; pero la baja del dólar y la crisis argentina están entre las primeras.
El programa UTE Premia, que da descuentos a los buenos pagadores, incidió de manera perceptible en la deflación de diciembre. La caída del precio de la electricidad (9,31 %) hizo caer los costos de vivienda, agua, electricidad, gas y combustibles en 2,95 % promedio. La baja en el costo del gasoil (-3,37 %) y la nafta (-2,57 %) incidió en el rubro transporte.
Aunque esta baja sea buena para el bolsillo de los trabajadores, está lejos de ser suficiente para recuperar lo perdido en los años anteriores. Por otra parte, no todo es positivo. Las frutas y verduras aumentaron 6,90 % en diciembre, siendo el cuarto mes consecutivo de aumento en este rubro.
Desde 2005 hasta 2019, la inflación no era un problema, ya que las pasividades mínimas crecieron un 157 %, con un aumento real por encima de ella, del 50 %. Fue la primera vez en toda la historia del Banco de Previsión Social que se registraron 14 años consecutivos de aumento de las pasividades por encima de los precios.
Causas
Nuestra economía permanece estancada. A eso se suma la deflación internacional, una leve caída en la cotización del dólar (2,6 % en 2023), pese a los reclamos del sector exportador y la crisis argentina.
El peso argentino vale tan poco que los uruguayos (sobre todo las familias del litoral) se abastecen de los productos básicos de consumo del otro lado del río. Andrés Lima ha señalado que cerca de 400 comercios litoraleños han debido cerrar sus puertas en el último año, lo que en un país tan pequeño como el nuestro es una calamidad. Hablamos de decenas de miles de personas que han perdido su tradicional fuente de ingresos. Dejamos de ganar más de 1.000 millones de dólares sólo en 2023 debido a que Argentina se lleva esa importante tajada de nuestro consumo doméstico. Aquellos comerciantes que aún resisten semejante competencia no tienen más remedio que bajar los precios para, por lo menos, no perder y tener que cerrar las puertas.
Paralelamente, los trabajadores no tienen un mango, por lo que ha decrecido la demanda de varios productos, bienes y servicios. A menor demanda, la oferta no tiene otra que la bajada de precios.
Lo perdido en salarios desde que asumió Luis Lacalle Pou no se recuperará, ya que los ajustes que se están negociando no son retroactivos. La crisis, como siempre, la pagaron los de abajo.
Ya iniciando el año electoral, y como hace siempre, la derecha aflojará la soga del cuello de los trabajadores. Cuando termine este período de gobierno, el salario medio privado se ubicará entre un 1 % y 2 % por encima del nivel medio de 2019, pero lo perdido en los cuatro años anteriores no volverá.
Como decía Nicolás Maquiavelo (El Príncipe, 1532): “Bien usadas son aquellas crueldades que se cometen todas juntas al principio (las cuales son necesarias si se quiere tener éxito y hay que saber identificarlas todas), pero que luego se dejan de cometer y se reemplazan por bienes que favorezcan poco a poco a los súbditos, de modo que éstos logren olvidar las ofensas recibidas y saboreen constantemente pequeños bienes”.
Entre las múltiples promesas electorales incumplidas por este Gobierno, se encuentra la de reducir el déficit fiscal, tema por el cual tanto se atacó al Frente Amplio hasta marzo de 2020. Pues bien, hechos y no palabras: hoy dicho déficit se encuentra en 4,4 %, similar al de 2019 pero con una incidencia mayor (68 %) sobre la deuda pública.
Si bien en 2023 bajó el desempleo, según el economista Bruno Giometti, del Instituto Cuesta Duarte, “el crecimiento del empleo fue principalmente de carácter informal”.
Por más que Pablo Mieres insista con un autobombo sin sustento, la realidad es que el 14,6 % de los hogares en Uruguay tiene insuficiencia alimentaria moderada o grave.
Por más que el Gobierno pretenda mostrar cifras positivas fuera de contexto, lo triste y real es que en 2019 la pobreza infantil en menores de 6 años era de 16,4 y ahora está en 20,1. La población en situación de calle aumentó 24 por ciento con respecto a 2021 y 58 % con respecto a 2019, según el censo del Mides en 2023.
Por más que los reyes de las excusas le echen la culpa al Frente Amplio, a la guerra, a la pandemia y a la sequía, la realidad nos grita día a día que el origen de tanta penuria está en el modelo. En México, Andrés Manuel López Obrador logró sacar de la pobreza a cinco millones de personas en el mismo lapso en que con Lacalle Pou aumentó la pobreza en Uruguay; y allí también hubo pandemia.
La diferencia entre ambos mandatarios es que nuestro presidente jamás suscribiría una frase como la dicha por Manuel López Obrador en 2021: “¡Váyanse al carajo con ese cuento neoliberal de que la economía crece y después derrama! Tenemos que empezar por asistir a los más necesitados”.