Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME

Cómo adaptar la alimentación en mascotas con poca actividad física

Imaginate que tu perro ya no corre como antes, que tu gata pasa más horas durmiendo cerca de la ventana o que una mascota que antes gastaba energía en el patio ahora vive más quieta dentro de un apartamento. No parece un cambio grave. De hecho, muchas veces se interpreta como parte normal de la edad, del frío, de la rutina familiar o de la castración. El problema empieza cuando pasaron un par de días, y el plato sigue igual .

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

¿Qué vas a lograr y qué necesitas?

El objetivo es ajustar la alimentación sin hacer cambios bruscos, sin castigar al animal con hambre y sin caer en la idea cómoda de que “light” resuelve todo. Una mascota con poca actividad física necesita una dieta medida, estable y adecuada a su edad, especie, peso y estado de salud.

Vas a necesitar una balanza o taza medidora, la etiqueta del alimento actual, una libreta o nota en el celular, el peso reciente de la mascota y, cuando haya sobrepeso marcado, enfermedad previa o cambios de conducta, una consulta veterinaria. La WSAVA recomienda que la evaluación nutricional considere al animal, la dieta, el modo de alimentación y el entorno; esa mirada completa evita decidir solo por intuición.

Paso 1: observa el cambio de rutina antes de tocar el plato

Primero hay que mirar. No la bolsa. Al animal.

Una mascota sedentaria puede ser un perro senior, un gato de interior, un animal castrado, un perro con dolor articular, una mascota que vive en un espacio chico o simplemente un compañero que empezó a moverse menos porque la familia también cambió sus horarios. No es lo mismo un gato sano que duerme mucho que uno que dejó de saltar por dolor. No es lo mismo un perro tranquilo que uno que se cansa al caminar media cuadra.

Antes de reducir comida, anota durante una semana cuánto se mueve, cuánto come, cuántos premios recibe y si roba comida o pide en la mesa.

Paso 2: evalua el cuerpo, no solo el peso

El peso ayuda, pero no dice todo. Dos perros pueden pesar lo mismo y tener cuerpos muy distintos. Por eso se usa la condición corporal, una escala visual y táctil que permite valorar cintura, costillas y acumulación de grasa. Las guías de condición corporal suelen considerar ideal un punto medio, donde las costillas se palpan sin exceso de grasa y la cintura se ve desde arriba.

En casa, la prueba simple es esta: deberías poder sentir las costillas con una presión suave, sin que se vean marcadas en exceso. Si hay que hundir los dedos para encontrarlas, probablemente sobra grasa. Si la cintura desapareció, también hay una señal.

Paso 3: revisa las calorías del alimento actual

La etiqueta importa más de lo que parece. AAFCO indica que los alimentos deben declarar el contenido calórico como kilocalorías por kilo y también por una unidad familiar, como taza, lata o porción. Ese dato permite comparar alimentos y evitar un error común: cambiar de marca sin advertir que la nueva comida es más concentrada.

Una mascota con poca actividad física no siempre necesita comer “menos volumen”. A veces necesita menos calorías por porción, más fibra, mejor control de grasa o una fórmula pensada para mantenimiento adulto, castrados o control de peso. Si el alimento actual aporta mucha energía y el animal se mueve poco, la cuenta no cierra.

En esta revisión pueden aparecer marcas muy distintas del mercado, desde Royal Canin, Hill’s, Pro Plan, Eukanuba, Equilibrio y Virbac HPM hasta opciones más accesibles o de rotación habitual.

Si en esa comparación aparece Nutrican importado, por ejemplo, la referencia útil no es la marca aislada, sino la lectura completa: etapa de vida, calorías, tamaño de croqueta, porción diaria y tolerancia digestiva del animal.

Nutrican puede ser parte de una comparación razonable siempre que se mire dentro del plan y no como un atajo.

Paso 4: medí la porción real durante varios días

La mayoría de los excesos no vienen de una gran decisión equivocada. Vienen de pequeñas repeticiones. Un poco más de alimento porque “quedó con hambre”. Un premio al mediodía. Un pedazo de queso. Media galleta. La porción servida a ojo casi siempre crece.

Usa taza medidora o balanza de cocina. Si la etiqueta sugiere un rango, empeza por una cantidad prudente según el peso ideal, no según el peso actual cuando ya hay sobrepeso. En perros chicos, una diferencia mínima puede ser relevante. En gatos indoor, la comida libre todo el día suele complicar el control, especialmente después de la castración.

Paso 5: cambia de alimento solo con transición

Si decidís cambiar, hacelo de forma gradual. Mezcla el alimento nuevo con el anterior durante varios días, aumentando la proporción del nuevo de a poco. En animales sensibles, esa transición puede extenderse más. El intestino necesita tiempo.

El cambio brusco puede provocar diarrea, vómitos, gases o rechazo. Después aparece la conclusión equivocada: “ese alimento le cayó mal”. Tal vez sí. Tal vez el problema fue la velocidad.

Durante esta etapa, marcas como Excellent, Sieger, Old Prince, Biofresh, Monge, Farmina, Natural Dog o Brit Care pueden compararse por composición, edad indicada y nivel de actividad.

Si surge la opción de comprar el alimento Natural Dog, por ejemplo, la decisión debería pasar por la adecuación al caso: si corresponde a adulto, cachorro o senior; si la porción sugerida encaja con el peso; si el animal lo tolera bien.

Natural Dog, como cualquier marca, no reemplaza el cálculo ni la observación.

Resultado final y siguiente nivel

El resultado buscado no es una mascota flaca. Es una mascota en mejor condición. Con cintura visible, energía estable, digestión normal, apetito ordenado y un peso que no avance en silencio cada mes.

El siguiente nivel es hacer controles periódicos: pesar cada tres o cuatro semanas, revisar condición corporal y ajustar porciones según respuesta real. Si el animal baja demasiado rápido, se queda sin energía o no mejora, toca consultar. Una buena alimentación no se impone de una vez. Se corrige, se mide y se acompaña. Ahí empieza el cuidado serio.