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COP30 |

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COP30, el gran problema de si es suficiente el financiamiento climático

Desde la firma del acuerdo en la COP29 para movilizar 1,3 billones de dólares anuales para 2035, las naciones adineradas han retrocedido en sus promesas.

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A medida que se acerca la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP30) en Belém, Brasil, evidencia creciente sugiere que el Norte Global no cumplirá con sus promesas de financiación climática. A pesar de esto, los países ricos todavía podrían demostrar buena fe a través de otra forma de solidaridad: compartiendo el conocimiento, la tecnología y la propiedad intelectual que respaldan la transición verde. La alarmante falta de compromiso en torno a la financiación climática se ha hecho evidente. Desde la firma del acuerdo en la COP29 para movilizar 1,3 billones de dólares anuales para 2035, las naciones adineradas han retrocedido en sus promesas. Lo peor es que estas señales de desconfianza surgen justo cuando los costos de adaptación y descarbonización en los países en desarrollo siguen aumentando.

La pregunta crucial es: ¿es suficiente el financiamiento climático? La respuesta parece ser negativa, ya que esta no es un tema que se pueda posponer. El cambio hacia una economía verde reproduce las mismas asimetrías que han caracterizado el comercio global durante décadas. En lugar de fomentar un desarrollo inclusivo, la política climática está cada vez más influenciada por medidas proteccionistas y regímenes de propiedad intelectual que consolidan monopolios tecnológicos en el Norte Global. Por ejemplo, el Mecanismo de Ajuste Fronterizo de Carbono de la Unión Europea se presenta como una salvaguarda contra la fuga de carbono; sin embargo, también refleja cómo la política climática puede ser utilizada para justificar medidas comerciales proteccionistas. Además, la reciente queja de China contra India por sus subsidios a vehículos eléctricos y baterías demuestra cómo las políticas industriales verdes están generando disputas comerciales. Esto señala una creciente tensión entre los objetivos climáticos y las reglas de la Organización Mundial del Comercio. ¿Podrían las medidas para abordar el cambio climático convertirse en un nuevo motivo de exclusión económica?

El núcleo de este problema radica en un desequilibrio evidente: países con mayor poder como China, Estados Unidos y la UE están produciendo tecnologías verdes de alto valor, mientras que la mayoría de los países en desarrollo se ven relegados a exportar commodities verdes de bajo valor, principalmente minerales críticos. Esta situación recuerda a la división del trabajo de la era colonial, donde el Sur Global proporcionaba materias primas y el Norte ofrecía innovación, monopolizaba la producción y capturaba los mayores beneficios. La presidencia de Brasil en la COP30 tiene la oportunidad de unir al Sur Global en torno a una visión de Tecnologías, Innovación y Propiedad (TIP) que promueva la justicia climática a través de la innovación. Este enfoque es tanto técnico como político. Solo al empoderar a los países con acceso a tecnologías verdes podrán desarrollar la capacidad necesaria para avanzar. Además, al ayudar al resto del mundo a descarbonizarse, los países ricos también beneficiarán sus propios intereses.

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