No es el último ni el único
No es el de los Caram ni el primero ni el único caso de corrupción que ha trascendido en este período en los gobiernos municipales del Partido Nacional. Hay otras múltiples denuncias que penden sobre intendentes y jerarcas blancos por actos de corrupción (ahora mismo hay una denuncia contra el intendente de Tacuarembó por conjunción de su interés privado con el interés público), pero incluso hay que ir más allá de corruptelas personas, porque hay serios indicios de un modus operandi oscuro con el que se gestionan sus departamentos, en los que la inmensa mayoría de los funcionarios son nombrados a dedo y las licitaciones, cuando existen, son turbias y presentan ganadores frecuentes, como la Fundación A Ganar, también vinculada al partido nacional.
Hemos escrito en muchas oportunidades que muchos jerarcas del Partido Nacional han utilizado este período de gobierno que les confió la ciudadanía para hacer negocios. Negocios que incluyeron acomodos, como en el caso de la gestión de Albisu en Salto Grande, negocios que incluyen estas prácticas de los Caram y negocios que todavía no hemos sido capaces de conocer del todo, como los que se investigan en la Justicia en relación con la figura de Astesiano y que posiblemente alcancen de lleno al presidente de la República. Por el momento, presos hay muy pocos, salvo Alejandro Astesiano, que va camino a ser el monigote que paga las culpas de todos. Lamentablemente, una vez y otra vez se demuestra que en Uruguay, salvo contadísicmas excepciones, para ir preso hay que ser pobre y no tener contactos de ningún tipo, porque los que son personajes del poder, por delitos de corrupción contra el Estado, presos no van ni siquiera si se demuestran los hechos y se alcanza condena.
Blindaje
Lo peor de todo es que con un buen blindaje local y una gestión discrecional de los dineros públicos, el jerarca corrupto puede llegar a sostener una carrera política y prosperar aún después de la condena, en la medida en que el Partido le asegure los votos en lugares donde el dominio electoral es amplio, aunque se haya construido sobre la base de clientelismo y control total de la discusión pública.
Para que Uruguay avance y avance parejo, en el ámbito nacional y en los ámbitos locales, hay que desterrar del poder todas las prácticas como las de Caram y su sobrina Valentina, y eso sólo puede hacerse en las urnas. No va a ser la Justicia la que disponga el fin de estas barbaridades ni la que ponga límite a la codicia de los corrompidos. Sería bueno, con todo, ahora que se aproxima la campaña final hacia octubre, que los dirigentes del Gobierno abandonen la jactancia de una honestidad que, a la luz de los acontecimientos, no abunda tanto en sus filas como blandir espadas cargadas de moralismo.