Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Noticia destacada |

Con Mario Bergara, presidente del Banco Central del Uruguay

Desde el gobierno descartan que el país caiga en recesión

Uruguay enfrenta varios desafíos para los tiempos venideros: reducción del déficit fiscal, impulsar las inversiones y enfrentar la revolución tecnológica, con su secuela de desempleo producto del ingreso masivo de la robótica en el mercado de trabajo, con inteligencia. Para ello cuenta con fortalezas financieras y una economía que, pese a las turbulencias regionales, continúa creciendo.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

El presidente del banco Central del Uruguay (BCU) afirmó que el país se encuentra lejos de una recesión, lo que queda demostrado por los resultados económicos del primer semestre del año. Estos dejaron en evidencia un crecimiento de 2,5% del PIB. “Tomando en consideración el panorama global de un crecimiento más moderado, el panorama regional con un desplome en las expectativas de crecimiento, el dato de Uruguay se puede tomar como positivo”, dijo el funcionario a Caras y Caretas. Para Bergara, “las previsiones presentadas en la Rendición de Cuentas implican crecimiento de la economía este año, el próximo y en 2020. Obviamente hay que ver cómo va a ser el impacto de esta turbulencia regional, pero somos optimistas en cuanto a que la plataforma que hemos conformado, de diversificación de intereses y de fortaleza financiera, nos va a ayudar a seguir creciendo”.

Respecto a la relación con Argentina, golpeada por la crisis económica, recordó que en 2002 40% de los depósitos bancarios era de argentinos, 20% de los créditos era de argentinos. “Hoy, respectivamente, son 5% y prácticamente 0%”, subrayó.

 

Se conocieron los datos del crecimiento del PIB en el segundo trimestre del año. Con base en esos datos, ¿cómo se caracteriza este momento de la economía?

Obviamente esto hay que enmarcarlo en lo que sucede en el mundo y en la región; estos datos no absorben el impacto de las turbulencias regionales de las últimas semanas. Pero en todo caso podemos ver que hay un enfriamiento del crecimiento, hay una tasa de crecimiento de 2,5% finalizado el primer semestre del año, que creo que en el contexto global y regional en que nos encontramos es un dato positivo. En el caso de la región, sobre todo Argentina y Brasil tenían expectativas de crecimiento para este año del entorno de 3% y hoy, después de todo lo ocurrido en ambos países, esas expectativas se han desplomado. En el caso de Argentina ahora lo que se espera es una caída del producto de por lo menos dos puntos. En Brasil se ha revisado también significativamente a la baja el crecimiento, que está en el orden de un punto. O sea que estamos en un marco en que el crecimiento en la región está revisado a la baja de manera muy significativa.

Tuvimos algunos impactos propios, que se reflejan en estos números, que tienen que ver con la sequía. De hecho, para la producción de algunos rubros de exportación que son muy significativos, como el caso de la soja, el impacto de la sequía fue sin duda muy considerable. Pero creo que tomando en consideración el panorama global de un crecimiento más moderado, el panorama regional con un desplome en las expectativas de crecimiento, el dato de Uruguay se puede tomar como positivo. Evidentemente está pautando que el crecimiento en este período va a ser más reducido que el de la década anterior e incluso menor que lo que eran las expectativas hace un tiempo, entre otras cosas, por el efecto de la sequía y por el panorama regional.

 

Usted mencionó la palabra enfriamiento. ¿Se puede hablar de una desaceleración de la economía?

