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Política Solidaridad | Cuba | EEUU

Cuba no está sola

No hay excusas: El pueblo cubano necesita solidaridad humanitaria

No hay que esperar nada para repudiar la agresión y expresar la solidaridad con el pueblo de Cuba y con los hermanos cubanos que sufren una vez más una situación por demás crítica.

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El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba y formalizado por John Kennedy en 1962 constituye un modelo de sitio sobre un territorio isleño rodeado de agua por todo su perímetro en un mar supervisado por el enemigo.

La historia de un cruel bloqueo

Tal asedio de una isla es un recurso desconocido, al menos, en la historia moderna, y una operación de imposición política, económica, militar y cultural que se ha prolongado durante sesenta años pese a haber sido rechazado por la inmensa mayoría de las naciones y la propia Asamblea General de las Naciones Unidas por amplísima mayoría de los países miembros en decenas de oportunidades.

El bloqueo que al principio pudo interpretarse como un recurso de presión política se ha convertido por los últimos gobiernos de los Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos, y especialmente en las dos administraciones de Donald Trump y más particularmente en la actual, en un intento de genocidio, inhumano, criminal e ilegal, distante de todas las normas internacionales vigentes y del tan mentado “orden basado en reglas” que hasta hace muy poco las potencias occidentales alardeaban con proteger.

Su instalación, a dos años del triunfo de la Revolución encabezada por Fidel Castro contra el régimen dictatorial de Fulgencio Batista, tuvo desde el inicio el doble propósito de impedir que Cuba dejara de ser una suerte de colonia norteamericana a escasas 90 millas de su costa en el medio del mar Caribe y, en forma simultánea, obstaculizar toda forma de desarrollo independiente que se propusiera excluir a los grupos oligárquicos dominantes de sus prebendas y beneficios, a las compañías norteamericanas que ejercían su dominio en la isla y, por otra, parte impedir que, mediante una transformación radical, se diera vuelta la tortilla en beneficio de los trabajadores, la población afrodescendiente, hasta ese momento excluida y semiesclavizada, y en general a los sectores más desposeídos.

El bloqueo, que parecía un brutal instrumento de coerción política mantenido durante más de medio siglo, encontró una resistencia formidable y un pueblo dispuesto a construir un destino de progreso, dignidad, independencia y soberanía, superando la agresión que se dio en todos los planos, económico, militar, incluyendo acciones terroristas contra sus líderes y contra la población civil.

Hoy en día, los actos y amenazas de la potencia hegemónica en la región, los Estados Unidos, despojados del relato engañoso de la Guerra Fría y desnudados en el lenguaje y las acciones hipócritas y descarnadas de Donald Trump, revelan en la práctica una verdad más oscura: la provocación deliberada del sufrimiento humano, incluyendo a mujeres, ancianos y niños, y su transformación en moneda de cambio político, recurriendo al hambre, la privación de medicamentos y del combustible necesarios para mantener en actividad escuelas, fábricas y hospitales, así como debilitar las comunicaciones y el propio transporte público hasta la extinción.

El bloqueo ha llegado a un grado de sofisticación y perfección que no sólo agrede a Cuba, sino que presiona y amedrenta a los países que por razones humanitarias intentan ayudar; países que también son objeto de advertencias, amenazas y sanciones, incluyendo el chantaje económico y militar.

Estas líneas que anteceden son un crudo relato de 60 años en que Cuba no sólo resistió la presión económica, sino también la presencia de una base militar en su territorio (la base de Guantánamo), violaciones a veces esporádicas y otras sistemáticas de su espacio aéreo, atentados terroristas contra instalaciones portuarias y naves aéreas, injerencia política y cultural, financiamientos de organizaciones subversivas, terroristas e instalaciones radiales llamando a levantamientos desde territorio norteamericano y financiadas por fondos gubernamentales, infiltración de espías, atentados contra sus líderes e invasiones de mercenarios y paramilitares desde territorios de los Estados Unidos donde funcionaron y aún funcionan campos de entrenamiento militar para fuerzas financiadas por ese país de opositores al gobierno de Cuba.

Trump avanza con más crueldad

La reciente orden ejecutiva firmada por Donald Trump expresa un propósito inocultable y explícito, la culminación progresiva de una escalada planificada, cínica y probablemente fatal que declarara que Cuba constituye una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional”. El mencionado documento incluye la amenaza con aranceles punitivos a cualquier nación que «directa o indirectamente» venda o suministre productos petroleros a la isla.

La finalidad de esta acción pretendidamente final es la caída de la Revolución y la desaparición de la más fuerte resistencia cultural y simbólica a la expansión del proyecto neocolonial del imperialismo norteamericano en la región.

