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Economía

HAY QUE REDISTRIBUIR

Desigualdad global de cara al año 2022

El Laboratorio Mundial de Desigualdad publicó un informe sobre desigualdades globales de cara a 2022. Las brechas disminuyen entre países, pero crecen dentro de ellos. Además, hay desigualdades en materia ambiental. Los más ricos cada vez tienen más y, a su vez, generan los mayores niveles de CO2.

Las desigualdades contemporáneas de ingresos y riqueza son muy grandes. Los gobiernos publican con asiduidad las cifras sobre su crecimiento económico, pero no detallan cómo se distribuye: quién gana y quién pierde.

El Laboratorio Mundial de Desigualdad elaboró un informe sobre  la desigualdad global de cara al año 2022. Este documento es el resultado de cuatro años de trabajo de más de cien investigadoras/es de todos los continentes.

El informe asume que es imposible generar un acuerdo global sobre la desigualdad ya que no existe una verdad absoluta y científica sobre cuál es el nivel ideal o qué políticas son necesarias para lograrlo.

Parte del objetivo del informe «es presionar gobiernos y organizaciones internacionales para publicar más datos brutos sobre ingresos y riqueza».

 

Ingresos y riqueza

El promedio mundial de ingresos de una persona adulta, según el informe, es de 23.380 dólares PPA (paridad de poder adquisitivo) por año. Eso equivale, aproximadamente, a 1.074.600 pesos uruguayos; 89.550 pesos al mes.

A esta altura quien esté leyendo se habrá dado cuenta de que ese promedio no refleja las diferentes realidades. La disparidad, oculta en la generalización, se da entre países y dentro de ellos.

El 10% más rico de la población mundial recibe actualmente el 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre de la población gana el 8,5%. Si ahondamos un poco más en los promedios vemos que en la mitad más rica el ingreso anual es de 122.100 dólares y en la más pobre es de 3.920 dólares.

Las desigualdades de riqueza son aun más profundas que las de ingresos. La mitad más pobre de la población mundial posee el 2% del total de la riqueza. En contraste, el 10% más rico de la población mundial posee el 76% de toda la riqueza.

 

Desigualdades macropolíticas

Una mirada a la desigualdad por región muestra que Europa presenta los menores niveles y MENA (Oriente Medio y África del Norte) los mayores. En Europa, el 10% de los ingresos más altos concentra el 36% de la riqueza, mientras que en MENA alcanza el 58%. Entre estos dos extremos aparecen diversos patrones. En el este de Asia, el 10% más rico registra el 43% del ingreso total y en América Latina, el 55%.

Los datos nacionales sobre niveles de ingresos medios «son malos indicadores de la desigualdad», sentencia el informe. Entre los países de ingresos altos hay algunos muy desiguales, como EE.UU y otros con relativos niveles de igualdad, como Suecia.

Entre los países de ingresos medios y bajos la escena se repite. Brasil y la India, por ejemplo, registran niveles extremos de desigualdad; por el contrario, Uruguay y Malasia tienen niveles de desigualdad moderados o relativamente bajos.

El economista Joaquín Toledo explicó a Caras y Caretas que Uruguay está entre los países con menor diferencia entre quienes tienen más y quienes tienen menos debido a políticas de reducción de la desigualdad que se realizaron durante años «de manera deliberada». Esto puede cambiar si no se siguen tomando decisiones políticas en este sentido, puntualizó el especialista.

Desde la década de 1980 la desigualdad de ingresos y riquezas viene en aumento en casi todos los países debido a decisiones de desregulación y liberalización. El aumento, sin embargo, no ha sido uniforme. En algunos países la desigualdad ha incrementado de manera espectacular (EEUU, Rusia e India) mientras que en otros (países europeos y China) ha sido relativamente menor.

Estas diferencias, afirman las personas expertas, «confirman que la desigualdad no es inevitable, es una decisión política […] Las desigualdades globales contemporáneas se acercan a los niveles de principios del siglo XX, en la cúspide del imperialismo occidental».

Las desigualdades globales disminuyeron entre países pero crecieron al interior de ellos. La brecha entre los ingresos promedio del 10% superior y el 50% inferior de las personas dentro de los países casi se ha duplicado, de 8,5 veces a 15 veces.

 

Naciones más ricas, gobiernos más pobres

El informe resalta que para entender las desigualdades mundiales debemos mirar la brecha entre la riqueza neta de los gobiernos y la riqueza neta del sector privado. Durante los últimos 40 años los países se han vuelto significativamente más ricos, mientras que sus gobiernos se han vuelto significativamente más pobres.

Esto muestra, afirma Toledo, «que la riqueza se ha privatizado en desmedro de los Estados». La brecha de riqueza entre privados y gobiernos «se amplía constantemente y esto repercute en las capacidades para invertir en intereses públicos», asegura.

La pobreza de los Estados tiene implicancias en su capacidad de afrontar las desigualdades presentes y los desafíos del futuro, como el cambio climático o las consecuencias socioeconómicas de la pandemia a largo plazo.