Se está reduciendo la perspectiva para el resto del año porque estamos viviendo un panorama muy crítico en los países vecinos que de alguna manera nos impacta. No es el mismo impacto de otras épocas porque cuando no estábamos preparados, cuando no habíamos conformado una plataforma de estabilidad y crecimiento y de diversificación de intereses en el mundo y estábamos muy expuestos al riesgo de lo que pasaba en esta región tan volátil, lo que está pasando en Argentina y en Brasil habría tenido efectos dramáticos sobre la economía uruguaya. Y ese no es el caso, pero eso no quiere decir que estemos totalmente vacunados. Sería absurdo pensar que no va a haber ningún impacto. Cuando uno habla del desacople, hay que ver que no hay un desacople total de la región. Es relativo en el sentido de que ya no somos el promedio entre Argentina y Brasil en materia de crecimiento, sino que Uruguay en los últimos años ha tenido el doble de crecimiento que la región y tiene mucho más diversificados sus intereses en materia de mercados, inversiones y de financiamiento a nivel global y no tan concentrados en la región. La situación crítica que vive Argentina y la situación muy problemática de Brasil no dejan de impactarnos, pero estamos en mejores condiciones que en el pasado como para seguir navegando razonablemente. Ya sea por un liderazgo en Estados Unidos, que es una máquina de generar factores de incertidumbre y de volatilidad, la región lejos de ser un colchón amortiguador es un potenciador de esa incertidumbre. Y aun en ese marco, Uruguay mantiene un crecimiento, menor al previsto, pero razonable dadas las circunstancias.

 

¿Podemos esperar la posibilidad de recesión?

No. No tenemos eso previsto. De hecho las previsiones presentadas en la Rendición de Cuentas implican crecimiento de la economía este año, el próximo y en 2020. Obviamente hay que ver cómo va a ser el impacto de esta turbulencia regional, pero somos optimistas en cuanto a que la plataforma que hemos conformado, de diversificación de intereses y de fortaleza financiera, nos va a ayudar a seguir creciendo. La fortaleza financiera es un factor fundamental porque es la que nos ha permitido actuar para que el shock de la región no se traslade a Uruguay. Algunos focos de contagio han sido neutralizados, uno de manera más estructural que tiene que ver con los vínculos en el sistema financiero. Antes, un problema en Argentina pegaba enormemente en el sistema bancario uruguayo. En 2002 generó una corrida que todos sabemos en qué terminó: en una crisis generalizada con enormes costos sociales. En este caso el sistema bancario no está expuesto a lo que pasa en Argentina. El nivel de depósito de argentinos es muy bajo, no hay crédito de los bancos uruguayos a Argentina como sí había en el pasado. Antes 40% de los depósitos era de argentinos, 20% de los créditos era de argentinos. Hoy, respectivamente, son 5% y prácticamente 0%.

En materia comercial, lo mismo. Antes de la crisis de 2002, la mitad de nuestras exportaciones de bienes iba para Argentina y Brasil. Eso se redujo enormemente. A Argentina, a donde iba 25% de las exportaciones, hoy va 5%. A nivel macro, por supuesto que puede haber algún sector más expuesto y que eventualmente pueda tener algunas dificultades.

La otra vía de transmisión de los problemas es el sector turístico, aunque también dependemos un poco menos de Argentina que en el pasado, cuando los ingresos del turismo provenientes de ese país era 85%; ahora es 67%, pero Argentina sigue siendo el principal cliente.

 

Se conoció hace poco que hubo un aumento en el ingreso de turistas brasileños.

Hay cierta diversificación, que incluso había sido mayor hasta hace unos años, pero también en el último tiempo hubo un aumento muy importante de los turistas argentinos, con lo cual se recuperó un poco de terreno. Pero también esto hay que ponerlo en perspectiva: primero, el turismo argentino es bastante cautivo. Los argentinos vienen a sus casas, sus apartamentos, la casa de amigos. También los argentinos son bastante fieles al destino turístico Uruguay. Y también hay que poner en perspectiva el número de turistas en Uruguay: no llegaba a dos millones y ahora estamos arriba de cuatro millones. Pasamos de tres a cuatro millones en tres años. Si ahora debido a las circunstancias regionales se resiente un poco el ingreso, es algo que nos preocupa, por eso el gobierno tomó medidas en el ámbito tributario, pero tampoco nos podemos parar desde el dramatismo.

