Desde entonces, si bien Washington ha cerrado acuerdos con muchos de sus socios comerciales, el impacto de estas medidas es innegable. El arancel promedio de EE. UU. ha aumentado notablemente, pasando del 2,5% al 17,9% desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, alcanzando el nivel más alto desde 1934, según cifras del Budget Lab de la Universidad de Yale. Este contexto sugiere que las tensiones arancelarias, especialmente entre EE. UU. y China, continuarán siendo un tema central en 2026.
Además, se espera que la Corte Suprema de EE. UU. decida en 2026 si el presidente puede eludir al Congreso para imponer aranceles bajo la invocación de una emergencia nacional. Muchos expertos anticipan que el tribunal confirmará los fallos de instancias inferiores que cuestionan la legalidad de los aranceles de Trump. Sin embargo, incluso si los jueces revocan estas medidas, la administración podría encontrar otros mecanismos legales para reinstaurar parte de la carga fiscal, lo que sugiere que la fricción comercial probablemente seguirá presente.
Las tensiones entre EE. UU. y China, las dos principales economías del mundo, han mostrado ciertos signos de alivio desde que Trump y el presidente chino Xi Jinping acordaron en octubre una tregua de 12 meses en su guerra comercial. No obstante, la incertidumbre económica sigue siendo predominante, y las dificultades que han caracterizado el 2025 parecen no solo persistir, sino también intensificarse hacia el 2026.
Con un panorama económico que podría ser aún más complejo y desafiante, se hace indispensable que los líderes y responsables de políticas se preparen para navegar por las turbulentas aguas que se avecinan, mientras el mundo enfrenta un año potencialmente lleno de retos.