En el frente externo, el panorama también fue menos favorable. Las exportaciones crecieron apenas 1,9%, mientras que las importaciones lo hicieron a un ritmo mayor, del 4,1%, lo que implicó un aporte negativo al crecimiento del PIB. A esto se sumó un contexto internacional más desafiante, que condicionó el desempeño de los sectores transables.
Desde el lado de la demanda, el principal sostén de la actividad fue el consumo interno, tanto de los hogares como del sector público. Este componente permitió amortiguar la desaceleración, aunque no fue suficiente para compensar la debilidad de la inversión y el menor impulso externo.
El desempeño a lo largo del año también mostró señales de enfriamiento. En el cuarto trimestre de 2025, el Producto Interno Bruto creció apenas 0,1% respecto al trimestre anterior, logrando evitar una recesión técnica tras la contracción registrada en el tercer trimestre. No obstante, el cierre del año evidenció una economía prácticamente estancada, en un proceso de “aterrizaje” luego de la expansión previa.
El propio Banco Central destacó en su Informe de Política Monetaria que, si bien el resultado anual fue positivo, hacia el final del año comenzaron a observarse señales claras de moderación en la actividad. Este comportamiento plantea desafíos para 2026, en un contexto donde la recuperación dependerá en gran medida de la reactivación de la inversión y de una mejora en el entorno externo.
El año2025 dejó un crecimiento menor al esperado, con una economía que logró sostenerse pero que perdió impulso. El desafío hacia adelante será recuperar dinamismo en un escenario que exige mayor competitividad, estímulos a la inversión y una inserción internacional más favorable.