El resultado de la interna
Las consecuencias del resultado de la interna se pueden observar desde la primera encuesta de intención de voto posterior a su realización. El Frente Amplio se consolida en su primer lugar y duplica en los sondeos al Partido Nacional, que cae de 28 a 24 puntos de intención en el estudio hecho por público por la Usina de Percepción Ciudadana.
Esa caída, que comprende casi un 20 % de sus potenciales electores, no refleja todavía los acontecimientos de los últimos días, aunque es difícil imaginar que pueda perforar ese piso así los formalicen a todos, porque una proeza de supresión como la que vivió el Partido Colorado en 2004 exige algo más que una fórmula inexpresiva, pruebas de actos delictivos y una política de gobierno concentradora de la riqueza y sembradora de desigualdad; exige una crisis económica de proporciones históricas como la que afectó al país durante el gobierno de Jorga Batlle.
El PN no sale del atolladero
Por el momento, para crecer y acercarse a la posibilidad de ganar cómodo, el Frente Amplio no tiene que hacer nada. Por sí sólo, el Partido Nacional no tiene forma de salir del atolladero de sus propias miserias en tiempo razonable y el Partido Colorado ofrece una candidatura apenas estética, concentrada en forzar a la izquierda a pronunciarse sobre Hamás y Hezbolá que, como puede deducirse sin gran esfuerzo intelectual, son temas que a la ciudadanía uruguaya le interesan más bien poco, y que los que realmente sienten interés, sin importar sus posiciones concretas, no ignoran que la insistencia de Andes Ojeda sólo persigue un cálculo electoral (¿o económico?) mezquino y no la construcción de una política antiterrorista o la solución de los conflictos en el medio oriente.
Por su parte, el otro gran socio de la coalición es una formación casi extinta, que marcó en la interna menos de 20 mil votos, sumida en una crisis de corrientes internas y sin otro programa que un conservadurismo decimonónico plagado de nostalgias fascistizantes.
Con este panorama desolador, la coalición se apresta para una derrota catastrófica, sin mayoría parlamentaria y, posiblemente, en primera vuelta, después de haber gobernado el país un sólo período para el que llevaban preparándose más de 15 años.
Con todo, en algún momento la izquierda va a tener que incrementar la intensidad de la campaña y encargarse de difundir su programa, el único programa concreto que existe en nuestro país, y recorrer el territorio una vez más, con las orejas bien dispuestas para escuchar a la gente y el ánimo propicio para dar respuestas a las inquietudes del ciudadano común y de las fuerzas organizadas en cada rincón de Uruguay. Lo debe hacer con el foco puesto en la gente y no en responder las mil y una provocaciones que recibirá por todos los medios, aunque, por supuesto, tampoco tiene que esquivar el debate. Porque el debate, cuando no es sobre imbecilidades, enriquece a la sociedad y amplía el horizonte de lo posible.