Lo que está pasando en la región nos afecta, aunque lo importante no es sólo ver lo que ya está pasando, sino que nos está costando también ver las puertas de salida de esta situación. En Argentina hay desbalances macroeconómicos sustanciales en cuanto a un altísimo déficit fiscal -casi 8% del producto-, una inflación galopante que va camino a 40%, un déficit de la balanza de pagos significativo, no hay crecimiento, incluso se habla de una caída del producto; no tienen fortaleza financiera en el sentido que no tienen reservas, que es lo que los llevó a pedirle apoyo financiero al Fondo Monetario Internacional. Es una combinación de desbalances muy fuerte. Evidentemente la economía argentina requiere ser ajustada y eso tiene costos en todos los terrenos y el punto de partida, sobre todo en el área social, es muy malo, tienen niveles de pobreza del orden de 30% y hasta el propio Macri ha reconocido que esa situación va a empeorar. Tiene el apoyo del FMI, del gobierno estadounidense y de algunos gobiernos europeos, pero eso sólo le permite ganar tiempo.

 

El empleo y la pérdida de puestos de trabajo, ¿cómo están impactando en la economía?

Es uno de los desafíos más importantes. En el corto plazo hay tres desafíos muy importantes en el proceso económico. El primero es el fiscal. Sin duda tenemos que reducir el déficit, porque gracias a que en los 10 o 15 años se redujo enormemente la relación deuda/producto, por unos años se puede tener un déficit un poco más alto, como estamos teniendo en estos tiempos, pero hace que la deuda vuelva a crecer. Por un tiempo eso se puede manejar, pero en algún momento se tiene que corregir. Si uno hace crecer su deuda de manera sistemática y permanente termina sobreendeudado con todos los problemas que eso significa. Un desafío claro es que el resultado fiscal converja a un resultado fiscal más reducido, que es un poco lo que está planteado en la formulación de la Rendición de Cuentas.

Un segundo desafío es volver a dar impulso al proceso inversor. También esto hay que verlo en perspectiva. La inversión es fundamental, es el eslabón de la cadena económica que arrastra a todos los demás. Sin inversión, no hay producción, no hay generación de ingresos, no hay generación de empleo, no se pueden cobrar impuestos y el Estado no puede cumplir sus roles distributivos. La inversión en Uruguay durante medio siglo fue muy pobre. Como se mide la inversión, que es la tasa de inversión sobre el producto, estábamos en el orden del 13, 14 o 15%. A partir de las reformas que se hicieron hace unos 12 años la tasa de inversión creció muy significativamente y llegó a 23-24% del producto. Realmente una tasa inusitada en la economía uruguaya del último siglo. Ahora eso ha bajado, se ha enfriado y estamos en el orden de 16-17%. Tenemos que reactivar eso para seguir creciendo. Acá hay un problema y es que, dada la circunstancia regional, si hay inversiones que tenían como norte el mercado regional, obviamente esas inversiones van a estar esperando a que la región se recomponga. Pero aun así el gobierno ha tomado medidas para  estimular más las inversiones. Tenemos que volver a subir esa tasa, pero parados desde la calma, no desde el dramatismo porque igual seguimos por encima de los guarismos históricos que tenía Uruguay.

Y un tercer desafío es el empleo. También eso hay que verlo en perspectiva: en los años anteriores se habían creado 300.000 puestos de trabajo y en los últimos dos o tres años se han perdido entre 30.000 y 40.000. Una proporción importante de esa pérdida pertenece al sector de la construcción, un sector que estaba sobredemandado, que tenía más de 70.000 trabajadores, una cosa sin antecedentes, y hoy tiene 45.000, que si se mira en perspectiva tampoco es una cantidad muy reducida, pero hay una reducción muy importante en los últimos años. La perspectiva de la construcción creo que es buena en el sentido de que se están desarrollando, ahora con más dinamismo, obras de infraestructura. Hay una perspectiva como las inversiones de UPM y demás que van a generar empleo en el sector.

