Wildwood – el bosque salvaje es buen ejemplo de ello
La película sigue la historia de Prue, una adolescente que ve como su vida cambia de un momento a otro cuando, desobedeciendo las órdenes de sus padres, sale a caminar con su pequeño hermano, sin saber que está dando inicio a una serie de oscuros acontecimientos que los involucran. Durante esa salida, el niño es raptado por una bandada de cuervos y llevado a un bosque neblinoso a las afueras de la ciudad, lugar al que ningún habitante del lugar se atreve a ir. La protagonista se adentra en el bosque junto a un amigo para salvar a su hermano, y allí se encuentra con un universo mágico plagado de seres fantásticos, que incluyen animales parlantes, personas con magia y diversas tribus que, a pesar de sus múltiples diferencias, deben unirse al enterarse que Alexandra, una mujer con oscuros secretos, está activando un plan que puede destruir tanto al bosque como a toda la vida a su alrededor, precisando justamente del niño para lograr su objetivo.
Al igual que Pinocho, Wildwood utiliza la técnica del stop motion, un complejo proceso en donde se fotografían diferentes movimientos de elementos reales, llámense en este caso marionetas (por decir lo más cercano a lo que está en pantalla), que al verlo en el producto final, tienen la misma fluidez que una técnica tradicional, aunque destacándose por la particular textura de los elementos y una apariencia mucho más artesanal. Para que el espectador pueda hacerse una idea de esto, los propios animadores dentro de la empresa han comentado que, para producir 1 o 2 segundos de película, el tiempo de trabajo es de hasta una jornada entera, logrando en una semana apenas tres segundos de película como promedio, lo que hace entendible que los 130 minutos de este film hayan costado más de cuatro años de esfuerzo colectivo.
El esfuerzo se ve en pantalla y este estreno resulta una de las propuestas más ambiciosas dentro del cine animado en general, no solo por la excelencia en la técnica y el asombroso resultado a la hora de los movimientos (es increíble ver como cada detalle en pantalla está minuciosamente cuidado, desde el ondular del agua hasta el vuelo sutil de una hoja levantada por un movimiento brusco) y la expresividad de sus personajes, sino también por la masiva escala de la acción, destacándose una secuencia de batalla sobre el final que, en el género, sólo puede compararse con la épica con tintes de Kurosawa de La princesa Mononoke, también otro prodigio de animación - aunque en ese caso, del dibujo a mano – de Hayao Miyazaki. Como es habitual en sus producciones, el trabajo del equipo animado de Laika merece verse en pantalla grande por la riqueza de sus detalles, creando elaborados sets en miniatura que, película a película, logran ser más grandes y complejos, como lo demuestran los dos largos y abarcativos sets que exploran en profundidad el bosque y la ciudad que sirven de ambientación a su historia.
La cinta recuerda también a varias producciones que trabajan de igual manera un tono que constantemente oscila entre el cine infantil y el adulto, logrando ser atractiva para ambos. La fantasía tiene el espíritu aventurero y místico de La princesa prometida, además del toque 'realista' que podían tener las (un poco) más terrenales Las crónicas de Spiderwick o Narnia. Es una fantasía épica muy bien lograda que lleva a Laika a un nuevo territorio y expande aún más su ecléctico catálogo, iniciado en 2009 con la intrigante Coraline y la puerta secreta, film de terror juvenil con tintes góticos que logró convertirse en film de culto y luego siguió con las comedias ParaNorman y Los boxtrolls, alcanzó una desconocida – y brillante - profundidad emocional con Kubo y la búsqueda samurai y volvió al humor con Sr. Link, aventura con toques de Julio Verne.