En los países más ricos la riqueza está casi totalmente concentrada en actores privados. Esta tendencia incrementó durante la crisis por el coronavirus. Los gobiernos tomaron prestado, en promedio, el equivalente al 10-20% del PIB esencialmente del sector privado.

 

Zoom a la riqueza

El aumento de la riqueza privada también fue desigual. Los multimillonarios mundiales capturaron una parte desproporcionada del crecimiento de la riqueza mundial durante las últimas décadas: el 1% superior se llevó el 38% de toda la riqueza adicional acumulada desde mediados de la década de 1990, mientras que el 50% inferior capturó el 2%.

Desde 1995 la participación de la riqueza mundial propiedad del 0,01% más rico creció del 7% al 11%. La participación de la riqueza en manos de multimillonarios también se disparó durante este período (del 1% al 3%) y este aumento se exacerbó durante la pandemia de covid. De hecho, 2020 marcó el aumento más pronunciado registrado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo.

 

Desigualdades de género

Una innovación de este informe es que incluye análisis de la desigualdad con variables como el género. La participación de las mujeres en los ingresos laborales totales se acercó al 30% en 1990 y se sitúa en menos del 35% en la actualidad.

En un mundo con igualdad de género, las mujeres ganarían el 50% de todos los ingresos laborales. En 30 años, el progreso ha sido muy lento a nivel mundial y la dinámica ha sido diferente entre los países; algunos países registraron avances, mientras que otros experimentaron reducciones en la participación de las mujeres en los ingresos.

En los países de Latinoamérica la imagen es bastante homogénea. En promedio la participación del trabajo de las mujeres en la renta es del 35%. Los valores oscilan desde un 26% en Guatemala hasta un 42% en Barbados.

Estos datos, analiza Toledo, también ponen sobre la mesa la brecha mundial entre trabajo remunerado y trabajo no remunerado. El segundo continúa recayendo principalmente sobre las mujeres y en muchos casos las expulsa del mercado laboral formal; la ONU informó que la pandemia por coronavirus profundizó la brecha de género en el ámbito laboral y generó un retroceso de dieciocho años en materia de igualdad.

 

Emisiones de carbono

Una parte importante de este informe es el análisis sobre las desigualdades de emisión de carbono. Toledo asegura que para un informe de riquezas e ingresos de carácter económico «vale destacar que se ponga esta preocupación como central».

Las desigualdades mundiales de ingresos y riqueza, asegura el informe, están estrechamente relacionadas con las desigualdades ecológicas y las desigualdades en las contribuciones al cambio climático.

En promedio, los seres humanos emitimos 6.600 kilos de dióxido de carbono equivalente (CO2) per cápita por año. Sin embargo, hay amplias desigualdades en esta emisión. El 10% superior de los emisores es responsable de cerca del 50% de todas las emisiones, mientras que el 50% inferior produce el 12% del total.

Estas desigualdades no se dan solamente entre países ricos y países pobres. Hay altos emisores en países de ingresos bajos y medianos y bajos emisores en países ricos. En Europa, el 50% más pobre de la población emite alrededor de 5.000 kilos al año por persona; el 50% inferior en el este de Asia emite alrededor de 3.000 y el 50% inferior en América del Norte alrededor de 10.000 kilos. Esto contrasta marcadamente con las emisiones del 10% superior en estas regiones (29.000 kilos en Europa, 39.000 en Asia Oriental; 63.000 en América del Norte).

La mitad más pobre de la población en los países ricos ya se encuentra en, o está cerca de, las metas climáticas para 2030 establecidas por los países ricos. No es el caso de la mitad superior de la población. Las grandes desigualdades en las emisiones sugieren que las políticas climáticas deberían apuntar más a los contaminadores ricos.

Hasta ahora, las políticas climáticas, como los impuestos al carbono, a menudo han impactado de manera desproporcionada a los grupos de ingresos bajos y medianos, sin modificar los hábitos de consumo de los grupos más ricos.

 

Redistribuir la riqueza

El informe mundial sobre desigualdades 2022 revisa varias opciones de políticas para redistribuir la riqueza e invertir en el futuro para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

No es posible avanzar en bienestar social sin mayor redistribución pública, sentencia el informe.

El surgimiento de los estados de bienestar modernos en el siglo XX, que estuvo asociado con un tremendo progreso en salud, educación y oportunidades para todas las personas, estuvo vinculado al aumento de tasas impositivas progresivas y pronunciadas.

Dado el gran volumen de concentración de la riqueza, los impuestos progresivos modestos pueden generar ingresos importantes para los gobiernos. El 1,6% de los ingresos globales podría generarse y reinvertirse en educación, salud y transición ecológica.

La evolución reciente de la fiscalidad internacional muestra que es posible avanzar hacia políticas económicas más justas tanto a nivel mundial como dentro de los países. Es decir, como ya se mencionó, la desigualdad es siempre una opción política.

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