La significación no puede medirse en el perjuicio económico ni calibrase solamente por el daño material y espiritual que provoca el empuje final de la agresión a una fortaleza sitiada. Sólo puede calibrarse si percibimos que está en juego la extinción de una nación que procuró ser soberana, un pueblo que pretendió ser libre, una bandera que fue capaz de convocar a todo un continente a la lucha por la libertad y la independencia sobre la potencia hegemónica imperial y por el intento de apagar por cien años las aspiraciones de un continente que hace doscientos años que procura ser dueño de su propio destino.

Lo que está sucediendo en Cuba es una tragedia para la humanidad, sobre todo si la resistencia culmina con la masacre de un pueblo digno, sacrificado por su sentido de la dignidad.

El término «genocidio alimentario», empleado por intelectuales y activistas de derechos humanos, no constituye un recurso dialéctico para conmover conciencias aletargadas. La carencia de combustible, alimentos, medicamentos, insumos e instrumental médico y repuestos esenciales para la producción paraliza al país y constituye una situación alarmante para cualquier conciencia humana.

Lo paradójico es que, independientemente de qué opinión se tenga sobre el sistema de gobierno y de vida que Cuba libremente ha elegido y que ha sabido sostener pese a la agresión y el ahogamiento sistemático, no hay país ni comunidad humana que no haya recibido la solidaridad desinteresada de Cuba y de los cubanos.

No hay que esperar nada para repudiar la agresión y expresar la solidaridad con el pueblo de Cuba y con los hermanos cubanos que sufren una vez más una situación por demás crítica que no hay palabras para describir. Yo espero que nuestro Gobierno no se haga esperar y exprese su solidaridad, no solamente en el plano declarativo, sino en los hechos, con ayuda material, particularmente alimentaria.

Casi todos los integrantes de este Gobierno tienen alguna deuda, reconocida o no, con Cuba. Alguno de los más distinguidos compañeros de nuestro Gobierno, antes de cantar el himno uruguayo, cantó en la escuela la Bayamesa. Otros nacieron en la vida política con la Revolución cubana; sus padres o tíos, abuelos, amigos, compañeros o ellos mismos recibieron de Cuba toda la solidaridad cuando más la necesitaban, en los años negros de la dictadura. Otros vibraron con las canciones de Silvio o Pablo, o hasta cantaron con Los Olimareños un “hasta siempre” al Che Guevara, cuando fue acribillado en Ñancahuazú.

Creo que no hay que recordar que más de 100.000 compatriotas hoy pueden ver porque fueron atendidos en el Hospital de Ojos; que hay cientos de niños que usan prótesis fabricadas por técnicos cubanos; que cientos de uruguayos fuimos recibidos con cariño cuando fuimos exiliados y expulsados por la dictadura, y en Cuba nuestros hijos recibieron la solidaridad de todo un pueblo que les proporcionó, no sólo afecto, sino salud, vivienda y educación durante los diez años más terribles de nuestra historia política.

Haga lo que haga el Gobierno, estoy seguro de que Cuba tiene muchos amigos que no estarán ausentes en esta cruzada humanitaria que nuestra conciencia nos reclama. Quiero creer que nuestro Gobierno no hará oído sordo a esta demanda y que al primer obstáculo no se desestimarán las buenas intenciones que podamos alegar frente a nuestra conciencia, que no puede ser sólo un recuerdo nostálgico como si fuera otra vida.

Hay que saber que los cubanos resistirán y que estamos ante una verdadera tragedia humana, y recordar que el Himno de Cuba es un himno de combate cuyas estrofas fueron la tapa de nuestra revista la semana pasada.

Adelante corred, bayameses,

que la patria os contempla orgullosa.

No temáis una muerte gloriosa,

que morir por la patria es vivir.

Yo aún no he leído ni escuchado una palabra de repudio a semejante atrocidad que está cometiendo el Gobierno de Estados Unidos, ni al menos una promesa de que se hará llegar solidaridad humanitaria, como se dijo y creo que nunca se cumplió con las víctimas del genocidio en Gaza.

Repito: quiero creer que el Gobierno va a ser sensible en la proporción adecuada para dar una mano al pueblo de Cuba en este momento crítico en que nos necesita tanto. Es posible que algunos piensen en los costos políticos y económicos de mostrarse dignos ante una potencia geopolítica brutal y hasta alguno reflexione en las potenciales ventajas de guardar silencio y hacerse el perro puto. Pero advierto que esta indiferencia es una línea roja que no debiera cruzarse, porque aquí está en juego todo lo que somos y lo que queremos ser.

Otrosí digo; tengo entendido que es estado uruguayo mantiene una deuda de 30.000 dólares con Cuba por los servicios contratados con los técnicos cubanos que trabajaron aquí fabricando y creo que enseñando a fabricar prótesis para niños. La cifra no parece se muy voluminosa para el Uruguay aunque tal vez sea mas significativa para quien tiene bloqueada la transferencia de divisas desde hace 60 años. Siempre se puede encontrar un motivo para no honrar una deuda pero esta parece una buena oportunidad para pagar y dejarse de embromar con excusas

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