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Editorial Caiga quien caiga | Fossati | Astesiano

Caso Astesiano

Caiga quien caiga

Esta causa se puede llevar puesto a cualquier gobierno, pero, pese a eso, hay que alcanzar la verdad

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La fiscal Gabriela Fossati quiso dejar el caso Astesiano porque no quería inmolarse en una causa escandalosa, donde aparecen mencionadas autoridades de diversas dependencias del Estado, incluyendo jerarcas de los ministerios que deben asistirla en la investigación y pesos pesados de la propia de presidencia de la República. Con 31 años de ejercicio de magistrada, una causa de esta naturaleza era mucho más de lo que quería, antes de dejar la Fiscalía de Flagrancia para recalar en una fiscalía especializada de delitos económicos y complejos adonde esperaba ser trasladada en noviembre.

Por esos motivos y porque, aparentemente, no se sentía respaldada por el fiscal de Corte subrogante, Juan Gómez, es que hizo trascender su deseo de apartarse de la causa, como si apartarse de una causa de este tamaño que se ha atendido durante meses fuese una opción legal y legítima. Finalmente, no lo solicitó y el fiscal de Corte, en conferencia de prensa, dejó claro que Fossati seguirá al frente de esta investigación y cuenta, ha contado y seguirá contando con el apoyo y los recursos del ministerio público.

En el medio de la polémica sobre el posible apartamiento, el presidente de la República hizo público su deseo de que la fiscal se quedara, cual si fuera un ciudadano más y no el titular del Poder Ejecutivo, hablando de la continuidad o no de la responsable de la investigación de uno de los casos más pesados que se han tramitado en décadas en este país donde se investiga a su jefe de seguridad -cuando menos-; han sido citados a declarar como testigos -por ahora- el secretario y el prosecretario de la Presidencia y, probablemente, lo tengan que llamar a declarar a él.

A juzgar por los chats que se han filtrado de entre las 1.300 comunicaciones que habrían sido recuperadas de Astesiano, salvo que todo sea alarde, simulacros y delirios del señor Fibra, hay una cantidad de irregularidades, delitos o actos de corrupción que involucran a un número indeterminado de funcionarios, jerarcas y autoridades políticas, incluyendo al presidente, que más temprano que tarde tendrá que explicar de qué tipo era ese “pescado congelado” que recibió de los desiertos de Emiratos Árabes y cuán habitual era que Astesiano figurara como destinatario de cosas que eran para él, o que arreglara reuniones e hiciera gestiones para acercarlo a negocios donde había mucha plata, y hasta se comunicara con autoridades de otros países como un cancilller en las sombras, de un Uruguay en las sombras para un mundo en las sombras, donde se ve que se movía como pez en el agua.

Hace rato que la teoría del perejil o el fantoche que se aprovechaba de la confianza de presidente confianzudo y naíf, pero incapaz de decir una mentira, no se sostiene más. Primero porque el presidente no es incapaz de mentir, sino un hombre que ha mentido y ha mentido mucho. Segundo, porque Astesiano desplegaba un poder real, mucho más allá del alcance de ningún perejil o funcionario de menor jerarquía: ordenaba operaciones seudopoliciales, hacía gestiones internacionales, emitía pasaportes a discreción, incluso diplomáticos y, según sus comunicaciones, tenía acceso a las cámaras del Ministerio del Interior, autos oficiales y tecnologías supersofisticadas y de acceso restringido para vigilancia, espionaje, seguimientos, entre todas las que no sabemos porque de los 1.300 chats, se ha filtrado un puñado.

Astesiano no era un perejil, eso está claro, pero la pregunta central es si era el capo de esta organización para delinquir que se comandaba desde la Torre Ejecutiva o, lamentablemente para la salud institucional de este país, el capo estaba arriba de él. Y esa es la investigación más importante para la Justicia y para el Uruguay hoy: es absolutamente indispensable determinar si el presidente u otras autoridades de Presidencia o de otros organismos del Poder Ejecutivo eran piezas de este esquema de corrupción.

Por lo que ya ha trascendido de las comunicaciones de Astesiano, si algo de lo mucho que hablaba era cierto, la situación es gravísima, pero si, además, sucediese que todo o una gran parte de lo que se jactaba o decía tuviese contacto con la realidad, estamos ante el caso más grave de corrupción institucional en muchos años. Esta causa se puede llevar puesto a cualquier gobierno, pero, pese a eso, hay que alcanzar la verdad, cueste lo que cueste, duela a quien le duela y caiga quien caiga.

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