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Cultura y espectáculos Cuarteto Yaguareté | entrevista | cultura

Entrevista a Gastón Velázquez

La guitarra como territorio: el rugido manso del Cuarteto Yaguareté

En 2024 se consagraron ganadores del certamen Guitarra Negra, impulsado por la Intendencia de Montevideo

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Caras y Caretas Diario

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En una época donde el arte parece correr detrás del algoritmo y la vidriera global uniforma los sonidos, el Cuarteto Yaguareté eligió otro pulso: el de la madera vibrando al aire libre, el de la raíz que no se exhibe como reliquia sino como savia viva. En 2024 se consagraron ganadores del certamen Guitarra Negra, impulsado por la Intendencia de Montevideo, gracias a su interpretación de una obra de Daniel Acosta. El premio no fue sólo un reconocimiento artístico: fue un gesto cultural, una señal de que la canción de raíz folclórica sigue latiendo con fuerza en el presente.

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El conjunto —integrado por Gastón Velázquez, Juan Pedro Abella, Diego Vázquez y Víctor Ribeiro— trabaja desde la guitarra criolla como si fuera territorio. Cuatro voces instrumentales que dialogan y se tensan con una pregunta que no deja de arder: ¿Cómo ser uruguayo hoy sin dejar de escuchar el mundo?

“Buscar cómo somos hoy”

En entrevista con Caras y Caretas, Gastón Velázquez lo expresó sin rodeos:

“Es una preocupación por la identidad de nosotros como pueblo”.

La inquietud no es nostálgica ni conservadora. Es contemporánea.

“No se trata de querer cercarse de lo que está afuera. Lo que nos interesa es lograr, con lo que hay acá y con lo que nos llega de afuera, buscar en la música esa pregunta: ¿Cómo somos hoy? Cómo ser uruguayo pero hoy”, reflexiona Gastón Velázquez.

En esa búsqueda confluyen los recorridos personales: Diego Vázquez trae la frontera y la música brasileña; Víctor Ribeiro, la impronta escénica y la experiencia murguera; Juan Pedro Abella y el propio Gastón Velázquez, la exploración compositiva y el estudio profundo de la tradición guitarrística. No hay encierro estilístico. Hay identidad en construcción.

La línea de las guitarras vinculada a Alfredo Zitarrosa no es sombra: es escuela. La influencia se vuelve estudio riguroso y transmisión viva, en especial a través del trabajo junto a Julio Cobelli.

El primer disco del grupo, compuesto por arreglos y composiciones transmitidas por Cobelli, no es únicamente un registro sonoro: es un acto de preservación. Transcribir en partitura, publicar un libro, dejar huella escrita para las futuras generaciones.

Gastón Velázquez lo sintetiza con humildad: “Heredamos una tradición, heredamos un montón de cosas de gente que vino antes, y eso hay que pasarlo. No es que vaya a terminar con nosotros”.

La tarea es casi artesanal. Trabajo “a pulmón”, investigación minuciosa, revisión colectiva. En un país donde la memoria musical muchas veces se dispersa, el Cuarteto Yaguareté decide convertir el sonido en documento y el documento en herramienta de estudio.

Contra la idolatría, a favor del arte comprometido

La conversación con Caras y Caretas derivó hacia un territorio espinoso: la idolatría y la industria cultural. Allí, la voz de Gastón Velázquez fue especialmente crítica:

“El tema de la idolatría es un fenómeno netamente comercial y para mí es muy siniestro”.

No se trata de negar la admiración, sino de humanizarla.

“Yo escucho a Zitarrosa y para mí me hace sentir acompañado… Son personas como nosotros. Son capaces de fallar”, afirma Gastón Velázquez.

La música, para el cuarteto, no puede quedar reducida al entretenimiento vacío. Hay una dimensión social que no se puede eludir:

“Es una postura, y tu postura se va a reflejar en cómo hacés las cosas”, sostiene Gastón Velázquez.

En un Uruguay que —como ellos mismos recordaron— ha sido históricamente austero e incluso cruel con sus artistas, tomar posición no es sencillo. Pero el silencio también habla.

Democratizar la raíz

Además del escenario, el Cuarteto Yaguareté trabaja en proyectos editoriales y nuevas grabaciones: homenajes a compositores poco difundidos, registros de autores del interior profundo, publicación de partituras que permitan estudiar y continuar una tradición.

No basta con ejecutar bien: hay que compartir el saber. Hay que abrir la puerta.

“Aprendí un montón haciendo esto y estoy feliz de hacerlo”, dice Gastón Velázquez.

Esa felicidad no es grandilocuente. Es la del oficio paciente. La del estudio que conecta generaciones. La de una comunidad que se construye cuerda a cuerda.

Cuatro guitarras y un país que resiste

En escena, Víctor Ribeiro aporta la chispa y la cercanía con el público; Diego Vázquez deja oír la frontera en cada acorde; Juan Pedro Abella equilibra y sostiene; Gastón Velázquez imprime reflexión y hondura emotiva. Cada uno con su historia, pero unidos por una estética común.

El Cuarteto Yaguareté no elige el camino fácil. Investiga, estudia, compone, homenajea. Se consagró en 2024 en el certamen Guitarra Negra, sí. Pero el verdadero premio parece estar en otro lugar: en sostener la raíz sin convertirla en estatua.

Cuatro guitarras criollas afinadas con conciencia.

Cuatro músicos que entienden que la tradición no se conserva: se trabaja.

Y cuando eso sucede, el país —aunque pequeño— suena inmenso.