¿Qué relación pueden tener estas y otras ideas con la lógica de la inteligencia? En primer lugar, esta es una facultad, como señala Francisco Romero en su obra Teoría del hombre (1952) “capaz de analizar y criticar la razón, de introducirse en ella y de planear por encima de ella. Muchos aspectos de la realidad se han ido manifestando rebeldes a la estricta racionalidad, pero todos son aprehensibles por la inteligencia; si son opacos a la extrema exigencia racional, se dejan manejar inteligentemente y encuadrarse en los marcos de la inteligencia”. Mediante esta facultad es posible, justamente, abordar los problemas “rebeldes”, sumergirse en sus meandros, interpelar sus zonas oscuras, asumirlos como desafíos, abrirlos a un filosofar libre, sin claudicaciones, sin miedos, sin prejuicios.
¿Qué problemas podemos enfrentar mediante la inteligencia? Podemos por ejemplo preguntarnos, tal como lo hace Ardao, si es posible una filosofía latinoamericana; o si, por el contrario, debemos resignarnos a seguir los viejos trillos de las ideas y los sistemas europeos, repetidos hasta el cansancio entre nosotros durante cinco siglos, como si de un mantra se tratase, y recurrir a ellos como únicas herramientas para intentar abordar nuestros concretos y particulares problemas. La inteligencia nos permite también repudiar esta última alternativa, puesto que niega nuestra propia condición humana. Como expresa Leopoldo Zea (filósofo mexicano que fundó en México, en 1947, el Seminario de Historia de las Ideas en América, a partir de sus fecundos diálogos con Carlos Vaz Ferreira y con Ardao), “a ningún griego se le ocurrió preguntarse por la existencia de una filosofía griega, así como a ningún latino o medieval, ya fuese francés, inglés o alemán, se le ocurrió preguntarse por la existencia de su filosofía; simplemente pensaban, creaban, ordenaban, separaban, situaban, definían, esto es, pura y simplemente, filosofaban”. ¿Y por qué los americanos no podrían hacerlo? Ni una sola premisa racional puede esgrimirse en contrario.
En su obra La inteligencia latinoamericana expresa Ardao que se trata de un asunto de emancipación mental. Ya “no es cuestión de vérselas con la tutela sufrida por la inteligencia latinoamericana en su infancia o en su mocedad, sino con la reválida de su enajenación cuando ella ha llegado, o se ha acercado a su madurez”. Se trata de un problema grave, señala, porque ese tipo de filosofar es realizado “en función de coordenadas históricas ultramarinas” supuestamente “representativas de la universalidad” que operan en realidad, advertida o inadvertidamente, “como cúpula intelectual de una dependencia nacional o regional hacia afuera, que es al mismo tiempo de dominación social o cultural hacia dentro”. Esa dominación y esa dependencia son para Ardao “la reválida de la enajenación” mental, opuesta a la emancipación; pues implican nada menos que la renuncia a la universalidad filosófica que todos los sujetos de la filosofía, en tanto hombres y mujeres, poseen. Se trata, por tanto, de una implícita renuncia a la propia condición humana. Como advierte Yamandú Acosta, “la perspectiva de la inteligencia filosófica en su carácter de ética intelectual de la responsabilidad (…) cultivada sin claudicaciones por el maestro Ardao hasta su muerte, constituye una orientación medular para la afirmación y consolidación de nuestra autonomía cultural”.