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Columnas de opinión | Solidaridad |

El principio esperanza

Cuba: el valor subjetivo

Son los pueblos, muchísimo más que los gobiernos, quienes están sosteniendo la solidaridad con Cuba.

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Ernst Bloch, filósofo alemán del siglo XX que recién ahora descubro, desarrolló del marxismo una vertiente muy importante: El principio esperanza. “La esperanza es el más humano de los afectos, es sólo asequible al hombre y le remite a su horizonte más ancho y luminoso”. El principio esperanza le da sentido al pasado y a sus mitos revolucionarios. Carlos Marx decía en El 18 brumario de qué manera operaron los mitos romanos en la Revolución francesa, por ejemplo.

Los Gracchus Babeuf, los espartaquistas, la esperanza de construir en un futuro los sueños y utopías del pasado tienen un valor subjetivo fortísimo en relación dialéctica con las condiciones objetivas y materiales. Para nosotros, para todo el sur global, para el mundo multipolar, para el BRICS (del que Cuba es socia), el valor subjetivo del mito revolucionario cubano triunfante es el más alto de los últimos cien años. Por eso, en este momento, acierta Serguéi Lavrov, el canciller ruso, al anunciar que si tocan a Cuba militarmente, una respuesta militar de Rusia va a tener Estados Unidos. Pero ese, con ser contundente, no es aún el mayor factor disuasorio. Lo es el mito de Numancia, reencarnado por Fidel Castro y definido por él en el libro de Gianni Minà en que lo entrevista, “La nuestra es una revolución numantina”. La mayor disuasión al imperialismo es la certeza de la resistencia del pueblo de Cuba ante cualquier intento invasor del imperialismo.

Reencarnar el mito cubano en nuestras esperanzas revolucionarias es de un valor de posibilidad y de resiliencia que ningún país asediado por el imperialismo (y lo somos todos los del sur y los del este) debe desechar ni menospreciar.

Esta semana se concreta el ultimátum que dio Estados Unidos a cualquier inversor en Cuba para retirarse de la isla ante el bloqueo total, incluido el naval, y ya se han ido los principales; entre ellos la cadena de hoteles Meliá Cuba, que administraba un porcentaje muy alto, casi un 50 % de los hoteles de la isla. ¡Cuidado!, puede pasarles lo mismo que a las empresas occidentales que se fueron retirando de Rusia (el país más “sancionado” de la historia) desde 2014 y más aún desde 2022, temiendo sus cancelaciones en el sistema SWIFT. Muchas de ellas, cuando quisieron volver viendo que Rusia ya había ganado la guerra, no pudieron, porque habían sido sustituidas por otros propietarios de sus infraestructuras, de sus comercios y de sus medios de producción. Putin las rechazó con desdeñosa frialdad.

Los medios hegemónicos occidentales hace mucho que están preparando las condiciones para una invasión militar. La denuncia absurda contra Raúl Castro por los incidentes de la Operación Avispa, no es más que el penúltimo jalón de una campaña prolongada. Mientras tanto siguen culpando al gobierno cubano de la situación que ellos mismos le crean, e incluso a los países que ayudan, con el perverso argumento de que no ayudan lo suficiente. Pero la culpa, la responsabilidad y las consecuencias del bloqueo genocida que lleva casi 70 años, son exclusivas del imperialismo yanqui y del imperialismo europeo, que sigue esas coordenadas más acá de los votos en la ONU.

Obviamente la ayuda no es suficiente porque ha pasado mucho tiempo de desgaste y, además, los países que ayudan tienen otros frentes de desgaste abiertos por el imperialismo. Rusia, China e Irán tampoco dejan de ser, en gran medida, países asediados. Pero aun así se ayuda, se declara, se testimonia. El testimonio es más importante que la consideración demagógica que demagógicamente la política le tiene; está más cercana, en la apreciación del valor del testimonio, la religión que da centralidad al pasaje del testigo. Ahí reside la sutil importancia.

Sin embargo, es claramente insuficiente y cobarde, además, la posición de los gobiernos progresistas de América Latina en distintos grados (Brasil y Colombia menos que Uruguay), y con una gran excepción que es México, quien sí, a través de su presidenta Claudia Sheinbaum, se manifiesta sin complejos ni cálculos electorales y ha enviado bastantes buques con ayuda humanitaria y, en su momento, con petróleo.

Son los pueblos, muchísimo más que los gobiernos, quienes están sosteniendo la solidaridad con Cuba. Lo hacen porque entienden perfectamente que Cuba no debe estar sola, por sí misma, por nosotros, pero sobre todo por la esperanza de los que vienen a darle sentido a nuestra historia con todos sus mitos redivivos.

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