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Columnas de opinión | escépticos | escepticismo | inseguridad

Entre dudas y desconfianzas

Los escépticos

El espíritu escéptico era una postura de duda frente al mundo y crece de maravilla cuando los contextos ponen en jaque verdades consensuadas, cuestionadas por la realidad.

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Nada satisface. Correr detrás de la liebre sin siquiera tocar la cola del animal se volvió un deporte cotidiano que, junto a otros fenómenos, lleva a frustraciones individuales y colectivas.

Observemos tan solo un dato: las encuestas están diciendo que la inseguridad es uno de los temas que más preocupan a los uruguayos. Los Gobiernos del Frente Amplio realizaron diversas tareas, este Gobierno ha cambiado de dinámica y la seguridad no ha mejorado. La crisis de convivencia, enancada en el narcotráfico y sus múltiples derivaciones, siguen sin remedio. Nadie tiene la solución y la lógica necrológica de contabilizar homicidios no lleva a ninguna parte. O mejor dicho: se saca la conclusión de que no hay magia y que quien diga, suelto de cuerpo, que tiene la solución, fácilmente cae en la demagogia más ridícula. (¿Estoy hablando del diputado Gustavo Zubía?).

Hay fatiga social. Y ella puede desembocar en una cuestión mucho más grave: el escepticismo. Y este es el caldo de cultivo más claro para que crezcan las ofertas espectacularizadas de la política. La magia disfrazada de show. El encanto de la extravagancia construyendo una nueva ilusión.

Nada nuevo, todo viejo

El escepticismo es una corriente filosófica que desconfía de la verdad y pone en suspenso la posibilidad de conocerla. Esta corriente filosófica nació con el pensamiento de Pirrón (360-270 A. C.), que se basó en la duda y, en lugar de afirmar, solo opinaba. (¿Algo que ver con las redes, en donde se opina sin saber, por opinar nomás?).

El espíritu escéptico era una postura de duda frente al mundo y crece de maravilla cuando los contextos ponen en jaque verdades consensuadas, cuestionadas por la realidad. Las soluciones no llegan. La ansiedad se apodera de los ciudadanos y estos –sobre todo los mayores- se transforman en escépticos. (¿Qué me van a decir a mí? Yo los conozco a todos).

Es interesante relevar la prensa de diversas décadas en Uruguay. Eso permite mapear los temas que preocupaban a las sociedades de esos años. Un breve repaso a las temáticas: la inseguridad, la educación, la libertad e incluso la sexualidad.

En inseguridad, por ejemplo, a principios del siglo XX se reclamaba un aumento de las penas para enfrentar los robos y homicidios que se registraban en Montevideo. (¿Algo ha cambiado?, ¿Zubía es el mismo señor que de bastón y bombín escribía en los diarios conservadores de esos años? O Sanguinetti alarmándose por la inseguridad durante el gobierno de Luis Lacalle Herrera).

La educación, por el estilo. Se hablaba de los fracasos de las políticas públicas. Es interesante además repasar los diarios desde la restauración democrática (año 1985 hasta acá), en donde la agenda contemplaba las distintas líneas de trabajo desde el Codicen en donde estaban personalidades de fuste como Juan Pivel Devoto o Alfredo Traversoni.

Si uno se guía por esos titulares, estamos igual que a principios del siglo XX, nada ha cambiado. En los hechos, vaya si se han modificado las políticas educativas. Dos datos a mi juicio relevantes: 1) Durante el último gobierno de Luis Batlle, en la década del 50, hubo un enorme crecimiento del número de escuelas y liceos; 2) durante los gobiernos del Frente Amplio, UTU vivió una revolución con la multiplicación de la oferta de carreras. (No deja de generar sorpresa que el 27 de mayo pasado la UTU difundiera un aviso publicitario en la pantalla de Times Square (Nueva York) con la insólita promoción “La mejor logística del mundo está en Uruguay”.

Hay que sumarle a la revolución de la UTU en los años frenteamplistas la UTEC, una verdadera apuesta educativa descentralizadora con foco en lo productivo.

Hubo avances. Sin embargo, los relatos políticos –nutridos por un periodismo que alimenta absurdamente el “declaracionismo”– parecen estar diciendo que todo es una porquería.

Y entonces se alimenta el escepticismo. Si nada cambia, no tengo a quien creerle, dinamitan las ilusiones.

La verdad y los escépticos

Pirrón el escéptico fue un gran viajero y acompañó a Alejandro Magno en su viaje a la India, donde posiblemente contactó con los sabios gimnosofistas que le inspiraron en sus teorías.

De esas travesías cuentan una anécdota. Uno de sus discípulos contó que al llegar Alejandro a la India, y como era su costumbre, hace llamar al más sabio del lugar para que debata con Pirrón y le traen a un muchacho. Entonces Alejandro les dice que hablen sobre el dolor. Pirrón empieza a hablar largamente y cuando le toca al sabio hindú, éste se prende fuego y mientras se quema grita; esto es el dolor, dice, y deja en ridículo a Pirrón. Al maestro se le cayó la estantería. La realidad que observó con el experimento del sabio hindú le provocó una gran desazón.

Su escepticismo sobre el dolor se derrumbó y se abrió la experiencia de la verdad. A los escépticos algún día les toca su sabio hindú. Mientras tanto, desconfían y dudan...

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