Ahí hay una parte de la explicación de la caída del empleo y la otra tiene que ver con algo que llegó a quedarse y que nos va a obligar a revisar toda la lógica de políticas públicas, que es la dinámica tecnológica. Eso está cambiando qué se produce, cómo se produce, cómo se distribuye, cómo se comercia, qué empleos se generan y qué empleos desaparecen. A la larga es un proceso positivo como el de toda revolución tecnológica porque genera más productividad y va a generar más bienestar, pero en la transición están los desafíos del desplazamiento de empleo, de la compensación de trabajadores, de capacitar a los trabajadores para los nuevos empleos, cosa que muchas veces es factible y otras más difícil. Hay un desplazamiento claro en varios sectores que son altamente empleadores de mano de obra. Esa es la otra parte de la explicación de la caída del empleo, que es un desafío fundamental que hay que atacar en este tiempo.

Estos desafíos económicos de corto plazo se acompañan con otros desafíos más estructurales, como el tema educativo. La propia dinámica tecnológica y la forma en que se están produciendo las cosas en el mundo, y en Uruguay también, implica que el sistema educativo tiene que dar una respuesta diferente para formar ciudadanos y trabajadores hábiles, con capacidad de adaptación.

 

¿El desempleo puede generar complicaciones mayores en el marco de un año electoral, como será 2019?

Es una preocupación clara del gobierno. Desde el Poder Ejecutivo y distintos organismos se está dejando bien en claro que esa es una preocupación central. Es un desafío. Esta parte tecnológica del empleo no es algo que sólo suceda en Uruguay, es algo que está sucediendo a nivel global porque la dinámica tecnológica está siendo virulenta, está teniendo una velocidad impresionante y está sucediendo en todo el mundo a la vez, por lo tanto, ese es un desafío que debemos tener muy claro.

 

¿La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha comenzado a afectar a la economía uruguaya?

El marco global es de mucha incertidumbre y mucha volatilidad. Ya lo era antes de Trump a nivel de comercio, de flujo de inversión, de mercado financiero, pero está potenciado a partir de que el estilo de liderazgo de Trump en Estados Unidos no hace más que generar más incertidumbre y volatilidad con cada tuit semana a semana. Un día saca al país de las negociaciones comerciales internacionales, amenaza y despliega políticas proteccionistas dirigidas a países específicos, y ni que hablar en el caso de China, que desata el inicio de una guerra comercial, opina sobre cosas que pasan en la economía turca con intencionalidades políticas. Cada cosa de esas no hace más que agregar ruido a los mercados, al comercio, a los flujos financieros. Y por lo tanto genera más incertidumbre, más volatilidad, más desconcierto. A países chicos como Uruguay un escenario de mayor proteccionismo en el mundo es negativo. Paradójicamente, Estados Unidos se está transformando en el estandarte del proteccionismo y China en el paladín del libre comercio y el multilateralismo, una cosa impensable hace unos años. Es difícil definir si algún sector o rubro está siendo afectado por eso. Si China entra en guerra comercial y arancelaria con Estados Unidos, si Estados Unidos exporta soja y nosotros también, tal vez ahí tengamos más capacidad de exportar soja a China. Lo que está claro es que Uruguay es un mercado muy pequeño y sus niveles de producción no son relevantes en el mercado mundial y en la demanda china, por lo tanto, lo que se ve en cuanto al acceso de nuestros productos a ese país es que no se ven mayores restricciones. La restricción no viene por el lado de la demanda, sino por el lado de la oferta: no le exportamos más carne, más soja, más celulosa a China porque no produzcamos más. El problema es el tema arancelario, porque nuestros competidores entran sin aranceles. No tenemos problemas de acceso, vendemos lo que tenemos y a buenos precios, pero también pagamos cientos de millones de dólares de aranceles. Es algo que hay que corregir en el futuro cercano.

 

¿Sigue pensando en su candidatura en la interna del Frente Amplio?

Como presidente de un ente autónomo, esa es una pregunta que no puedo responder. En su momento había planteado que no descartaba la posibilidad de evaluar el proceso. Los tiempos para tomar decisiones se acortan por disposiciones constitucionales, pero todavía falta dirimir algunas variables que van a condicionar esa decisión.

 

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO